Las emociones, el descubrimiento y el deseo de superación personal son algunas de las razones por las cuales las personas optan por hacer turismo de aventura en oposición al turismo de masas. Hace alrededor de una década que este tipo de viaje está en auge, y tuvo un incremento importante durante la pandemia por permitir realizar actividades al aire libre, alejadas de las multitudes.
Aquí, la elección del destino va más allá de las playas idílicas y de las ruidosas ciudades, porque se quiere sumergir a los viajeros en la esencia misma de la naturaleza y la autenticidad cultural. Allí, en algo más que unas simples vacaciones, se participa en actividades que hacen subir la adrenalina, desafiando los límites físicos y emocionales de los participantes.
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En Viajes Continental, confeccionan viajes de aventura y siempre buscan los mejores operadores para poder ofrecer a nuestros clientes la vivencia que desean, cuidando el diseño de la experiencia y todos sus aspectos.
El turismo de aventura da a los viajeros la posibilidad de estar en entornos naturales espectaculares como montañas, ríos, junglas y desiertos y así conectar con el ecosistema. Esta exposición reduce el estrés y mejora el estado de ánimo. Las actividades por lo general consisten en deportes al aire libre y extremos como excursiones, kayakismo, escalada, buceo, paracaidismo que fusionan lo físico y la subida de la adrenalina.
Es una importante fuente de ingresos para las comunidades locales y minimiza el impacto ambiental. Esta forma de turismo favorece la durabilidad y el respeto por el medioambiente, porque los viajeros adoptan prácticas responsables para preservar la biodiversidad y sostener el desarrollo local. Además, tiene muchos beneficios: desde vencer el sedentarismo, mejorar la salud mental al aumentar la tolerancia a la incertidumbre, experimentar modos de vida alternativos y reforzar la autoconfianza.
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El mismo se divide en dos tipos, el extremo y el suave. Este último se basa en actividades como el snorkel, trekking, excursiones en bicicleta o a caballo para estudiar, admirar el paisaje o una manifestación cultural pasada o presente en ese lugar. El aventurero extremo, por su lado, busca actividades de alto riesgo, como escaladas de montañas empinadas, buceo, parapente, paracaidismo y bungee jumping.
Romper con la rutina es uno de los argumentos más fuertes para realizar este tipo de actividades, para las cuales hay que estar preparados. Es necesaria una planificación cuidadosa para tener una experiencia placentera y segura. No hay que subestimar la preparación física para las actividades planeadas, y llevar el equipamiento adecuado es esencial. También es muy importante contratar un seguro de viajes que cubra actividades de aventura de riesgo, así como guías profesionales.
En este tipo de turismo se busca desconectar de la hipercomunicación en un mundo cada vez más digital. La naturaleza ocupa aquí un rol de espejo identitario y existencial, contribuyendo a la búsqueda del ser humano de sus límites físicos y psicológicos. Por ello es que más allá de ser actividades en exteriores, se trata de actividades para trabajar el interior de uno mismo.
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Aunque todos los países tienen rincones que se prestan para realizar este estilo de turismo, hay algunos que son elegidos por los más intrépidos. Las Islas Galápagos, para los apasionados de naturaleza y vida marina, el Himalaya en Nepal, Costa Rica, muy ecoturístico, Jordania, para recorrer en 4x4 sus fenómenos culturales, las dunas al infinito de Mauritania, la diversidad de fenómenos naturales de Islandia, los safaris de antología en Tanzania y la Patagonia en Chile son sólo algunos de los lugares donde los fanáticos exploran su pasión.