9 de junio de 2026 17:58 hs

La diferencia que separa a Roberto Sánchez y Keiko Fujimori en la carrera por la presidencia del Perú es tan estrecha que el desenlace depende de un puñado de actas en observación —marcadas por errores materiales o inconsistencias— y del voto de la diáspora, capaz de inclinar la balanza en el último tramo.

Con el 96% de las actas escrutadas, Roberto Sánchez aventaja por una mínima diferencia a Keiko Fujimori —50,05% frente a 49,94%, apenas 20.221 votos—. El desenlace, sin embargo, depende de las actas observadas y del voto en el exterior: más de 1.500 actas que suman unos 400.000 sufragios a los que se añadirán más de dos tercios de los emitidos fuera del país, capaces de inclinar la balanza.

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Las actas en observación serán revisadas primero por los Jurados Electorales Especiales, distribuidos en todo el país, que como novedad en este proceso pueden ordenar un recuento de votos para determinar su validez. Los partidos, a su vez, pueden apelar lo resuelto en esta instancia ante el Jurado Nacional de Elecciones, que tiene la última palabra. Solo una vez concluido este procedimiento los votos se incorporan al cómputo oficial.

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La consecuencia es un proceso en cámara lenta. Grecia Rentería, vocera del Jurado Nacional de Elecciones, explicó a periodistas que el recuento de votos retrasará de manera importante el escrutinio: “La proclamación para la segunda vuelta es a mediados de julio, debido a que hay todo un proceso nuevo, que es el recuento de votos”, admitió.

La diáspora

En una elección tan cerrada dentro del Perú, los peruanos en el exterior podrían tener la última palabra. De los 1,2 millones habilitados para sufragar fuera del país, en la primera vuelta lo hicieron 400.000, y tradicionalmente la participación aumenta en el balotaje: en la elección pasada se elevó un 13% respecto a la primera ronda.

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Un aspecto clave es que el voto en el exterior tiende a favorecer de manera amplia a Keiko Fujimori, quien acumula cuatro elecciones seguidas en su intento de ser presidenta. Hasta ahora el organismo electoral solo ha contabilizado 31% del voto en el exterior y en este segmento Fujimori cuenta con 65% de los votos.

“Lo que queda por contar es en su mayoría favorable a Keiko”, dijo Gonzalo Banda, analista político en University College London, en declaraciones a Bloomberg. En particular el voto en el extranjero, señaló, “podría terminar inclinando la balanza”.

Otro aspecto a tomar en cuenta es que alrededor del 60% de las actas en observación corresponden a Lima y Callao, dos regiones donde el voto suele favorecer a Fujimori. En el otro extremo aun faltan por contarse actas de las zonas rurales en las que Sánchez tiene mayoría, por lo tanto, para los analistas la elección permanece abierta.

Por poco margen

Keiko Fujimori ha construido su carrera política como heredera de su padre, Alberto Fujimori, el líder que un sector de la población recuerda por haber derrotado a Sendero Luminoso y ordenado la economía, pero cuya gestión quedó marcada por violaciones a los derechos humanos y la consolidación de un régimen autoritario.

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Keiko Fujimori

Keiko Fujimori

Para Fujimori se trata de la cuarta elección presidencial consecutiva en la que intenta convertirse en presidenta. Su camino hacia el poder comenzó en 2011, cuando fue derrotada por Ollanta Humala, un exmilitar que intentó un golpe de Estado. Luego perdería ante Pedro Pablo Kuczynski, economista y empresario por tan solo 41.057 votos.

En las pasadas elecciones cayó por 44.263 votos frente a Pedro Castillo, un maestro rural de izquierda que irrumpió como outsider y que, tras un año y cuatro meses de caótica presidencia, fue encarcelado al intentar disolver el Congreso.

Sánchez se presentó como sucesor de Castillo. Fue su ministro de Comercio Exterior y Turismo, adoptó el sombrero que lo caracterizó y prometió indultarlo.

Dos extremos

En un país arrinconado por la criminalidad, donde las cifras oficiales reportaron 2.400 homicidios el año pasado —un promedio de 200 al mes— y los casos de extorsión se han multiplicado, Fujimori propone una política de mano dura: deportar a migrantes fuera de la legalidad, instaurar “jueces sin rostro” para proteger a magistrados que procesen a criminales de alto riesgo y reforzar los cuerpos policiales.

Ha dejado en claro su intención de sumar a Perú a la ola de gobiernos de derecha en América Latina, acercarse a Estados Unidos y reforzar una economía de mercado centrada en elevar la inversión extranjera y la estabilidad macro para impulsar el crecimiento. “La pobreza no se reduce con discurso, se reduce con empleo”, insistió en sus discursos.

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Roberto Sánchez

Roberto Sánchez

En la primera etapa de su campaña, Roberto Sánchez consiguió atraer a los votantes que expresan su descontento con un modelo económico que, pese al crecimiento y la baja inflación, no ha logrado reducir una informalidad cercana al 70% ni recuperar los niveles de pobreza previos a la pandemia. El índice, que antes de la crisis sanitaria se ubicaba en 20%, el año pasado alcanzó el 25%.

Básicamente promovió la necesidad de una reforma constitucional para “recuperar la soberanía nacional sobre los recursos naturales”, fortalecer el rol del Estado en la economía, revisar los contratos tributarios con las grandes mineras y los tratados de libre comercio. Además, aumentos del salario mínimo e impulso a la agricultura familiar.

Consciente de los límites de una candidatura sostenida únicamente en la izquierda, en la semana previa a la segunda vuelta Roberto Sánchez se desplazó hacia el centro y presentó un nuevo programa. Allí prometió una “economía de mercado abierta, respetuosa de los tratados internacionales de libre comercio”. La reforma constitucional, que antes aparecía como signo de ruptura, quedó planteada como el paso final de un amplio consenso nacional.

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