Aliviar el peso de las regulaciones es un decisivo primer paso para alentar el deseable desarrollo del restringido mercado bursátil en Uruguay. En gran parte del mundo las bolsas son la fuente principal de financiamiento del sector empresarial, a través de inversionistas institucionales e individuales que se convierten en copropietarios de una empresa al comprar sus acciones. Los inversores optan por buscar ganancias voluminosas en casos de cierto riesgo o rédito más seguro en empresas de gran solidez, apostando a que se acreciente el valor de las acciones y al cobro de dividendos por las ganancias que genere la firma. Pero en nuestro país esta práctica está severamente limitada. Las empresas optan mayoritariamente por recurrir, en cambio, al crédito bancario o a la creación de fideicomisos.

Para corregir esta carencia en la estructura de financiamiento y dinamizar el mercado bursátil, la Bolsa Electrónica de Valores (Bevsa) ha propuesto al Banco Central (BCU) una razonable simplificación aperturista del sistema para facilitar el ingreso de más inversores. El gerente general de Bevsa, Eduardo Barbieri, explicó a El Observador que existe un segmento potencial de inversores que no ingresa al ámbito bursátil debido al largo tiempo y al alto costo que conlleva incorporarse a ese mercado. La propuesta de Bevsa contempla atraer empresas pequeñas y medianas con plazos y costos menores a los que rigen actualmente. Una fórmula es crear “mercados alternativos” que se autorregulen por fuera de los requisitos del BCU, como existen en las bolsas de Londres, Milán y otras ciudades. Barbieri señaló que hasta ahora las emisiones del mercado de valores se concentran en montos superiores a los US$ 30 millones y están destinadas básicamente a inversores institucionales, como las AFAP.

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El sistema planteado al BCU supone abrir el mercado bursátil al ahorrista minoritario y a fondos que disponen de patrimonios comparativamente más reducidos, para invertirlos en la compra de acciones bajo regímenes especiales menos complejos y más accesibles. En España, por ejemplo, a estos inversores, evaluados como “calificados”, se les exige justificar un patrimonio mínimo de US$ 100 mil. Bajo esta categoría, los requerimientos para intervenir en el mercado bursátil son más laxos que los que rigen actualmente. Es además una forma de persuadir a empresas a cotizar en ese mercado con oferta de acciones, superando su actual reticencia debido a las regulaciones establecidas por el BCU.

Ayudaría también a la activación bursátil la unificación del mercado uruguayo, que actualmente se divide en dos instituciones, Bevsa y la Bolsa de Valores de Montevideo (BVM). Tiempo atrás hubo conversaciones hacia ese objetivo, pero no fructificaron. Dado el limitado volumen del mercado, aunque se expanda en caso de que prospere la propuesta de Bevsa al BCU, parece más atinado, sin embargo, que la actividad bursátil esté concentrada en una sola institución. La meta final que corresponde buscar es ampliar, mediante simplificación y apertura, un mercado bursátil más accesible a inversores de todo tipo como alternativa idónea a la financiación que requieren las empresas para su funcionamiento.

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