Desde enero de 2025 en Gorman Lee venimos realizando un monitoreo mensual de la presencia internacional del Uruguay a través del Índice de Presencia Internacional (IPI), una herramienta propia que releva, clasifica y analiza las menciones relevantes al país en doce de los medios más influyentes de Occidente, entre ellos The New York Times, Financial Times, The Wall Street Journal, Le Monde, Corriere della Sera, El País, ABC, The Guardian y Süddeutsche Zeitung. El índice no mide simpatías editoriales ni afinidades ideológicas, sino que intenta responder preguntas bastante más concretas: cuánto aparece Uruguay en la conversación internacional, en qué contextos lo hace, con qué tono y a partir de qué temas.
Como ocurre en cualquier monitoreo de este tipo, el dato más importante está no tanto en la cantidad bruta de menciones, sino en la relevancia de esas apariciones, el contexto en el que se producen y la categoría temática en la que terminan agrupándose. Los primeros dieciséis meses de esta base de datos, que ya cuenta con casi 1.500 menciones a Uruguay, empiezan a mostrar algunos patrones bastante interesantes.
El primero tiene que ver con la cantidad. Durante casi todo 2025, Uruguay se movió dentro de una franja bastante estable de exposición internacional, con registros mensuales que oscilaron entre 31 y 86 menciones relevantes. A simple vista, nada hacía pensar en un cambio de escala.
Sin embargo, ese equilibrio se rompe al empezar 2026. En enero Uruguay alcanzó 221 menciones, el valor más alto de toda la serie. En abril registra 170, lo que representa un crecimiento de 161,5% respecto al mismo mes del año anterior, cuando había acumulado apenas 65 piezas. Pero el dato más interesante no está solamente en la cantidad. Hace un año predominaban las referencias culturales, los rankings internacionales o las menciones secundarias dentro de dinámicas regionales más amplias. Hoy Uruguay empieza a estructurar coberturas propias sobre inversión, comercio exterior, política migratoria, reformas sociales, clima y diplomacia presidencial. En otras palabras, el país aparece más, pero también sube su protagonismo.
El segundo hallazgo tiene que ver con el lugar que ocupa el Mercosur dentro de esa nueva visibilidad. Dentro de los veinte subtemas del índice, “Bloques regionales (Mercosur, Unión Europea y otros acuerdos)” es, por lejos, el más frecuente, con 402 menciones en el período. Pero lo interesante no es solo la cantidad sino el cambio de rol: en abril de 2025 Uruguay aparecía de manera marginal en las coberturas sobre el acuerdo con Europa, mientras que un año después, ya con el proceso de ratificación en marcha, medios como Le Monde, Financial Times, El País o ABC empiezan a ubicarlo como actor reconocible (uno de los primeros en ratificar el acuerdo, un interlocutor diplomático o un posible beneficiario) dentro del nuevo esquema comercial. Algo similar se ve en marzo de 2026, cuando distintas coberturas lo incorporan desde ángulos complementarios: como uno de los primeros países en ratificar el tratado, como ejemplo de previsibilidad institucional dentro del bloque o como parte del avance concreto hacia su entrada en vigor. Los datos duros parecen sugerir que Uruguay está dejando atrás la lógica de país más pequeño dentro del grupo y empieza a recorrer un camino propio de proyección internacional.
El tercer hallazgo apunta en una dirección distinta. El crecimiento de la agenda política y económica no desplazó el tradicional capital simbólico del país, sino que convivió con él. El subtema “Presencia internacional simbólica” acumula 194 menciones durante el período y se convierte en la segunda categoría más importante de toda la serie, solo detrás del Mercosur. A esto se suman 135 piezas vinculadas a cultura y producción artística, impulsadas por figuras como Jorge Drexler, Gabriela Hearst o Eduardo Galeano, además de referencias a gastronomía, diseño, ciencia o literatura. Mientras otros países de la región suelen ganar exposición internacional a partir de crisis o controversias (como es el caso de Argentina), Uruguay parece estar logrando algo menos común: crecer en la agenda global sin perder sus activos reputacionales asociados a su cultura, su estabilidad y su identidad internacional. En otras palabras: su soft power.
Visto en perspectiva, los primeros dieciséis meses del IPI Uruguay dejan una conclusión difícil de pasar por alto. En un contexto internacional cada vez más saturado de crisis y polarización, Uruguay parece haber encontrado una forma poco habitual de ganar visibilidad global: no a través de la confrontación o la crisis, sino de la previsibilidad; no únicamente a través de sus debates internos, sino también mediante su capacidad para insertarse en procesos regionales, proyectar su estabilidad institucional y sostener su capital cultural simbólico.
Si algo sugieren estos primeros dieciséis meses es que Uruguay ya empezó a ganar un espacio más visible en la conversación global. La pregunta, de cara a lo que viene, es qué imagen del país comenzará a consolidarse a medida que esa exposición siga creciendo.