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En el idioma suajili, “hakuna matata” quiere decir “no hay problemas”. Sin embargo, algo que sobran en El rey león son los conflictos. Muerte, traición, culpa y despotismo son solo algunos de los temas que atraviesan este drama shakespeariano interpretado por animales de la sabana africana.

La muerte de un progenitor no es un tema exclusivo de esta animación de Disney estrenada en 1994. Más de 50 años antes, la madre de Bambi era asesinada por cazadores y, en 2003, Buscando a Nemo empezaba con una barracuda comiéndose a la madre del pececito.

Lo que convierte a la muerte de Mufasa en la más perversa y angustiosa de las películas infantiles es que el león es asesinado por su propio hermano, Scar, y que su hijo, Simba, lo ve caer. A esto se agrega que Simba lo encuentra tendido en el suelo e intenta revivirlo cinchándole de una oreja y, entre llantos, se acuesta bajo la inerte pata de su padre. Por si esto fuera poco, Scar le hace creer al pequeño que la muerte de Mufasa fue su culpa y que debe irse del reino para nunca volver.

A continuación de esta secuencia, que transcurre entre llantos de espectadores grandes y chicos, aparecen la suricata Timón y el jabalí Pumba con su “hakuna matata”. El virtuosismo de la animación tradicional en el marco de un impactante paisaje africano, se fusiona con uno de los tradicionales musicales de Disney, donde la tristeza se convierte en color y diversión.

Más adelante, habrá nuevos enfrentamientos a muerte, como el de Simba adulto contra Scar, y nuevos musicales, como el de la romántica Can You Feel the Love Tonight, escrita por Elton John y protagonizada también por Simba junto con su novia Nala.

Lo maravilloso de El rey león es que el saldo de esta tensión y distensión no es cien por ciento positivo, como habría de esperarse en un dibujo infantil, y que, aun así, fue la película animada más vista de la historia de este género hasta que Toy Story le quitó el trono.

Por algo, Disney la eligió para hacer su primera adaptación al 3D de sus clásicos, tendencia que continuará tras el éxito que tuvo la película que hoy se estrena en Montevideo. Solo en las primeras cuatro semanas de proyección, El rey león 3D recaudó US$ 86 millones en Estados Unidos.

Disney ya anunció que entre 2012 y 2013 reestrenará en formato 3D La bella y la bestia, Buscando a Nemo, Monsters Inc y La sirenita.

Códigos actuales
Se podría pensar que tras 17 años de desarrollos tecnológicos y profesionalización de la industria del cine de animación, el pasaje de 2D a 3D no es suficiente para modernizar a El rey león. Pero lo cierto es que cualquier persona que le haya alquilado la película a un pequeño nativo digital, sabe que no necesita ver en volumen a los gusanos que come Timón o la pintura con que dibuja el mono Rafiki para enamorarse de estos animales.

De hecho, aunque mucho se ha elogiado el 3D de la película, la estética de la versión original sigue teniendo vigencia. No en vano trabajaron en ella unas 600 personas entre ilustradores, animadores y técnicos.

Lo mismo sucede con su compleja historia. El proceso interno que debe hacer Simba, quien carga con el sentimiento de culpa por la muerte de su padre hasta el final de la película, perturba más al adulto que al niño. Mientras que el grande proyecta conceptos como la crudeza de la vida y el necesario proceso de madurez, el pequeño tiene su final feliz y al resto le dice hakuna matata.

Tres escenas inolvidables

Por simbólica. La potente canción Circle of Life y las maravillosas imágenes de la sabana africana culminan con una multitud de animales asistiendo a la presentación del príncipe, el pequeño león Simba, hijo de Mufasa y Sarabi, a manos del babuino Rafiki.

Por triste. “Papá, papá”, grita el pequeño Simba entre el polvo que dejó la estampida. En el blanco silencio, encuentra a su padre tirado en el piso, ya muerto. Simba crecerá creyendo que el deceso fue culpa suya, una mentira impulsada por su malvado tío Scar.

Por divertida. La canción Hakuna matata es la marca de Timón y Pumba, los personajes más simpáticos y divertidos de la película. Por algo, al igual que los pingüinos y el lemur Rey Julien de Madagascar, estos dos amigos tuvieron luego sus propias series televisivas.

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