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Un joven alemán está en una oficina policial, en migraciones. Está sucio, barbudo y desaliñado. Se encuentra en un viejo aeropuerto decadente y por los antiguos carteles de Pluna se deduce que es Carrasco. Se encuentra con un guardia de seguridad hablando en un teléfono monedero y tratando de salvar su pareja. La luz es mortecina, decadente. El frío del invierno brota de la pantalla.

El alemán va al baño y le roba la billetera al tipo. Luego se toma un ómnibus y desembarca en una Montevideo lúgubre y nunca filmada de forma tan oscura. El modelo del ómnibus y un Volkswagen escarabajo son signos de la época: la ominosa década del ochenta. El muchacho camina por la ciudad invernal y vacía, y mira en busca de algo. Desde el cielo cargado de nubes se descuelga un temporal. Enseguida lo quieren robar, se defiende y se mete en un club de mala muerte, más oscuro todavía.

Son los primeros diez minutos de Los enemigos del dolor, la película dirigida por el uruguayo Arauco Hernández que se preestrena esta noche en Sala Zitarrosa, y ya se dicen cosas, pero con palabras mínimas, con pequeñas acciones y con una fotografía tan cautivante como tenerbrosa.

No en vano el director Hernández hasta ahora había trabajado como director de fotografía de varios filmes uruguayos (Gigante, Norberto apenas tarde, Hiroshima y La vida útil, entre otros), y quien se encuentra detrás de la cámara aquí es el alemán Thomas Mauch, con una genial carrera a cuestas que incluye colaboraciones fermentales, por ejemplo, con Werner Herzog.

Por lo tanto, lo visual es una de las patas fundamentales de esta película. Pero la narración también le otorga su peso (Hernández posee además una maestría en guión) a la película.

Como Travis en París Texas (de otro alemán, Wim Wenders) que arriba de la nada, este germano interpretado por Félix Marchand que llega a Montevideo es un actor de teatro que busca a una novia uruguaya que lo enamoró y huyó. Lo único que tiene es un número de teléfono.

En la búsqueda se cruzará con personajes decadentes y turbios como el paisaje de esa Montevideo que bien podría ser Berlín Oriental, el fin de la noche o el infierno tan temido.

Uno de ellos es intepretado por Pedro Dalton, cantante de Buenos Muchachos, quien le da cobijo al alemán y se transforma en un asesor delirante para que el otro cumpla con su objetivo. El otro es Lucio Hernández, el guardia de seguridad que el alemán se encontró al comienzo.

Hay mucho minmalismo, usos de silencios, y la incomunicación rodea la protagonista como una burbuja sin fisuras. A pesar de esto, el obstinado alemán no claudica en su intento de recuperar su amor. Es un romántico encaprichado en medio de un mundo ajeno.

La película se preestrena hoy a la hora 20.30 en la Sala Zitarrosa, con los Buenos Muchachos tocando en vivo. La entrada cuesta $ 250. El filme se estrena en cines el próximo jueves 12 de marzo.

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