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El hombre ha sentido siempre la necesidad de evadir la realidad. Y además de haberlo hecho a través del arte y del entretenimiento, ha consumido diferentes sustancias para lograrlo. Sin embargo, aunque parezca una conducta instintiva, no lo es. Los médicos Guido Berro y Dagoberto Puppo Bosch lo explicaron en la revista de Psiquiatría de Uruguay de enero-febrero en 1982. A diferencia de alimentarse, que conduce a la conservación del individuo o de tener relaciones sexuales, que llevan a la procreación, consumir drogas “no tiene funciones equiparables”. Y esto es lo que lo “aleja de una conducta instintiva”.

En 2011, mientras se planteaba el debate parlamentario con proyectos sobre cultivo para consumo propio, la red médica (una lista de correos electrónicos en la que participan los socios del Sindicato Médico del Uruguay) discutió el papel de los médicos en la materia. Más allá de algunos beneficios para el tratamiento de enfermedades, los profesionales coincidieron en las consecuencias negativas del consumo habitual de esta droga.

Riesgos ignorados
Existen dos aspectos en los efectos de la marihuana que casi no se mencionan, según el experto en medicina legal, Guido Berro. El primero se da en la conducción de vehículos. El cannabis se asemeja al alcohol, pues retarda los tiempos de respuesta. “La marihuana disminuye el campo visual y tiene otras consecuencias a nivel del sistema nervioso central, que distraen mucho a la persona, la vuelven eufórica”, indica Berro.

Para el exgrado 5 y miembro de la Academia Nacional de Medicina, también se habla poco del cáncer de pulmón y de las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas que esta droga puede causar. Aunque muchos la consideran como una planta inocua, advierte que sus efectos son muy similares a los del tabaco.

“Hay algunos trabajos que muestran que puede ser más cancerígena porque tiene más cantidad de benzopirenos y otras sustancias, a las que se les ha dado un rol importante en la aparición de esta enfermedad”, dice. Un estudio del Medical Research Institute de Nueva Zelanda del año 2007 demostró que aumenta el riesgo de contraer cáncer.

La médica legal y forense Zully Domínguez coincide con Berro. “La marihuana posee hasta 70% más de benzopirenos y otros tóxicos carcinogenéticos que el propio cigarrillo”, señala. Por eso, cuestiona que no se haga una campaña nacional para advertirlo.

Berro aclara que no habla de restringir la libertad sino en un sentido “sanitario y médico”. Y el exceso del cigarrillo de marihuana, como el de tabaco, produce enfermedades pulmonares. Citando una publicación del Hospital Universitario Austral de Argentina, Domínguez destaca que esta droga “tiene 30% o 50% más efecto sobre el cáncer de pulmón que el tabaco”.

Pero la relación entre el consumo de la marihuana y el cáncer es difícil de medir. “Al ser una droga ilegal no hay una declaración correcta de cantidades y tiempo de consumo, que muchas veces se minimizan o se niegan”, explica el oncólogo Mauricio Cuello. Es que el cigarrillo de marihuana, a diferencia del de tabaco, varía: no es lo mismo la marihuana comprada a un traficante que la que se planta (porque tienen diferentes componentes). En general “se ve que el consumo de marihuana coexistió con el del tabaco”. Sin embargo, el experto ha visto en Europa consumidores exclusivos de marihuana con esta enfermedad.

La presunción de que es más dañina que el tabaco, según Cuello, se basa en que esta sustancia se fuma sin filtro, la temperatura de combustión de la marihuana es más alta y se aspiraría a una temperatura más elevada que el cigarro, la aspiración es más profunda y algunos contienen la respiración. Además tiene un alto número de cancerígenos.

Involucionar
La marihuana también tiene consecuencias a nivel inmunitario y hormonal. Entre ellas, se destaca la paranoia, la ansiedad, el posible desarrollo de la esquizofrenia, la depresión, la agresividad y las alteraciones de la memoria. Además, tiene un efecto anticonvulsivante y disminuye las hormonas sexuales, explican los médicos.

Cuando se trata de un consumidor crónico, la marihuana provoca un síndrome amotivacional. Así es como la persona disminuye el pragmatismo, su interés por trabajar, por relacionarse, aparecen trastornos del sueño y la lista sigue. Las drogas en general afectan a nivel de las funciones cerebrales superiores.

“De alguna forma es como involucionar, desde el punto de vista filogenético y neuropsicológico esquemático, porque afecta esas zonas tan importantes y funciones como la memoria y la percepción”, concluye.

El consumo ocasional no tiene efectos adversos, según experto
lll Existe un consumo esporádico que probablemente no tenga los efectos negativos descritos previamente ni provoque grandes alteraciones en el organismo. De hecho, un estudio llevado a cabo en la Universidad de California por el médico Mark J. Pletcher reveló en diciembre de 2011 que el consumo habitual –un cigarrillo por día durante 20 años– no está asociado a los efectos adversos en la función pulmonar.

El consumidor ocasional es el que fuma los fines de semana o cada 15 días sin mucha intensidad. En este caso no hay adicción, un factor determinante en la actitud del consumidor habitual, que está más acostumbrado a la droga y que la consume prácticamente todos los días. En un grado extremo, se describe incluso al que ha perdido la libertad frente a la sustancia: si la tiene la consume hasta terminarla y es incluso capaz de cometer acciones delictivas para conseguirla. Ese es el consumidor crónico, el que vive para la droga y de la droga. Según Berro, en el caso de la marihuana es raro llegar a esas etapas pero se han descrito consumidores que padecen ese síndrome amotivacional con repercusiones no solo a nivel del psiquismo sino de todo el cuerpo. Son personas cuya inmunidad y hormonas sexuales disminuyen, entran en un decaimiento general con adelgazamiento marcado e inapetencia. Tal como lo explica el exprofesor, estas consecuencias graves se han percibido en otros países en adictos al hachís, que es la resina de la marihuana.

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