No hay más que recorrer la heterogénea cantera del mundo musical emergente montevideano como para encontrar que las propuestas van cada vez más acompasadas con la tendencia musical del resto del mundo.
No hay más que recorrer la heterogénea cantera del mundo musical emergente montevideano como para encontrar que las propuestas van cada vez más acompasadas con la tendencia musical del resto del mundo.
Si se mirara a ese ambiente emergente como una tierra abonada en la que las bandas van pasando de etapas más germinales a otras más acabadas y listas para grabar y tocar al ritmo de los números de alcance más amplio, se podría decir que en esta última subcategoría varias de las figuras más visibles de ese ambiente apuntan más a formas de canción de autor más tradicional (el caso de Eté & The Problems o Franny Glass). Pero de a poco, también van apareciendo propuestas igual de acabadas, con una presencia más constante en cuanto a conciertos y visibilidad mediática y mejores valores de producción y que abrevan en otras referencias.
En ese sentido, el disco Sudamericana de Sante les Amis es un hito para la música local. Por primera vez, un sello de plaza de importancia decisiva en la producción nacional (Bizarro) edita un disco que mira de frente al rock bailable de la década de 2000 que cruza teclados con guitarras eléctricas y tiene su apoyatura en una potente sección rítmica. Pocas veces se había mirado tanto desde aquí hacia ese mundo.
Disco punk o dance punk son apenas dos de las formas de encasillar a la música de Santé les Amis. Pero ninguna etiqueta los definiría mejor que decir que es una banda de música corporal y hedonista, liviana y para el disfrute, pero a la vez sólida en el acabado musical (eso que nos hace decir que algo suena bien o mal) y cuyo hábitat natural es una pista de baile, donde se la recepciona mejor que en ningún otro lugar. Aquí, la celebración calurosa del baile es el leit motiv.
El corpus musical de Sante les Amis en este primer disco es una mezcla cargada y envolvente de elementos del pop de sintetizadores (synth pop) de los años 80 pero encajados dentro de una formación de rock. Aquí el sonido es ante todo a tracción a sangre. Todo se apoya en la mencionada vinculación bajo-batería sobre la cual surfean y arremeten las guitarras y los teclados.
Esto se palpa desde el primer segundo del disco. Y uno de los méritos de Sante les Amis –cuyos integrantes proceden en mayor medida de bandas de punk inclinadas al hardcore– es mantener la intensidad y ese sonido envolvente y sanamente bombástico. Hace casi dos años, Sante les Amis ganó un premio Iris antes de publicar su primer disco de larga duración. Lo obtuvo en la categoría “música digital”, a pesar de que lo suyo es bastante menos computarizado de lo que parece.
Por ahí entonces van apareciendo las referencias, claras ya en los primeros EP de la banda (Santé Les Amis y Morning Shine) y más visibles en esta etapa: desde el funky de The Rapture en la canción The byte of love y otras, hasta los arrebatos sintéticos y sacudidores del Fischerspooner de discos como Odyssey (2005). También el alivianamiento relajado de los !!! (“chkchkchk” diría uno si esta reseña fuera sonora), la síntesis punky-electrónica de Peaches y el encare bien pop, de alguna manera ingenuo, de los ya míticos y reivindicados Devo. Incluso algunos instantes hacen recordar a Daft Punk y otros a Kraftwerk (en el tema Robot) también parece colarse por alguna de las canciones, todas ellas con sus referencias trabajadas para funcionar más allá de la mera evocación.
Tras esas referencias se esconde un grupo uruguayo fácilmente emparentable a aquellos del sello DFA, que tiene como origen y mascarón de proa a los neoyorquinos LCD Soundsystem, que hace no mucho se separó con un concierto a sala llena en nada menos que el Madison Square Garden.
Y en el fondo, también hay letras que muchas veces parecen frases ideales como acompañamiento de la música y de la actividad que sugiere esta, nunca al revés.
Aunque en su concepción Sudamericana pareciera un nuevo disco más orientado a los mercados internacionales que a la acotada plaza local, si hubiera algún resquicio de aquella vieja lógica en la que cierto tipo de música se colaba en boliches veraniegos, cajas de parlantes sonando en la playa con música de radio y coches de ventanas abiertas, deberíamos escuchar mucho a Sudamericana en los meses que se vienen.