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“Su boca escupe sangre como un grifo roto. Y aunque no es la herida más grave, ha decidido rendirse. Sobre el suelo de paja y heces yace un caballo que se acaba de partir la mandíbula al ser lanzado desde una altura de dos metros. Alrededor de él, dos hombres asestándole latigazos para que se levante. (…) A unos metros de la escena unos arcos blancos rezan en letras azules: “Bienvenidos al mercado de San Bernabé”. Así comienza su crónica la periodista Elena Reina, corresponsal del País de Madrid en México, en un informe sobre una de las plazas ganaderas más grandes del país, en la que se exponen semanalmente más de 3.000 animales.

La periodista cuenta que “todos llegan hacinados en camiones para ser descargados a patadas y golpes. La Asociación de Protectoras de Animales de México (APASDEM), ha difundido un vídeo que ha grabado un organismo estadounidense donde se muestran las condiciones extremas en las que llegan los animales”.

Reina define el lugar como “una chatarrería” de animales. Se venden caballos y reces enfermos, lastimados, los que nadie quiere. Si bien la mayoría de las compras son para consumirlos, no existen los controles sanitarios.
La periodista no pudo obtener información de las autoridades ni le quisieron decir quién es el propietario del terreno de 80 hectáreas donde se comete esta carnicería al aire libre.

Y cuenta una conversación entre un vendedor y un comprador:
“—Señor, ¿hasta dónde quiere que vaya el caballo?
—Hasta el camión de allá, a unos 40 metros.
Según la distancia, le aplica la cantidad de analgésico. Al poco rato, logran levantar al caballo, subirlo a un camión y atarlo de su cola a una de las barras metálicas del remolque. Sobre él viajarán unos cuantos más”.

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