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Cada vez que entre trabajadores y empresarios se desata un conflicto, la primera medida con la que se lo asocia es el paro de actividades. Así pasa en la inmensa mayoría de los casos cuando las relaciones laborales pasan a ser centro de debate, pero también hay excepciones. Uno de los ejemplos más claros es lo que sucede en la industria láctea desde hace 22 días.

Después de tres meses de negociaciones para la renovación del convenio colectivo y al no haber acuerdo sobre cuál será el porcentaje de recuperación salarial y la forma en que se implementará, la Federación de Trabajadores de la Industria Láctea (FTIL) resolvió declararse en conflicto para expresar sus diferencias con las gremiales empresariales.

La decisión en pocas horas puso en jaque a toda la industria. Con el correr de los días, los tanques de almacenamiento en las plantas llegaron al límite de su capacidad –al punto de que la empresa Conaprole tuvo que tirar 37 toneladas de crema de leche– por no poder procesarla. En los comercios se retrasó la distribución y en los tambos se empezaron a percibir problemas en la logística de recolección.

Las gremiales empresariales y de productores rechazan la posición de los sindicatos y se pone en el centro de las críticas las medidas de lucha que se están adoptando, como un elemento que afecta a toda la cadena productiva. Sin embargo, desde el primer día del conflicto y hasta ahora el paro como medida de protesta no formó parte de la estrategia sindical. La única medida aplicada hasta el momento es el trabajo a reglamento que consiste en que los funcionarios de todas las plantas cumplen con ocho horas de trabajo y no realizan horas extras.

De esa forma, los trabajadores no tienen que afrontar descuentos y en segundo lugar no desgastan una herramienta que puede ser útil para más adelante cuando haya que “quemar las naves”, como se suele decir en la jerga sindical. Por eso es que desde los sindicatos se repite que el conflicto “todavía no empezó” y se hace hincapié en que se está dispuesto a seguir por largo tiempo.

Incluso, esa es una de las cartas que una delegación del PIT-CNT puso encima de la mesa el martes cuando se reunió con el director nacional de Trabajo, Luis Romero, para respaldar a los trabajadores y a la vez “volcar” responsabilidades sobre las industrias. “Las empresas responsabilizan a los trabajadores de haber tenido que tirar producción, pero hasta ahora no hubo una sola hora de paro, lo que demuestra que falta personal porque nadie está obligado a hacer horas extras”, argumentó el coordinador de la central, Marcelo Abdala, durante el encuentro.

El tema también ha sido motivo de reflexión en filas del Poder Ejecutivo a partir de conflictos ocurridos con anterioridad. Los sindicatos sin hacer paros son capaces de “distorsionar” una cadena de producción o un servicio. Al igual que sucede ahora en la industria láctea, el corte de horas extras fue un problema para la recolección de la basura, porque resultan fundamentales para poder cumplir con el servicio, debido a la escasez de personal.

En más de una oportunidad fue la herramienta elegida por el sindicato de Adeom para movilizar a las autoridades municipales y empezar a negociar, sustentado en que no se violaba ninguna cláusula de paz, porque los acuerdos no contemplaban la realización de horas extras.

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