21 de septiembre de 2026 15:22 hs

La publicación de una nueva edición del Monitor Educativo y las interpretaciones que se difundieron en los medios sobre sus resultados han generado confusión y, en algunos casos, surgieron interpretaciones y explicaciones sobre los datos que no son correctas. Nos referimos al egreso de la enseñanza media y la evolución de sus aprendizajes indicados en el Informe de las Pruebas PISA.

Desde hace décadas la tasa de egreso de la enseñanza media es uno de los indicadores más preocupantes puesto que se ubican entre las más bajas de la región, con todas las consecuencias que supone el hecho de que aproximadamente la mitad de los jóvenes en edad de terminar la enseñanza media desertaban antes de alcanzar dicho nivel educativo, lo que implica graves desventajas crecientes para una inserción favorable en el mundo del trabajo.

En tal sentido, los que terminan la enseñanza media se ubicaban en 2019 en el 50% de los jóvenes en edad de terminar, una situación de grave desventaja incluso en comparación con los demás países de América Latina.

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El dato que arroja el Monitor Educativo recientemente publicado indica que en 2025 alcanzó al 56.4%, con lo que se ratifica que ha habido un proceso de mejora que, sin embargo, nos sigue ubicando en una posición que está muy lejos de ser aceptable y continúa situándose en la parte baja del ranking de América Latina.

Sin embargo, en el análisis de los datos se ha confundido otra medición de la tasa de egreso que, al compararla con la recién vista, generó una confusión que es necesario señalar y ubicar en sus justos términos.

La tasa de egreso en los estudiantes de Enseñanza Secundaria que cursaban el último año de la enseñanza media que muestra el Monitor Educativo indica que el 68.6% de los que cursaron 5° Año en el año anterior egresaron en el año siguiente.

Comparando esta cifra con la registrada en 2024 implica un incremento de 7.8% puesto que en ese año había alcanzado el 60.8%, lo que debe señalarse como un avance por cierto positivo.

Mirando en un plazo más extenso se debe señalar que en 2019 era el 50%, por lo que entre 2020 y 2025 se aumentó la retención en alrededor de 17 puntos.

Pero debe tenerse en cuenta que esta información refiere sólo a los estudiantes de Enseñanza Secundaria, que no incluye a la Enseñanza Técnica Profesional, que ya se habían mantenido en el sistema educativo hasta llegar a 5° año de educación media.

Por otra parte, los aprendizajes según la última edición de las Pruebas PISA nos muestran que en comparación a tres años antes, la situación no ha registrado avances en general.

Seguimos siendo el país que obtiene el mejor puntaje en la región, pero se trata de una región que se encuentra muy lejos de los resultados de los países más avanzados del mundo.

El balance entre las tres áreas que se miden ratifica una situación de estabilidad, destacándose una mejora en ciencias que se contrapone a una baja en lectura y situación estable en matemáticas.

A su vez, seguimos teniendo una enorme inequidad en los aprendizajes cuando se analizan los resultados cruzados por el NSE de los estudiantes evaluados.

En síntesis, ha habido mejoras en las tasas de egreso y estabilidad en materia de aprendizajes.

Por lo tanto, no hay que magnificar los resultados y, menos aún, atribuírselos al nuevo Gobierno.

La mejora observada es claramente el resultado de un proceso de Transformación Educativa que se había impulsado en el gobierno anterior. Estamos midiendo indicadores de gestión entre 2020 y 2025 que son obviamente el resultado de lo realizado en el Gobierno de la Coalición.

Por ejemplo, algunos especialistas en la materia señalan que la flexibilización del Reglamento de Aprobación aprobada en el gobierno anterior es una causa relevante de la mejora de los indicadores de egreso.

Por lo tanto, la crítica agria y total a lo realizado por la gestión anterior es contradictoria con las tendencias observadas y, en caso de seguir avanzando, corre el serio riesgo de que se deterioren las tendencias de mejora observadas.

La Administración actual debería revisar sus discursos de crítica feroz que impulsaron durante todo el período anterior y reconocer que las mejoras observadas, aunque modestas, son el resultado de esa gestión y ver cómo se las reconoce y expanden para continuar mejorando un sistema educativo que, desde hace décadas, tiene graves deudas con nuestros niños y jóvenes.

Por otra parte, la enorme velocidad con la que se está transformando el mundo del trabajo y los cambios vertiginosos que ya ocurren y los que se avecinan, obligan a que la capacidad de retención del sistema educativo sea realmente un factor decisivo del éxito futuro en la vida adulta.

Este dato no significa que no tengamos otros desafíos pendientes para la transformación de la educación, pero el incremento del número de jóvenes que culminan la Enseñanza Media es un factor necesario para el crecimiento del país de los próximos años.

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