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En un informe publicado esta semana, Greenpeace revela cómo la industria del gas aprovechó la guerra desatada en Ucrania a partir de la invasión rusa en febrero para embarcar a Europa y Estados Unidos en la construcción de nuevas infraestructuras de gas natural licuado (GNL) que amenazan el bienestar tanto de las comunidades como de todo el planeta.

Según el informe, los proyectos aprobados solo en los Estados Unidos para 2030, podrían impulsar sus exportaciones más allá de lo que la Agencia Internacional de Energía ha presupuestado para todo el comercio mundial de GNL si la comunidad internacional quiere alcanzar la meta de cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050 y detener el calentamiento global a 1,5 °C por encima niveles preindustriales.

Anusha Narayanan, directora de la campaña climática de Greenpeace USA, dijo que “nuestra investigación expone la verdad detrás del impulso corporativo y político para más importaciones de gas fósil desde Estados Unidos a los países europeos: la conclusión es que el gas fósil solo beneficia a la industria, es sucio, tóxico, no se necesita ni se desea”.

La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 empujó a la Unión Europea (UE) a una crisis energética mientras luchaba por prepararse para el invierno siguiente sin depender del gas ruso, que había suministrado casi el 40 % del gas del bloque en 2021 y 2022, convirtiendo así de buenas a primeras a la UE en el principal importador mundial de gas estadounidense.

Sin embargo, según Greenpeace, la solución impulsada por la industria del gas no constituyó una medida provisional para mantener los hogares calientes a corto plazo mientras se creaba capacidad de energía renovable para asegurarse contra crisis similares en el futuro, como se detalla en el informe titulado “Quién se beneficia de la guerra: cómo las empresas de gas se benefician de la guerra en Ucrania”.

Por el contrario, el plan RePowerEU del bloque europeo invirtió US$ 20,9 mil millones en infraestructura de gas. El bloque ya comenzó a construir ocho terminales de gas licuado y ha propuesto 38 más. En Estados Unidos, la nueva infraestructura de gas aprobada hasta ahora duplicaría la capacidad de exportación a 439 mil millones de metros cúbicos por año. Muchos de los contratos de gas tienen una duración de 10 a 15 años, y la mayoría de los proyectos ni siquiera comenzarán a funcionar hasta 2026, demasiado tarde para satisfacer la necesidad inicial, pero con demasiado tiempo para emitir gases de efecto invernadero al aire durante una década crítica para el clima.

Según la estimación de Greenpeace, la nueva infraestructura europea emitiría 950 millones de toneladas de CO2-eq por año, mientras que las terminales de exportación de Estados Unidos, incluidas las que están en funcionamiento, en construcción y aprobadas para la construcción, emitirían 1.824 millones de toneladas de CO2-eq por año. En conjunto, eso es el equivalente anual de agregar 604 millones de autos nuevos a las carreteras.

En un informe de Ben Franta, investigador del programa de Oxford de Derecho Sostenible, se afirma que "la industria del gas está utilizando las noticias de hoy, la guerra y la crisis energética, para tratar de retener más gas durante décadas, aunque la industria sabe que será desastroso para el clima y la estabilidad internacional".  

Ese informe detalla cómo la industria del gas cambió su mensaje después de la invasión de Rusia de enfatizar la "transición energética" a la "seguridad energética". En los 10 meses anteriores al 24 de febrero de 2022, cuatro grandes grupos industriales solo tuitearon sobre seguridad energética el tres por ciento del tiempo. Posteriormente, la cantidad de tweets sobre el tema se disparó más de diez veces. En el período previo a RePowerEU, uno de estos grupos, Gas Infrastructure Europe (GIE), presionó a los legisladores para obtener más proyectos de GNL y argumentó que el enfoque debería estar menos en los objetivos climáticos para 2050 y más en la crisis inmediata.

"Los precios extremos de la energía del año pasado y las amenazas actuales a la seguridad del suministro requieren un enfoque a corto plazo", dijo el grupo GIE.

Sin embargo, los críticos advierten que un enfoque a tan corto plazo tendría consecuencias desastrosas para todos, excepto para las empresas de combustibles fósiles, que ya han obtenido ganancias récord con la crisis energética.

El secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido tanto a los países desarrollados aumentar sus plazos de neutralidad de carbono hasta 2040 y, para limitar el calentamiento a 1,5 ° C, la UE debe dejar de quemar gas para 2035.

Según afirma Greenpeace, la nueva infraestructura no es necesaria para satisfacer las necesidades actuales, ya que Estados Unidos tiene suficiente para aumentar las exportaciones a corto plazo a Europa donde, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), la demanda de gas natural en el bloque en 2022 en realidad cayó más que nunca en 55 mil millones de metros cúbicos.

Sin embargo, más allá de interferir con su cronograma de descarbonización, el giro de la UE del gas ruso a través de gasoductos al GNL importado también amenaza sus objetivos climáticos porque el GNL es más intensivo en carbono y a menudo proviene del gas shale estadounidense que Greenpeace llama una de las " más contaminantes y peligrosos formas de energía en el mundo".

La mayor parte de la nueva infraestructura de exportación de GNL en Estados Unidos siendo financiada por bancos europeos, a pesar de que muchos de estos bancos tienen prohibido financiar el fracking como sistema de extracción de hidrocarburos y muchos países de la UE también han prohibido esa práctica debido a preocupaciones ambientales y de salud.

Se ha relacionado siempre el vivir cerca de la actividad de petróleo y gas, incluido el fracking, con el cáncer, enfermedades respiratorias, bajas tasas de natalidad y otros impactos sobre la salud, y todas menos una de las terminales de GNL de Estados Unidos, ya sea en operación o en construcción, están ubicadas en áreas consideradas " desfavorecidas" por el Sierra Club, una de las más antiguas y prestigiosas organizaciones ambientalistas.

Greenpeace está llamando a los legisladores de Estados Unidos y la Unión Europea a alejarse de la expansión de la infraestructura de GNL antes de que sea demasiado tarde. Entre otras cosas, recomienda que la UE deje de usar gas fósil para 2035 y eliminar el GNL cuanto antes, cancelar todos los planes para construir nuevas terminales y expandir las actuales, detener los contratos de exportación a largo plazo y evitar que se prorroguen los existentes.

Greenpeace sostiene que en Estados Unidos la administración Biden debería dejar de aprobar nuevos proyectos, dejar de aprobar las exportaciones de GNL y hacer jugar su peso político para poner fin a la financiación internacional de GNL y otros combustibles fósiles en las próximas conferencias G7, G20 y COP28.

"Los ciudadanos votaron por una acción climática transformadora", dijo Narayanan. "Los gobiernos deben liderar la lucha climática, no dejarse manipular por los operadores de gas que sacrifican la salud y la seguridad de las comunidades simplemente para aumentar sus ganancias".

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