26 de mayo 2026 - 19:37hs

Argentina ya no busca participar únicamente del mercado voluntario de carbono. El objetivo comienza a desplazarse hacia los mercados regulados globales, donde el carbono funciona como un activo estratégico dentro de la nueva arquitectura financiera y comercial internacional.

image

La transición implica un cambio estructural en la política económica y exterior del país: pasar de un modelo de conservación pasiva hacia uno de valorización económica de los servicios ecosistémicos. El foco ya no es exclusivamente ambiental. La apuesta consiste en convertir el capital natural argentino en un activo financiero capaz de mejorar la competitividad exportadora, atraer financiamiento climático y posicionar al país dentro de los mecanismos globales de descarbonización.

Más noticias

El salto hacia los mercados regulados

La arquitectura institucional para avanzar en esa dirección comenzó a discutirse recientemente en el Senado de la Nación durante la conferencia “Hacia un marco para el desarrollo de los mercados de carbono y su integración al mercado de capitales”, impulsada por las senadoras Sonia Rojas Decut y Flavia Royon.

image

El eje central es la construcción de un marco jurídico federal que otorgue previsibilidad y seguridad jurídica a las inversiones internacionales vinculadas al carbono.

El objetivo argentino es superar la limitación de los mercados voluntarios, donde históricamente los créditos cotizan entre USD 5 y USD 10 por tonelada de CO2 equivalente, para insertarse en mercados regulados y mecanismos internacionales como CORSIA, el esquema global de compensación de emisiones de la aviación internacional impulsado por la OACI.

En estos mercados, los créditos ambientales de alta integridad pueden superar los USD 25 por tonelada.

La diferencia entre ambos sistemas es estructural.

En el mercado voluntario, empresas u organizaciones compran créditos de carbono por iniciativa propia para compensar emisiones vinculadas a objetivos corporativos de sostenibilidad o reputación. En cambio, los mercados regulados funcionan bajo marcos legales nacionales o internacionales que obligan a determinados sectores a limitar emisiones mediante sistemas de cumplimiento.

En el caso internacional, el marco surge del Artículo 6 del Acuerdo de París, que habilita transferencias de reducción de emisiones entre países bajo supervisión de Naciones Unidas.

Si bien Argentina cuenta desde 2023 con una Estrategia Nacional de Mercados de Carbono (ENUMeC), el ecosistema financiero actual demanda una arquitectura institucional con mayor jerarquía normativa. En este sentido, el Senado de la Nación se encuentra debatiendo proyectos de ley federales, como el proyecto MerCO2AR y las iniciativas de las provincias de Misiones y Salta, que buscan institucionalizar el comercio de emisiones con un enfoque soberano. El objetivo es pasar de una resolución administrativa a un Marco Jurídico Federal que garantice la titularidad de los activos y elimine las ambigüedades legales que hoy frenan la llegada de capitales de gran escala

Un mercado global que ya empezó a consolidarse

La implementación del Artículo 6 del Acuerdo de París dejó de ser una discusión teórica y comenzó a consolidarse como un nuevo mercado internacional de carbono regulado.

Actualmente existen más de 108 acuerdos bilaterales y memorandos de entendimiento firmados entre más de 60 países para habilitar transferencias internacionales de reducción de emisiones.

image

Japón lidera el esquema con 31 acuerdos firmados a través de su Mecanismo de Acreditación Conjunta (JCM), seguido por Singapur con 28 y Suiza con 20. Del lado de la oferta, países como Chile, Paraguay, Perú, Ghana, Indonesia y Tailandia ya comenzaron a posicionarse como proveedores de activos ambientales dentro de esta nueva arquitectura global.

Uno de los primeros acuerdos plenamente operativos fue firmado entre Perú y Suiza, permitiendo que reducciones de emisiones realizadas en territorio peruano sean contabilizadas por Suiza a cambio de financiamiento para proyectos de desarrollo sostenible.

El avance acelerado de estos acuerdos refleja cómo el carbono comienza a integrarse al comercio internacional, la política industrial y los mecanismos de financiamiento global bajo reglas cada vez más institucionalizadas.

La oportunidad detrás de la escasez global

La relevancia económica del cambio aparece en las proyecciones de demanda internacional.

image

Para la primera fase de CORSIA (el Carbon Offsetting and Reduction Scheme for International Aviation, el esquema global de la OACI para compensar las emisiones de la aviación internacional por encima de los niveles de 2019) se estima una necesidad de 236 millones de toneladas de créditos elegibles, mientras que la oferta actual apenas alcanza 36 millones.

image

La diferencia responde a los estrictos criterios de elegibilidad:

  • solo se aceptan créditos generados a partir de 2021;
  • los países deben emitir Cartas de Autorización (LoA);
  • y las reducciones exportadas requieren “ajustes correspondientes” para evitar doble contabilidad.

Ese mecanismo obliga al país vendedor a descontar oficialmente esas reducciones de su propio inventario nacional de emisiones.

Sin esa validación estatal, los créditos no pueden ingresar a mercados de alto valor.

La consecuencia es una fuerte brecha de precios entre créditos comunes y activos elegibles para mercados regulados. Mientras los créditos voluntarios suelen cotizar entre USD 5 y USD 10, los activos compatibles con CORSIA operan con primas adicionales y proyecciones cercanas a USD 25 por tonelada o incluso superiores en mercados europeos.

Argentina como proveedor estratégico de carbono

Argentina busca posicionarse dentro de ese escenario como proveedor estratégico de activos ambientales de alta integridad.

El país reivindica una ventaja competitiva basada en su condición de sumidero neto de carbono, apoyada en grandes extensiones de bosques, ecosistemas naturales y capacidad de absorción vinculada a sectores forestales y agropecuarios.

image

Las proyecciones elaboradas por el Centro Argentino de Ingenieros (CAI) y la Academia Nacional de Ingeniería (ANI) indican que Argentina podría generar hasta 131,4 millones de créditos de carbono anuales a través de la producción forestal, la agroindustria regenerativa y la conservación de bosques nativos.

Según estos estudios, bajo mecanismos de precio asociados al Artículo 6, los ingresos por exportación de activos ambientales podrían ubicarse entre USD 1.400 y USD 3.900 millones anuales, triplicando el rendimiento proyectado si el país permaneciera limitado al mercado voluntario.

Uno de los casos más avanzados es Misiones, que validó 10,9 millones de créditos de carbono mediante el estándar internacional Verra para el período 2017-2022.

Según estimaciones presentadas durante el debate legislativo, si el Gobierno nacional autorizara la transferencia de apenas 2,9 millones de créditos misioneros bajo el esquema CORSIA, la provincia podría obtener USD 42 millones adicionales solo por la diferencia de precio respecto del mercado voluntario.

La lógica detrás de este enfoque es geopolítica y económica: transformar un servicio ambiental que hoy el país provee gratuitamente al mundo en una fuente de divisas y financiamiento federal.

Del crédito ambiental al activo financiero

El segundo eje del proyecto apunta a integrar los créditos de carbono al mercado de capitales.

Bajo este esquema, los créditos dejan de funcionar únicamente como certificados de compensación y pasan a ser considerados activos financieros transables capaces de respaldar bonos verdes, fideicomisos financieros, fondos de inversión o instrumentos de garantía.

El modelo impulsado por Misiones se estructura sobre un fideicomiso financiero administrado por banca privada, con mecanismos de trazabilidad digital orientados a garantizar transparencia sobre el destino de los fondos y la distribución de recursos hacia propietarios privados, sociedad civil y controles ambientales.

La tokenización de activos ambientales aparece además como una herramienta para mejorar liquidez, trazabilidad y acceso al financiamiento climático internacional.

El objetivo es reducir el costo de capital para proyectos de descarbonización en sectores industriales y energéticos de difícil abatimiento.

Según especialistas del sector, el potencial económico de proyectos de descarbonización podría alcanzar USD 20.000 millones anuales, equivalentes a aproximadamente el 40% de las exportaciones agropecuarias argentinas.

Carbono, comercio internacional y competitividad

La estrategia también tiene una dimensión comercial.

La Unión Europea comenzará a implementar plenamente desde 2026 el CBAM (Carbon Border Adjustment Mechanism), un mecanismo que impondrá cargas sobre importaciones intensivas en emisiones, como acero, aluminio, cemento y fertilizantes.

image

En ese escenario, la capacidad de certificar compensaciones locales mediante activos ambientales podría convertirse en una herramienta de competitividad para exportadores argentinos.

La monetización de servicios ecosistémicos permitiría reducir costos asociados a regulaciones climáticas externas y mejorar el perfil ambiental de las compañías frente a mercados e inversores internacionales.

La disputa ya no pasa únicamente por exportar commodities. Empieza a extenderse hacia la capacidad de monetizar servicios ambientales dentro de una economía global donde carbono, financiamiento y comercio comienzan a integrarse bajo nuevas reglas regulatorias.

Un nuevo activo estratégico

Argentina busca construir una narrativa geopolítica basada en su condición de emisor neto negativo y en la capacidad de sus ecosistemas para absorber carbono a escala global.

La estrategia apunta a transformar la conservación ambiental en una actividad económicamente rentable, vinculando bosques, agroindustria y servicios ecosistémicos con el sistema financiero internacional.

En ese contexto, provincias como Misiones, Salta, Jujuy, Chaco y Corrientes ya comenzaron a coordinar posiciones técnicas y regulatorias a través de una Mesa Interjurisdiccional orientada a unificar criterios sobre mercados de carbono.

El éxito del esquema dependerá ahora de la capacidad del Gobierno Nacional para avanzar en los mecanismos regulatorios necesarios, como las Cartas de Autorización y la actualización de la NDC 3.0, que permitan integrar el potencial provincial con los mercados globales de cumplimiento.

La transición hacia una economía de carbono regulado empieza así a consolidarse como una nueva plataforma de competitividad, financiamiento y generación de divisas dentro de la economía global de la descarbonización

Temas

carbono Argentina economía

Seguí leyendo

Más noticias

Te puede interesar

Más noticias de Uruguay

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos