Las guitarras se blanden, se sacuden, se golpean con un palo de batería, se balancean en el aire. Se torturan. Y hay un efecto entre las ocasionales distorsiones que mantienen a la banda inmóvil, esperando el impulso de atacar, que marea a quien quien está del otro lado del escenario, expectante. Lo relaja y lo incomoda.
Una sinfónica del ruido para una descarga de sonidos eternos
La segunda fecha del Primavera cero, el martes, tuvo a unos arrolladores Sonic Youth