Valor agregado en el campo
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Un reciente estudio revalorizó el concepto según el cual el sector agropecuario es un notable generador de valor agregado. Viene bien este análisis para desterrar aquellas viejas ideas que veían valor agregado solamente en la industrialización de los productos.
Yo recuerdo que el ingeniero Alejandro Vegh Villegas un día dijo que un vellón de lana es 100 por ciento valor agregado; su observación de hace unas tres décadas iba en la dirección correcta.
No hay nada de negativo en producir commodities, es más, un país como Uruguay puede hacer rica a su población dedicándose con ganas a hacer crecer al agro en vez de ningunearlo.
Contra el agro se conjugan viejas ideas de sustitución de importaciones, que siempre reaparecen con variados disfraces, más equivocados conceptos según los cuales producir commodities equivale a quedarse atrás en la carrera del desarrollo.
Este error relacionado con la producción de las materias primas nació cuando los términos de intercambio eran adversos para los productos primarios: eso justifico aquello de “las venas abiertas de América latina”; nos vendían productos caros y nos compraban nuestra producción barata para explotarnos. ¡Viva la Revolución! Todo equivocado, como ya está más que demostrado y entendido. De ahora hasta dentro de tres o cuatro décadas, los términos de intercambio se moverán en nuestro favor: cada vez serán más baratas las computadoras en kilos de carne o leche; los vamos a explotar bien explotados a esos países explotadores.
Se están abriendo las venas de Europa, Norteamérica y China por suerte para las dos próximas generaciones de uruguayos.
Pero ahora que entendemos estas realidades, que además quedan demostradas en estudios técnicos incontrovertibles, es hora de ajustar la visión estratégica del país pensando en el largo plazo. Hay que apalancar al sector primario para hacerlo volar por el bien de todos; eso hicimos exactamente con la forestación y a nadie le queda una sombra de duda acerca de la buena idea que ese impulso inicial fue.
Lo mismo hay que hacer con otros motores apagados o semi prendidos como la minería o la pesca. Y sobre todo hay que ayudar a que los clásicos generadores de valor, como la ganadería, la lechería, la granja y la agricultura, puedan multiplicar sus niveles de producción.
Para eso se precisa inversión (en infraestructura y formación de capital humano, incluyendo la investigación y la extensión); mejora de costos (la energía en este país es un robo y tiene que bajar de precio sí o sí); alivio de impuestos; actitud amistosa hacia la inversión, sea nacional o extranjera; cuidado en la relaciones laborales evitando aumentos de salarios olvidando la productividad; sostenimiento de una política comercial nacional que defienda nuestros intereses y no se enrede en ideologías (al país le sirve acceder a los grandes mercados de cualquier signo político y no amigarse con países izquierdistas económicamente intrascendentes).
Además, mejoramiento permanente de la sanidad del país, tanto vegetal como animal; crear disponibilidad de agua para riego en la mayor cantidad de regiones del país (luego obviamente de haber bajado los costos de la energía para que alguien pueda regar rentablemente cuando no sea por gravedad); equilibrar sistemas de control de la erosión que no pasen por forzar rotaciones con pasturas en campos agrícolas que ninguna zona agrícola importante del mundo utiliza (no hay rotación de pasturas en el cinturón del maíz de EEUU ni en todo el estado más agrícola de ese país, que es Iowa, ni en la zona triguera de Francia que viene plantando trigo desde los romanos hace dos milenios ni en Brasil, donde plantan arroz sobre arroz desde hace tres décadas y resolvieron el problema de malezas de arroz rojo y negro con una variedad de arroz resistente a herbicidas usada para limpiar las chacras).