En el planeta de estos viejos conocidos que son los smartphones (hace ya una década que están entre nosotros), asombrar o tan solo despertar la atención del usuario es tarea compleja. Es más común el recuerdo de fallas o supuestas fallas –abundan los rumores nunca confirmados– que de una nueva característica sobresaliente de un nuevo teléfono inteligente. No colabora el hecho de que el ciclo de lanzamientos nunca se detenga y que las marcas se trencen en guerras de guerrillas por superar a la última gran novedad. La pregunta es: ¿qué diferencia a este del anterior?
Una nueva estrella en un mundo al que cuesta sorprender
El nuevo Samsung Galaxy S8 evoluciona tomando lo mejor de sus predecesores