¿Por qué Uruguay logró el cuarto puesto en el Mundial de Sudáfrica 2010?
¿Por qué Uruguay logró el cuarto puesto en el Mundial de Sudáfrica 2010?
Entre las causas que determinaron la cuarta posición de Uruguay en Sudáfrica 2010 están las circunstancias, los imponderables, lo fortuito. Ese tipo de factores son parte de la esencia de la competición en este maravilloso deporte que es el fútbol, y están en gran parte fuera del control de los futbolistas y de los entrenadores.
Pero junto a esas causas, a nuestro entender, existieron otras. Y éstas sí forman parte de un proceso de trabajo, de una historia, que supo de planificaciones, de adhesiones, de objetivos, de desafíos, de trabajo en equipo.
El camino que culminó en el partido por el tercer lugar contra Alemania comenzó en 2006, y tuvo como meta principal la clasificación al Mundial. Esa meta llenó de significado a aquel camino. Luego de la, como siempre, sufrida Eliminatoria, comenzó la planificación. No se especuló respecto de los posibles rivales de grupo, sí respecto de la preparación.
Siempre se tuvo claro que el plantel debía llegar en buena forma física al torneo. Las prioridades fueron el descanso, la recarga de energía, y aumentar las cargas de trabajo a último momento, cerca de la competición.
Por eso se descartó la posibilidad de jugar partidos de preparación, que iban en una dirección opuesta a aquellas prioridades. El objetivo se logró, y creemos que fue un factor determinante. “Llevar el Complejo Celeste” a Kimberley fue otra decisión importante.
La ciudad de Kimberley fue nuestro hogar y la “burbuja” que nos aisló de los aspectos distractores del clima del Mundial. Los partidos mostraron una evolución del rendimiento del equipo. Se confirmó la mejoría del sistema defensivo, en la zona de mediocampo el equipo tuvo mucha “cantidad” (esfuerzo y eficiencia para cubrir espacios) y se concretó la gran contundencia que daba la capacidad goleadora de sus delanteros. Las características del grupo de futbolistas hicieron el resto: gran cohesión y profesionalidad, y gran capacidad para superar los “reveses”, junto a una gran adhesión a los intereses colectivos por encima de los individuales.
También, por fuera, hubo otro equipo, con numerosos integrantes, que apoyó al que fue a la cancha. Por todo esto, Uruguay tuvo la característica que debe tener un equipo semifinalista: fue difícil para todos sus rivales.