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En un mercado donde los fundamentos de la oferta y la demanda importan tanto como los factores geopolíticos, el comportamiento del precio del petróleo está sujeto a vaivenes que provocan fuertes reacciones de corto plazo en las expectativas de muchos analistas y agentes económicos. Por ejemplo, Goldman Sachs planteaba en abril de este año un escenario de USD 45 el barril para fines de 2026 si la OPEP+(el grupo de trece países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleomás otros diez países con los que la OPEP firmó un acuerdo en 2016, entre los que se encuentra Rusia, el tercer productor mundial) cumplía con el retorno a los 2,2 millones de barriles diarios de acuerdo con la directiva impartida en diciembre del año pasado, aún cuando en ese escenario Estados Unidos evitaba la recesión. Pero la guerra en Irán dio vuelta la mesa y durante algunos días el precio del petróleo se situó por encima de los 70 dólares el barril.

Con el conflicto bélico “en pausa” y con la declaración del 5 de julio por parte del grupo V8 de la OPEC+ (el grupo llamado “voluntary eight”, que han acordado ir efectuando incrementos de producción a partir de mayo de este año para ir revirtiendo los recortes decididos por la OPEP+ 2022; el grupo V8 incluye a Arabia Saudita y Rusia) de implementar un incremento en la producción diaria de 548 mil barriles en agosto respecto a julio, es posible que el precio del petróleo vuelva a experimentar movimientos a la baja a partir de la próxima semana. La decisión del V8 sorprendió en cierto modo a los mercados, ya que el aumento esperado se situaba en 411 mil barriles diarios. Pero antes de subirse al carro de los que pronostiquen nuevamente precios ruinosos para el petróleo, es conveniente tomar en cuenta los fundamentos que actualmente afectan este mercado.

En primer lugar, gran parte de la debilidad observada en el precio del petróleo desde abril se basa en un panorama sombrío de la economía mundial, cuyos últimos trazos contribuyó a delinear el infausto “Liberation Day” de Donald Trump. Pero la realidad, terca como es, se empecina en no ratificar las expectativas de recesión internacional. La economía norteamericana sigue mostrando solidez en el segundo trimestre del año y no hay razones para pensar que no continúe así, excepto por una nueva escalada de medidas arancelarias y otras incongruencias por parte de la Administración norteamericana que pongan en peligro, especialmente, el mercado de renta fija en Estados Unidos.

Por otra parte, el mercado de petróleo muestra inventarios bajos y caídas en las exportaciones del continente americano, en parte por el aumento en el consumo y en parte por las sanciones norteamericanas a Venezuela. Los aumentos de producción dispuestos por el V8 en abril no hacían más que compensar, en buena medida, el descenso de las exportaciones desde el continente americano. Pero también se ha observado un crecimiento en el consumo interno en los exportadores asiáticos, en cierta medida por razones estacionales. Por ello, pese a los aumentos de producción ya dispuestos, los inventarios se han mantenido relativamente bajos y el precio del petróleo, dejando de lado el interregno bélico, ha mantenido un rango de oscilación entre USD 62 y USD 65.

La declaración del V8 del 5 de julio enfatiza en esos aspectos del mercado, destaca los bajos niveles de inventarios y deja abierta las opciones de cara a su próximo encuentro en agosto, en el que se acordará el techo de producción para setiembre. Está claro que, en la OPEP y sus subgrupos y extensiones, predomina la idea de mantener una postura flexible, condicionada a los vaivenes de la economía mundial y que sigue privilegiando la participación de mercado como objetivo del conglomerado. Con estos precios, no desalienta completamente pero tampoco estimula el aumento de producción de sustitutos cercanos. Tampoco contraría demasiado la aspiración de Donald Trump de contar con una “energía barata”, aunque limita sus objetivos de lograr una mayor participación norteamericana en la producción mundial.

¿Qué riesgos tiene este escenario de “estabilidad”? El riesgo de un precio al alza ya lo conocimos: son los potenciales conflictos bélicos que asoman por doquier. El riesgo a la baja está en la eventualidad de una recesión mundial que, si viene, será por la no resolución de las dificultades financieras en China, su efecto depresivo sobre la demanda interna y la deflación que actualmente le exporta al mundo. Una dificultad que las guerras comerciales no hacen más que agravar.

Temas:

petróleo OPEP+ Goldman Sachs

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