10 de diciembre 2023 - 12:58hs

Los sueltos fueron más que el aparato. El reflejo de las urnas se volcó a la calle. Una radiografía perfecta del resultado electoral del 19 de noviembre.

Poco antes de las 10 de la mañana ya eran cientos los que esperaban la llegada de Javier Mieli en las inmediaciones del Congreso. Unos cuantos pasacalles firmados por “La Juan Bautista” le ponía el marco a una plaza de los Dos Congreso que con el correr del tiempo se empezaría a llenar.

Sergio es brasileño y tiene colgada en su espalda una bandera de su país, pero con su mano derecha flamea una bandera argentina que compró para la ocasión y pagó $1500. “Viva la Argentina y viva la libertad, cajo”, grita mientras se saca una foto con unos jóvenes que visten remeras violetas con la inscripción “Milei 2023”.

Las máscaras de Milei se vendieron en la movilización

“Estoy de vacaciones y vine porque estoy feliz por Argentina”, dice en un portuñol que se deja entender.  

Poco antes de las 11 ya son miles las personas que se agolpan en las vallas que marcan el camino por el que transitará el presidente. Los autos oficiales estacionan sobre las calles de atrás del Congreso. Rivadavia y Riobamba se transforma poco a poco en un estacionamiento de cielo abierto. Del otro lado, frente a la escalita del Congreso las banderas flamean. Hay amarillas con dibujos de serpientes, hay argentinas y con estampas de un león.

Mateo vino desde Lanús. Se ubicó con su manta en Callo y Perón. Vende gorros. Tiene unos celestes de Argentina, unos violetas de La Libertad Avanza y unos negros que tienen un león. “La gente está contenta”, dice Mateo que asegura que no le importa la política y que “el vende lo que la gente quiere comprar”. 

Poco antes de que el presidente jure, la plaza de los Dos Congresos se ve nutrida. Las camisetas argentinas son mayoría. No hay columnas organizadas. La gente llega suelta. Son más que los que bajan desde zona norte, desde la avenida Córdoba hacia Rivadavia, que lo que lo hacen desde sur, desde San Juan hacia el Congreso.

Banderas argentinas coparon la marcha

Algunos llegaban solos con sus banderas atadas al cuello, otros en familia. Muchos jóvenes en pequeños grupos con las remeras estampadas con una la clásica estampa dorada del león. Hay una aire de esperanza. La política goza de buena salud. Los que están en la calle creen que Javier Milei será la solución para los problemas de la Argentina. Cristián, Rodrigo y Miguel llegaron desde Caballito. Son amigos de la secundario y aseguran que es la primera vez que vienen a una asunción presidencial. "Yo lo voté y lo banco. Hay que terminar con todos los que viven del Estado y no hacen nada", dice Rodrigo el más alto de los tres jóvenes y el único que rompe con la timidez y se detiene a hablar con El observador.  "Yo tengo 19 años y desde que tengo memoria siempre están los mismos y acá todo siempre está peor, por eso voté a Milei", cierra Rodrigo antes de seguir caminando por callao hacia el Congreso.

“No hay plata”, la frase que disparó Javier Milei a pocas horas de ganar, también se hizo remera. Miltón, con su familia, todos inmigrantes de Bolivia, hicieron un centenar de remeras con la frase y esperan venderlas todas. Se ubicaron sobre Avenida de Mayo, a metros de cine Gaumont.

Cuando Javier Milei se subió al auto que lo traslado al Congreso el hit libertario comenzó a retumbar por toda Avenida de Mayo. “La casta tiene miedo, la casta tiene miedo”, acompañó todo el recorrido del auto hasta que llegó al Congreso de la Nación.

La Plaza estalló con la breve jura de Milei y de la vicepresidenta Victoria Villaruel. Un rato más tarde y desde las puertas del Congreso el presidente ratificó que “el ajuste” y dijo que “por primera vez el ajuste recaerá casi en su totalidad sobre el Estado y no sobre el sector privado”. Esa sola frase desató la ovación al grito de “¡motosierra, motosierra!”.

Rodeado de los presidentes extranjeros, disparó munición gruesa contra el gobierno de Alberto Fernández, y volvió a señalar que el “único camino es el ajuste”.  

La Plaza que acompañó a Javier Milei no parece tenerle miedo al ajuste y, por lo menos, antes de que la motosierra comience a funcionar está dispuesto a soportarlo.

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