El Frente sin ideas; la oposición sin rumbo de país definido

Los problemas de unos y otros se asemejan cuando se mira a la próxima elección
En la carrera electoral hacia 2019 los problemas de la oposición y del Frente Amplio en algún punto se tocan.

Cuando llegó al gobierno en 2005 la coalición de izquierda tenía claro qué hacer. Luego de muchos años de acumulación política y programática era conocido el modelo de país que impulsaría. Pero también había definido acciones concretas de camino a ese rumbo, que eran consensuadas –aunque con matices y por tanto con posteriores disputas– por los distintos partidos que integran al Frente Amplio.

Para el segundo gobierno, el de José Mujica, el rumbo estaba más difuso y las ideas concretas que quedaban firmes eran menos. Pero aún así, estaba claro que detrás de su candidatura había implícita una propuesta de "giro a la izquierda" con algunas medidas socializantes –como el Fondes, la ayuda al cooperativismo y el Plan Juntos–, que tuvieron un impacto débil.


Su gobierno lo está sufriendo mucho más ahora, al terminar su segundo año de gestión, cuando se tiene que aferrar a la tercera planta de celulosa y a la exploración de acuerdos bilaterales de comercio (ambas cosas que no dependen solo de la voluntad política del presidente) para poder tener algo concreto para mostrar al final del período.

¿Qué propone el Frente Amplio? ¿Cuál es su agenda de futuro? ¿Una reforma constitucional que no tienen claro aún qué contenido incluirá? La izquierda tiene además problemas adicionales. Fuertes diferencias internas y la pérdida de sentido común en muchas decisiones, como por ejemplo negar las comisiones investigadoras aún cuando hay fundamento para indagar.

Pero posee una fuerte ventaja: antes de empezar el ciclo electoral, se encierran todos durante un fin de semana (y con un largo proceso previo de elaboración) a aprobar un programa único de gobierno. Con más o menos ideas y mayor o menor nivel de claridad según el caso, al menos presentan un plan
concreto de qué cosas dicen que harán.

Además, la izquierda está desde ya preocupada por consensuar acuerdos sobre el modelo de país que quiere, al punto de que este fin de semana desarrolla un congreso ideológico.
¿Pero la oposición? Pese a llevar 12 años en el llano, la oposición no tiene la acumulación programática de ideas que tenía el Frente Amplio en 2004.

Si es poco claro qué tipo de país propone la izquierda para el período 2020-2025, mucho más difícil es identificar un rumbo o ideas concretas del ala más conservadora.

De hecho, el discurso de blancos y colorados hoy está más centrado en criticar al gobierno o al FA que en mostrarse como una alternativa con ideas.

En los partidos fundacionales son conscientes de la ausencia de proyecto. Algunos de los dirigentes consultados no están seguros de que sea necesario tener un modelo de país bien definido y consensuado. Otros afirman que aún hay tiempo para armarlo.

"La oposición no está preparada para gobernar", dijo hace unos meses en VTV el líder de Alianza Nacional, Jorge Larrañaga. Lo que hay detrás de esa frase, que fue muy cuestionada por otros dirigentes del Partido Nacional, es que blancos, colorados, independientes y el novel Partido de la Gente, no tienen una sintonía que les permita en lo previo mostrar unidad.

Una muestra de esas diferencias es que luego del nacimiento de su partido político, Edgardo Novick haya recibido más críticas de la oposición que de frenteamplistas.

Los blancos son quienes tienen el mayor peso de la responsabilidad. Por ser la primera fuerza en el bloque opositor por varios cuerpos –y por tanto la que tiene más chances de llegar al gobierno– son quienes deben tender puentes que aseguren acuerdos con los colorados, Novick y eventualmente el Partido Independiente.

Luis Lacalle Pou –que además es el favorito dentro de los blancos– planteó en setiembre durante un almuerzo de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM ) sobre los 180 años de los partidos fundacionales que solo es necesario "coordinar", porque los programas tienen coincidencias. Según contó un allegado al senador, antes de ese encuentro pidió todos los programas y los volvió a leer buscando los puntos de acuerdo.

Esta semana el líder blanco fue más allá. Dijo que se debe propiciar una "plataforma amplia" para que el Partido Nacional pueda "gobernar" en caso de ganar las próximas elecciones nacionales. "Sin grandilocuencias, juntarnos para ver las coincidencias" entre partidos de la oposición, señaló este martes durante un acto de la lista 71 en el teatro Metro.

Pero más allá de coincidencias o discrepancias concretas con el resto de la oposición, ni siquiera a la interna del Partido Nacional está definido qué modelo de país proponer o qué ideas guiarán una eventual gestión nacionalista.
Solo hay algunas líneas de acción, o medidas concretas como el plan de Asentamiento Cero, que Lacalle Pou ya propuso en el período pasado.

En seguridad, más allá de las críticas a Eduardo Bonomi, a decenas de proyectos y una impronta más represiva, no hay un modelo alternativo tan claro. En educación todos tienen claro que hay que cambiar. ¿Pero cómo? ¿Qué? ¿Es solo un sacudón a los cargos políticos lo que se necesita?

También es cierto que la estrategia política que se fijó el líder blanco puede quedar condicionada si plantea más ideas concretas o un modelo ideológico. Porque se le puede complicar la consolidación de alianzas con otros partidos, pero también su plan de "bajar el alambrado".

¿Qué quiere decir eso? Lacalle Pou insiste en que los blancos deben ayudar a que muchos frenteamplistas desencantados "salten el muro" y voten con ellos. Por tanto ese objetivo hace que sea delicado proponer cualquier tema que si bien le permite pescar dentro del electorado opositor más conservador, a la vez le impide sacarle votos a la izquierda.

Es probable –como creen algunos– que para ganar una elección en tiempos de electorados tan
sorprendentes tal vez no se necesite presentar un modelo de país consolidado y uniforme. Pero sí se necesita para gobernar y para dar previsibilidad.


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