La última edición de las pruebas PISA confirmó una gran caída en los niveles de aprendizaje de los adolescentes iniciado al menos desde 2018 a nivel internacional (OCDE y otros países). Incluso, esta edición sembró una fuerte sospecha sobre el efecto de las tecnologías y, en particular, del uso de la inteligencia artificial por parte de los niños y adolescentes. En ese contexto internacional, la estabilidad de los resultados obtenidos por los adolescentes uruguayos es positiva. Aún hoy en Uruguay se plantea la disyuntiva entre aumentar el egreso (que más estudiantes culminen sus estudios) vs. aumentar la calidad de los aprendizajes (que aprendan más). Se plantea que mejorar la calidad implica elevar estándares y ser más selectivos: “si no logran determinado nivel, deben repetir” (aunque eso implique aumentar el riesgo de “abandonar”).

Entonces, permitir el pasaje de grado con menores estándares o innovar flexibilizando algunas características del sistema educativo que parecen talladas en piedra, es visto como una vía de empobrecer los aprendizajes de los estudiantes. Aunque existe evidencia internacional clara que permite concluir que estamos frente a un auténtico dilema de falsa oposición (esto es, que es viable simultáneamente mejorar aprendizajes y aumentar la cobertura), una amplia parte de la opinión pública y diversos actores en la materia se afilian a esa creencia. Analicemos la historia de los últimos 20 años.

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En 2006 sólo el 56% de los adolescentes de 16 años había egresado oportunamente de la Educación Media Básica. En criollo: a los 16 años poco más de la mitad de los adolescentes había terminado tercero de liceo (noveno bajo el nuevo criterio). Para 2009 y 2010 el dato era aún inferior: un 53% lo había logrado. ¿Qué pasó con la evaluación de los aprendizajes de la prueba PISA entre sus ediciones 2006 y 2009? Se mantuvo estable en ciencias y en matemáticas, pero incrementó en lectura.

Menos egreso, mejores resultados. Punto para quienes plantean esa disyuntiva. Pese a esa supuesta tensión, Uruguay apostó fuertemente por evitar el uso de la repetición y mejorar la cobertura. Incluso aceptando tal disyuntiva, la apuesta no era tan irracional: Uruguay presenta indicadores de egreso de Educación Media Superior peores que la mayoría de los países de Latinoamérica (se encuentra 20 puntos porcentuales debajo del promedio latinoamericano, según datos de SITEAL-UNESCO, y 40 puntos debajo de Chile - un país de nivel de desarrollo similar). En contrate, en calidad educativa se encuentra entre los primeros (según pruebas PISA y ERCE-UNESCO)

Así, desde 2018 Uruguay ha incrementado su tasa de egreso de Educación Media Básica en 15 puntos porcentuales (del 66% al 81%), según datos del Mirador Educativo - INEEd. ¿Qué pasó con la evaluación de PISA desde entonces? Contrariamente a dicha presunta oposición, desde entonces se observa un incremento en el área de Ciencias (en 2025 se logró el puntaje más alto; un 4,5% superior), un estancamiento en el área de Lectura y una leve caída en Matemáticas (2,9% inferior). Estos dos últimos resultados se enmarcan en caídas bastante más pronunciadas a nivel internacional, como se observará a continuación. Asimismo, los adolescentes uruguayos de 2022 y de 2025 alcanzaron estos resultados incluso habiendo vivido dos años lectivos de fuertes limitaciones en la asistencia debido a la última emergencia por pandemia.

En síntesis, esta comparación no pretende afirmar que la disminución del uso de la repetición, implicó una mejora en los aprendizajes. En cambio, la comparación pretende mostrar que Uruguay logró conciliar favorablemente el egreso oportuno de Educación Media Básica (esto implica también la disminución de la repetición) y la calidad de los aprendizajes. En otras palabras, demuestra que un menor uso de la repetición no implica por sí misma una caída en los aprendizajes. Ojalá que esta lección aportada por los propios adolescentes uruguayos permita mejorar la calidad del debate educativo en nuestro país y aceptar aquellas innovaciones educativas que permitan proyectar mejores aprendizajes y más garantías para la continuidad educativa.

*Acotación* En este análisis no se considera la anomalía de la edición 2015, porque las mejorías evidenciadas respecto a ediciones anteriores se deben a cambios metodológicos en la contabilización de los resultados que inflaron significativamente a los resultados de los estudiantes uruguayos

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