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Tendrá enorme incidencia en el futuro uruguayo si Naciones Unidas confirma la decisión de una subcomisión de ampliar casi al doble nuestra plataforma marítima. El exultante anuncio del canciller Luis Almagro dejó la impresión equívoca de que la aprobación final es un hecho. La realidad es que la solicitud uruguaya solo sorteó el primer escollo al ser aprobada preliminarmente por una subcomisión de siete países. Resta ahora el tramo decisivo de que su recomendación sea confirmada por la comisión de límites marítimos de la ONU, que integran 21 países. El ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, fue más cauto que el canciller al reconocer que faltan recorrer “los últimos 200 metros”, aunque estimó que se visualiza “el disco de llegada con éxito”. El gobierno estima que una resolución final favorable se produciría dentro de seis meses. Otras fuentes vinculadas al tema estiman que el plazo puede ser más extenso.

Pero la forma en que el gobierno manejó el anuncio, con obvio empeño político en plena campaña electoral, no reduce la importancia de lo ganado por Uruguay con esta primera aprobación dentro de la ONU. Si la comisión de límites lo confirma, la actual plataforma marítima de 200 millas se ampliará a 350, siguiendo la misma línea de la actual hacia el océano Atlántico. En ese caso, Uruguay se convertiría en el primer país de la región en concretar esta conquista, que también gestionan Argentina y Brasil. Sus efectos serán, en ese caso, múltiples y beneficiosos. El país dispondrá de una zona mucho mayor de aguas territoriales propias para el desarrollo pesquero, el control de la piratería en este campo, la eventual explotación de depósitos de hidrocarburos si se encara en algún futuro lejano y otras ventajas para aprovechar las posibilidades que ofrece el mar.

También surgirán obligaciones costosas en el indispensable mejoramiento de la capacidad de la Armada, viejo problema que el país no ha encarado hasta ahora. La fuerza naval ya tiene dificultades para controlar las 200 millas actuales, debido a la vetustez de unidades que datan de la segunda guerra mundial y la escasa disponibilidad de embarcaciones modernas para esa tarea, de aviones de patrullaje y helicópteros. Incluso muchas de las unidades deben limitar sus salidas por falta de recursos para hacerse al mar. El aumento de las aguas territoriales en 150 millas exigirá por lo menos tres barcos adicionales de patrulla, que cuestan US$ 40 millones cada uno, según informaron a El Observador fuentes gubernamentales. Fernández Huidobro admitió que se necesitará “mucha plata” para poner a la Armada en condiciones de cumplir adecuadamente sus funciones ampliadas de seguridad, navegación y rescate, costo que recaerá sobre el próximo gobierno.

En cualquier caso, es destacable esta inicial victoria diplomática lograda por Uruguay. Contrasta con una política exterior errática y frecuentemente errada. Ha incluido desde el cambiante manejo de las diferencias con el régimen kirchnerista de Argentina y la tolerancia discriminatoria con regímenes violadores de derechos humanos en Cuba, Venezuela, Ecuador y Nicaragua hasta la improcedente preferencia asumida en el conflicto entre Israel y Hamas, reflejada tanto en declaraciones oficiales como en la foto de un sonriente canciller ataviado con una bufanda palestina. Pero al menos se ha actuado bien y con eficacia en el caso de la plataforma marítima l

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