29 de julio de 2026 5:05 hs

Antes de quejarse de la basura, de los impuestos, de los pozos y otras minucias, debe saber que desde el gobierno de Montevideo, más precisamente desde la Junta donde 31 ediles de casi todos los partidos legislan el departamento, están pensando en sus mayores desvelos.

Si usted tiene una murga que afinar, una carrera de autitos a fricción que organizar, una nostalgia entrañable que conmemorar o, mejor aún, las ganas insaciables e impostergables de publicar un libro que con suerte van a leer su tía y dos amigos piadosos, la Junta será su mecenas.

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En esta cadena de donaciones y favores, de cuyo costo casi no hay registros, se cuentan por ejemplo, la edición de 1000 ejemplares de un libro titulado Che, Ernesto Guevara en Uruguay. Legal y Clandestino y de otro llamado “Olelé, un canto a la ancestralidad” sobre las raíces afros e indígenas; también se solventaron 500 ejemplares de Nuestro repertorio: textos y partituras de murgas de mujeres feministas y transfeministas, 200 invitaciones al Campeonato de Pelota Vasca, 500 folletos para un evento convocado bajo el nombre de “La noche accesible e inclusiva”, el traslado de delegaciones de un encuentro latinoamericano organizado por el Coro de hombres gay de Montevideo, y el alquiler de ómnibus para los humoristas Los Chapitas. Parece que nada de lo humano le es ajeno a los ediles montevideanos.

La manera de acceder a estas ayudas en sencilla: las organizaciones o personas presentan una nota a la Junta, el caso pasa a la Comisión de Cultura o a la de Derechos Humanos, se aprueba generalmente por unanimidad, después ingresa al Plenario donde se aprueba sin discusión y, finalmente, una “Mesa” de cinco integrantes que encabeza el presidente de la Junta se encarga de comprar o tramitar lo solicitado.

“Es de esas cosas que siempre se hicieron así”, dijo la edila nacionalista Laura Soto quien reclama que se publiquen los costos de cada colaboración aunque no se opone a esta ayuda si se hace “con transparencia”. Soto pidió un listado de las 50 colaboraciones aprobadas en el último año y solo recibió el costo de cuatro de ellas por un total de $234.426 pesos.

En escasas oportunidades la Junta dijo "no" porque la osadía era manifiesta. Es el caso del pedido para financiar el traslado a un Diálogo de juventudes de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora. La solicitud la hizo Serrana Lamas Silva y en el pedido para tratar el asunto como grave y urgente aparece la firma de su madre, la edila frenteamplista Juana Silva. Una delicia.

En fin, uno lee la nómina con atención y no puede evitar hacerse preguntas. Si el fin de la generosa imprenta pública fuera el de develar las grandes, olvidadas e indispensables historias montevideanas, todo sería más comprensible.

Pero, otra vez, ¿qué hace la Junta Departamental solventando la edición de un libro sobre el Che Guevara sin ninguna novedad histórica sobre el personaje?

Y no estamos hablando de una fotocopia para uso interno; hablamos de mil ejemplares que en el reducido mercado uruguayo es mucho.

Claro, cuando la factura de la imprenta la paga el contribuyente montevideano, el riesgo editorial es cero y la vocación lírica de los autores se vuelve infinita.

Lo más maravilloso de este circuito no es la caridad cultural en sí, sino el nirvana contable en el que se mueve. Si usted le pregunta al común de los uruguayos cómo se rinde el gasto del dinero público, pensará en facturas, balances, números de expediente y auditorías. Pero en el legislativo departamental manejan otros conceptos más abstractos y vanguardistas.

“El dinero no está camuflado, pero está perdido por ahí adentro", dijo el edil frenteamplista Gonzalo Sánchez quien presidió la Junta en los últimos 12 meses. Una definición conceptual que debería enseñarse en la Facultad de Ciencias Económicas. No está escondido, no hay mala fe. Simplemente se perdió en el agujero negro de la contabilidad del legislativo departamental.

Al parecer, según informó El Observador, la Junta de dispone a aplicar un protocolo para trasparentar su generosidad. Así que apúrese. Si usted tiene un manuscrito inédito guardado en el cajón de la mesa de luz o no puede con las ganas de organizar un torneo de bolitas en la plaza de su barrio, no pierda el tiempo. La dirección es 25 de mayo 629. Pida y le será dado.

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