2 de octubre 2024 - 17:38hs

La desigualdad en Argentina alcanzó en el segundo trimestre de 2024 su peor nivel desde la pandemia, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de los ingresos en una escala de 0 a 1 (siendo 1 la máxima desigualdad), subió a 0,436 entre abril y junio, un aumento respecto al 0,417 registrado en el mismo periodo de 2023. Esta cifra marca una brecha creciente entre los sectores más ricos y los más pobres del país.

El informe detalla que el 10% de la población con mayores ingresos concentró el 33% del total del ingreso, unas 19 veces más que el 10% más pobre. Además, la relación de ingresos entre el decil más alto y el más bajo de la población fue de 14 veces, manteniendo la tendencia del último año.

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Este agravamiento de la desigualdad está directamente vinculado al aumento del desempleo, el impacto de la devaluación del peso y el atraso en los salarios respecto a la inflación, factores que golpean con más fuerza a las clases trabajadoras y los sectores más vulnerables.

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Pobreza e indigencia en niveles críticos

El aumento de la desigualdad no es el único indicador alarmante. El INDEC también reportó un fuerte incremento en la pobreza y la indigencia en el país. En el primer semestre de 2024, el 52,9% de los argentinos se encontraban por debajo de la línea de pobreza, un aumento significativo respecto al 41,7% del año anterior. Este incremento refleja la incapacidad de una porción creciente de la población para cubrir sus necesidades básicas, a pesar de contar con un ingreso.

Por otro lado, la indigencia, que mide la incapacidad de una persona para acceder a la cantidad mínima de alimentos para subsistir, afectó al 18,1% de la población. Esta cifra muestra un fuerte incremento frente al 11,9% registrado al final de 2023. La indigencia prácticamente se ha duplicado en comparación con el primer semestre de 2023, cuando el índice se ubicaba en el 9,3%.

Estos indicadores se suman a la canasta básica total, que en junio de 2024 alcanzó los $873.168 para una familia tipo (dos adultos y dos niños). En ese mismo mes, la canasta básica alimentaria (umbral de indigencia) fue de $393.319.

Desigualdad de ingresos en la población ocupada

El reporte del INDEC también analiza los ingresos de la población ocupada, que alcanzaron un ingreso promedio de $473.924 en el segundo trimestre de 2024. Sin embargo, la mitad de los ocupados del país percibe un ingreso inferior a $370.000, que corresponde al límite superior del decil 5 de ingresos, es decir, el umbral que separa a la mitad de la población trabajadora con menores ingresos de la otra mitad.

Entre los asalariados, se observan disparidades marcadas según el tipo de empleo. Los trabajadores con descuento jubilatorio (formales) percibieron un ingreso promedio de $638.811, lo que representa un aumento interanual del 241,6%. En contraste, los asalariados sin descuento jubilatorio (informales) percibieron en promedio $253.702, con un aumento interanual del 210,4%.

En cuanto a la brecha de género, los varones ocupados tuvieron un ingreso promedio de $532.370, mientras que las mujeres percibieron $386.928. Esta diferencia refleja una disparidad considerable entre géneros en términos de ingresos, que se ha mantenido estable a lo largo del último año.

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El documento también destaca que el 70% de la población ocupada percibió menos de $550.000 al finalizar el primer semestre del año, lo que demuestra que la gran mayoría de los trabajadores enfrenta dificultades para hacer frente al constante aumento del costo de vida.

Impacto en los hogares más vulnerables

En cuanto a los ingresos de los hogares, el 78,1% de los ingresos totales provino de actividades laborales, mientras que el 21,9% restante corresponde a ingresos no laborales como jubilaciones, pensiones y ayudas sociales. Este último porcentaje es particularmente significativo en los hogares de menores ingresos, donde los ingresos no laborales representan hasta el 62,2% del total en el primer decil, lo que refleja la alta dependencia de estos hogares de los programas de asistencia social.

En el otro extremo, el 10% de los hogares más ricos solo obtienen el 9,4% de sus ingresos de fuentes no laborales, lo que subraya la marcada diferencia en las fuentes de ingreso entre los distintos sectores socioeconómicos del país.

La relación de dependencia (cantidad de personas no ocupadas por cada 100 ocupadas) fue de 122 no ocupados cada 100 ocupados en promedio. En el decil más bajo, esta cifra asciende a 255 no ocupados por cada 100 ocupados, lo que indica una alta carga sobre las personas empleadas en estos hogares. En contraste, en el decil más alto, hay solo 31 no ocupados por cada 100 ocupados.

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