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Hay que echar a los pasantes de comunicación. Esa sería la conclusión lógica después de escuchar a los voceros del oficialismo explicar su baja aprobación que marcan las encuestas. Volvemos a escuchar el mismo libreto de siempre: el gobierno está haciendo las cosas bien, pero las comunica mal. La culpa, entonces, no es de los políticos de turno, ni de sus errores o falta de ideas, sino de los equipos de comunicación que no están pudiendo transmitir las victorias del oficialismo. Este argumento no es nuevo. Lo utilizó el Frente Amplio cuando perdió en 2019, y lo vuelve a poner arriba de la mesa ahora que las encuestas marcan "luces anaranjadas". Algo similar hizo el oficialismo en el período pasado, cuando se decía que la seguridad o el empleo habían mejorado pero la ciudadanía "no estaba sintiendo el impacto de sus políticas". Cambian los gobiernos, pero esa excusa de comunicación se mantiene intacta. Para aquellos que les gustan las políticas de Estado. El problema con esta visión es que tiene varias trampas.

En primer lugar, es una excusa perfecta para no asumir responsabilidades. Si la culpa es de la comunicación, los políticos se ahorran hacer la autocrítica sobre su gestión, sobre el eventual poco impacto de sus políticas públicas, e incluso sobre actos de corrupción que golpeen su aprobación. Las cosas se están haciendo bien, pero se comunican mal, y por lo tanto es culpa de otros detrás de escena. Un "otros" innominado, que nadie sabe quiénes son y que no ocupan lugar en gabinetes ni en listas compañeras, y por lo tanto es cómodo descargarles la responsabilidad de las encuestas. Nunca sabemos si estas personas existen, quiénes son, ni por qué o en dónde están errando. Pero vaya si tienen responsabilidades en este momento, donde la aprobación es baja y no debería serlo.

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En segundo lugar, esta visión es un insulto encubierto al electorado. Decir que "lo hacemos bien pero lo comunicamos mal" implica que el votante que desaprueba está demasiado distraído o poco informado como para hacer un diagnóstico correcto sobre el buen gobierno que tiene enfrente. No tienen razones legítimas para desaprobar, pero la falta de información hace que lean mal la realidad. Se vuelve prácticamente ilegítima la desaprobación hacia el gobierno: si la gente desaprueba, debería informarse más. Es una paradoja: el soberano es sabio cuando elige a un gobierno, pero un poco ignorante cuando lo desaprueba. Incluso cuando se trata de desaprobación que empieza a crecer dentro de votantes oficialistas.

Lo curioso es que, si en unos meses la aprobación del oficialismo sube, el mérito no será del electorado que se sentó a observar mejor ni de los equipos de comunicación innominados, sino del sistema político de turno. Y los políticos desfilarán por radios y programas de televisión a buscar sus "merecidos" halagos. Porque las derrotas son innominadas, pero las victorias siempre tienen dueño. En tercer lugar, se ha presentado la baja de la aprobación como una cuestión de expectativas. Nuevamente la culpa es de otros, en este caso la gente. Los ciudadanos parecen exigir demasiado al gobierno.

No se trata de que este no tenga aciertos y esté en el camino correcto, sino que la ciudadanía "le exige más". No es que reprobamos porque haya cosas que se están haciendo mal, sino que como hambrientos que somos, queremos más de esta ambrosia. Incluso se tiende un manto de exageración sobre las exigencias de la ciudadanía, en relación con lo que el oficialismo está brindando, que estaría a la altura de lo que se merece.

En el período anterior se decía que los delitos habían dejado de subir y que la ciudadanía tenía que valorar esto enormemente, mientras las encuestas marcaban que la gente se seguía sintiendo enormemente insegura. Seguramente estaban equivocados, o sus expectativas eran desmedidas. Es cierto que la economía uruguaya crece al 1% promedio hace una década, que tenemos una tasa de homicidios enorme, que los suicidios y la salud mental están en situación crítica, que el 50% de las personas no termina el liceo, que hay meses de espera para conseguir consulta con un especialista, que los espacios públicos están en un estado lamentable. Pero seguramente no sea eso lo que nos está pasando, es que no conseguimos una buena comunicación. Es más fácil echar al pasante de comunicación.

Deben ser los equipos de comunicación los responsables de esta baja aprobación que estamos viendo. Mientras todos los oficialismos sigan culpando al pasante, ninguno va a tener que mirarse al espejo. Y mientras nadie se mire al espejo, vamos a seguir teniendo gobiernos que están fallando en la comunicación. Funcionará como diagnóstico inicial o como excusa momentánea, pero cuando un gobierno lleva uno, dos, tres años "comunicando mal", en algún momento hay que preguntarse otra cosa. Después llegan las elecciones y “no entendemos por qué perdimos” o por qué la gente está desanimada con la política.

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