Un trago personal
Max Capote vuelve con un tercer disco que se mantiene fiel a su estéstica
Max Capote está feliz. Con su tercer disco, Aperitivo de moda, ya disponible para descargarlo en su web, el músico sigue recolectando los logros que consiguió tras la edición internacional de Chicle, su trabajo anterior. Entre ambos discos pasaron cuatro años y varios sucesos. “Chicle me dio pila de cosas. Me llevó a tocar al Gran Rex de París de la mano de Clowns Sin Fronteras, me nominaron a los Grammy Latinos, conocí a mi mujer (la chef Ximena Torres). Pasaron cosas grandiosas. Mi vida cambió pila también”, afirmó a El Observador.
La continuación de su mayor logro es un disco que tiene la marca registrada de Capote –ese aire vintage, la irreverencia, la elección casi terca de producir con sonido estereofónico– y a la vez muestra un abanico más amplio de posibilidades.
Con 10 tracks, Capote reunió otro puñado de canciones de las cuales seis son de su autoría. Esas son las que, de forma solapada, y escondidas tras el seudónimo, muestran la persona detrás del artista.
Hay algunas que se remontan a su adolescencia y otras que tienen un año de vida. Sí nena, por ejemplo, fue el primer tema que hizo, a los 14 años. “Por eso la canción es así de naïve y no quise ‘madurarla’, porque sería falso. Era un pibe de 14 años que venía escuchando rock and roll, que básicamente era así”, explicó el músico. Es verdad la compuso a los 17, pero la adaptó de tal manera que ahora resulta un homenaje a “la porteñada”, con arreglo de vientos incluido.
“Siempre en mis discos pongo canciones de muchas épocas de mi vida. Ahora que se me están empezando a acabar voy a tener que escribir”, afirmó Capote.
Soy un monstruo es de esas canciones más recientes: una balada torturada que clausura el disco en una nota baja. “No había otro tema que ameritara cerrar el disco. Es un tema muy serio”, sostuvo. “Esa canción la grabé en el estudio tomando mezcal. Habla de bajones míos y hay momentos en que estoy casi moqueando y se escucha”.
El primer corte fue, Sin mentirte, que cuenta como invitado especial con el puertorriqueño Sie7e, con quien entabló una amistad durante la ceremonia de los Grammy Latinos. “En el medio de todo el glamour, nosotros éramos los planchas. Hablábamos en un código más normal, no del estrellato”. Sie7te fue quien luego se llevó la estatuilla como Artista nuevo.
Todos estos temas, incluyendo los tres covers –Desafinado, de Joao Gilberto, It was me de Los Mockers y Ana de Los Saicos– se encuentran dentro de lo esperable de Max Capote. Nada indica que en el medio del disco aparecería una canción como Voy a pescar: un tema que sobre una base electrónica hace viajar expreso desde los años de 1950 al día de hoy. “Es un tema original de Carlos Saavedra, productor de música tropical uruguayo, que la escribió y produjo. Es como una canción paracaidista en el disco. Se nota que hay otra huella digital, pero me encanta”, afirmó Capote.
“El disco sigue estando lejos del mainstream y Voy a pescar podría ser una especie de sátira del FM”, sostuvo. A Capote, autoproclamado como “la contracultura del mainstream”, en parte no le interesan esas esferas. “Estética y estilísticamente no. Pero si vienen los millones de dólares sí”, dijo en una carcajada. “En el tiempo y en el espacio el sonido que me gusta no coincide con el estándar del mainstream. Podría haberlo sido en los años de 1950”, concluyó.
Según afirma, en otros países, como por ejemplo México y Alemania, logran decodificar mejor su estilo. “Re entienden todo lo que estoy diciendo a nivel musical y estilístico y en el único país que no me pasa es acá. Salvo a nivel prensa o de entendidos, con ellos me va bárbaro”, exclamó.
De hecho, su proyecto musical está enfocándose cada vez más hacia el exterior. El año pasado tocó tres veces en Uruguay frente a unos 30 shows afuera. Para un artista como Capote –independiente y por fuera de las modas– la nominación a los Grammy Latinos le sirvió de trampolín para poder llegar a lugares como Estados Unidos y México –donde su disco Chicle fue editado por el sello Intolerancia. “Primero ganás en que toda la prensa del mundo sabe que existís. Y después ganás respeto, que es una idiotez, pero es así. Te valida la comunidad de músicos latina. Es como tener la ISO 9001 en la frente”, afirmó.
El desafío ahora para el músico es ponerse a escribir. “Ahora tengo un nuevo estudio y me he vuelto a enamorar. Me dan más ganas de grabar canciones. Escribo cuando tengo la necesidad de decir algo. Y para eso tengo que estar excitado o decaído. En estado de equilibrio es mas difícil componer. Ahora estoy en equilibrio, pero quiero grabar”.