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A medida que nos acercamos a la 56ª Asamblea General de la OEA en Ciudad de Panamá, las Américas tienen la oportunidad de reafirmar que un hemisferio estable y próspero descansa sobre los pilares interdependientes de la paz, la democracia, la seguridad y el desarrollo. Si bien se han logrado avances significativos en toda la región, impulsar el desarrollo económico, social y humano sigue siendo una prioridad compartida para muchos de nuestros Estados Miembros.

Bajo el lema de “Multilateralismo firme”, representantes de todo el hemisferio se reunirán en Panamá del 22 al 24 de junio para reafirmar el valor de la cooperación al abordar desafíos comunes y ofrecer resultados significativos para los pueblos de las Américas. En una región tan diversa como la nuestra, la cooperación se mantiene como una de las herramientas más eficaces para intercambiar conocimientos, fortalecer capacidades, movilizar recursos y promover soluciones que ningún país podría alcanzar por sí solo. El desarrollo no es algo ajeno a nuestras metas de paz, seguridad y gobernabilidad democrática; es uno de los cimientos que las hacen posibles.

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En la OEA reconocemos que el desarrollo es más efectivo cuando se aborda de manera integral. El acceso a la educación, las oportunidades de empleo sólidas, la sostenibilidad ambiental y los entornos económicos innovadores y competitivos están estrechamente interrelacionados. Avanzar en estas prioridades de forma conjunta contribuye a crear las condiciones para tener sociedades más prósperas, resilientes y estables, donde se respeten los derechos humanos, la democracia pueda florecer y las personas puedan vivir seguras. Estos desafíos son particularmente pronunciados en los pequeños Estados insulares en desarrollo y en otras economías vulnerables, en particular en el Caribe y Centroamérica.

A lo largo de las Américas, los países enfrentan panoramas de desarrollo marcados por eventos climáticos, incertidumbre económica, cambios tecnológicos rápidos y brechas persistentes en infraestructura, servicios y oportunidades. Los desafíos son reales: más de 160 millones de personas en América Latina y el Caribe aún carecen de acceso a agua potable segura; la mitad de los trabajadores sigue en empleos informales sin protecciones básicas, de acuerdo con datos recientes de la OIT; y casi 10 millones de niños y jóvenes están fuera del sistema escolar, según los reportes más recientes de la UNESCO. Estas realidades resaltan la urgente necesidad de invertir en educación, habilidades y acceso a oportunidades para que las personas puedan construir futuros más seguros y estables.

Asimismo, los países están dando un paso al frente para desarrollar resiliencia ante eventos meteorológicos severos, modernizar la infraestructura y expandir la conectividad, al tiempo que aprovechan al máximo la innovación y las tecnologías digitales. Superar estos retos requerirá un apoyo práctico y alianzas sólidas que ayuden a las naciones a aprender unas de otras y a avanzar con mayor rapidez hacia metas compartidas.

Dentro de esta agenda más amplia, el comercio, la inversión y la integración económica son esenciales para el crecimiento inclusivo. Cuando se alinean con instituciones sólidas, la seguridad y los valores democráticos, estos factores pueden fortalecer la competitividad, ampliar los mercados y crear cadenas de valor más resilientes. Apoyar a las pequeñas empresas, mejorar las cadenas de suministro y expandir el comercio digital puede contribuir a garantizar que las comunidades de todas las Américas perciban beneficios duraderos.

Esta agenda económica forma parte de un esfuerzo más amplio de la Secretaría Ejecutiva para el Desarrollo Integral de la OEA, con el fin de apoyar a los Estados Miembros a traducir las prioridades en soluciones prácticas que generen beneficios tangibles para los ciudadanos.

La Secretaría trabaja en sectores clave para fortalecer la competitividad y el desarrollo empresarial, enfocándose en la construcción de capacidad institucional y en promover una prosperidad sostenible en todo el hemisferio.

La OEA ocupa un lugar único dentro del sistema interamericano al integrar el diálogo político, la cooperación para el desarrollo, las alianzas y el intercambio de conocimientos bajo un marco común, lo que permite a los Estados Miembros conectar las ideas con la acción y los resultados.

En la región del Trifinio, compartida por El Salvador, Guatemala y Honduras, una iniciativa respaldada por la OEA fortaleció la seguridad hídrica, beneficiando a más de 12.700 personas y a más de 7.200 hectáreas de tierra. A través del Fondo de Cooperación para el Desarrollo, la OEA ha comprometido 1.875 millones de dólares para apoyar 14 proyectos que promueven la resiliencia, la transformación tecnológica y la capacidad institucional en todo el hemisferio. Estos esfuerzos se suman a más de siete décadas de trabajo junto a los Estados Miembros para fortalecer las instituciones, desarrollar capacidades técnicas y ofrecer soluciones compartidas a desafíos comunes.

Solo en 2025, los programas de becas y capacitación de la OEA abrieron puertas a 2.779 estudiantes, liberando un valor estimado de 19,5 millones de dólares en oportunidades educativas en todo el continente. El Fondo Rowe amplió ese impacto con más de 1 millón de dólares en financiamiento para estudiantes de 18 Estados Miembros que asisten a 46 universidades de los Estados Unidos. Mientras tanto, el Americas Competitiveness Exchange (ACE), una iniciativa insignia de la OEA, continúa transformando las conexiones en acciones, facilitando más de 900 acuerdos de cooperación y alianzas, incluidos los impulsados durante su reunión más reciente en Memphis, Tennessee.

La agenda de desarrollo de las Américas sigue pendiente y este momento exige un compromiso renovado con un multilateralismo cimentado en resultados medibles. No basta con convocar; debemos cumplir. Al alinear los esfuerzos entre gobiernos, instituciones y comunidades, podemos transformar la cooperación en los resultados que más importan: economías más fuertes, sociedades más resilientes y un hemisferio más estable y democrático. Solo entonces podremos traducir la ambición en progreso y asegurar que el desarrollo brinde prosperidad real a los pueblos de las Américas.

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