Chevron y Microsoft firmaron el 22 de junio pasado un acuerdo de compra de energía a 20 años para desarrollar el Project Kilby, una planta de generación a gas natural en el oeste de Texas que abastecerá en forma exclusiva a un centro de datos de la compañía de Redmond. El anuncio, hecho a través de Energy Forge One —la subsidiaria de energías nuevas de Chevron— y confirmado por la propia petrolera en un comunicado, formaliza una modalidad que empieza a repetirse entre las grandes tecnológicas: generar la propia electricidad en lugar de esperar el turno para conectarse a la red pública.
La planta tendrá una capacidad de 2,67 gigavatios, el equivalente al consumo de unos dos millones de hogares, y se levantará en el condado de Reeves, cerca de la localidad de Pecos, en pleno corazón de la cuenca Pérmica, la principal región petrolera de Estados Unidos. El proyecto ocupará más de 800 hectáreas y funcionará "detrás del medidor": es decir, sin ningún tipo de vínculo físico con la red eléctrica que abastece a los consumidores de la zona.
Infraestructura fuera de la red
La lógica del proyecto tiene un componente técnico bastante concreto. La producción de gas en la cuenca Pérmica suele superar la capacidad de las tuberías que lo transportan hacia los mercados de consumo, lo que obliga a las petroleras a quemarlo directamente en el pozo, una práctica conocida como flaring. Chevron plantea usar ese mismo gas, que hoy se desperdicia, para alimentar turbinas en el propio yacimiento y así generar electricidad sin pasar por la red pública ni por la cola de permisos que supone conectarse a ella.
Jeff Gustavson, presidente de Nuevas Energías de Chevron, explicó que la compañía busca ofrecer "certeza, velocidad y un costo competitivo" aprovechando el gas de la región. Del lado de Microsoft, Noelle Walsh, presidenta de Operaciones e Innovación en la Nube de la empresa, fue igualmente directa: "El crecimiento de la inteligencia artificial y la computación en la nube requiere una infraestructura energética capaz de escalar con rapidez", sostuvo, en referencia a los tiempos que hoy demanda la red eléctrica tradicional.
La mayor parte de la generación provendrá de turbinas de GE Vernova, con un aporte adicional de equipos Solar Turbines, una subsidiaria de Caterpillar. Para el enfriamiento, la planta usará agua salobre no potable en lugar de agua dulce. Todavía falta un paso decisivo: Chevron espera tomar la decisión final de inversión hacia fines de 2026, sujeta a la obtención de los permisos correspondientes. Si el proyecto avanza, la primera entrega de energía llegaría en 2028, con una expansión que se extendería durante toda la década siguiente.
La carrera por los megavatios
El proyecto Kilby es la expresión más visible de un fenómeno que atraviesa a toda la industria de los centros de datos en Estados Unidos: la energía se convirtió en el cuello de botella que frena la expansión de la inteligencia artificial. Según un informe de la consultora Sightline Climate, especializada en el seguimiento de proyectos energéticos y climáticos, entre el 30 y el 50% de los 16 gigavatios de capacidad de centros de datos previstos para 2026 en Estados Unidos sufrirán demoras o directamente se cancelarán. De ese total, apenas 5 gigavatios se encuentran hoy efectivamente en construcción.
La analista Olivia Wang, coautora del informe, señaló que buena parte de los proyectos que hoy acumulan atrasos fueron planificados hace dos o tres años, cuando todavía no se había desatado la actual escalada de demanda de infraestructura para inteligencia artificial. Wang agregó que la oposición vecinal se transformó en un factor determinante en las cancelaciones: en Míchigan, un proyecto de 1.000 millones de dólares vinculado a Meta se cayó después de meses de resistencia local por el uso del agua y el impacto sobre la red eléctrica, mientras que otras demoras o cancelaciones se esperan en al menos diez estados, entre ellos Luisiana, Nueva York, Ohio y Virginia.
Frente a semejante cuello de botella regulatorio, cada vez más empresas tecnológicas eligen el modelo que la industria llama bring your own power ("traé tu propia energía"): construir la generación en el mismo predio del centro de datos para evitar los tiempos de espera de conexión a la red, que en muchas regiones de Estados Unidos rondan entre cinco y siete años. Según estimaciones citadas por el Instituto para la Investigación Energética, cerca de una cuarta parte de todos los centros de datos actualmente en desarrollo en el país contempla algún esquema de generación propia. La firma de análisis satelital Cleanview, por su parte, rastrea 59 proyectos de este tipo con una capacidad combinada de 90 gigavatios.
Chips sobran, energía falta
El correlato de este fenómeno también aparece del lado de los fabricantes de chips. Cerebras Systems, la firma que compite con Nvidia con sus procesadores de escala de oblea, admitió en su primer informe de resultados como empresa pública —correspondiente al primer trimestre de 2026— que la capacidad de sus centros de datos, y no la demanda de sus clientes ni la disponibilidad de semiconductores, es hoy la principal traba para crecer. La compañía prevé que nuevas instalaciones empiecen a funcionar recién en la segunda mitad de este año y durante 2027.
El dato resume un giro que viene consolidándose en toda la cadena de la inteligencia artificial: durante buena parte de 2024 y 2025, la escasez de chips avanzados y de memoria de alto ancho de banda marcaba el ritmo del sector. Hoy, con la producción de semiconductores algo más aliviada, el límite pasó a estar en la infraestructura física necesaria para instalarlos: transformadores, tableros de media tensión y, sobre todo, generación eléctrica disponible.
No todos coinciden, sin embargo, en la magnitud del problema. La consultora SemiAnalysis cuestionó las cifras de Sightline Climate y sostuvo que su base de datos, centrada en los grandes proyectos anunciados públicamente, subestima la construcción real que llevan adelante las tecnológicas por cuenta propia, a partir de un modelo propio basado en imágenes satelitales. Más allá de esa controversia sobre las cifras exactas, ambas partes coinciden en el diagnóstico de fondo: la brecha entre lo que las empresas anuncian y lo que efectivamente logran energizar se ensancha, mientras Microsoft, Amazon, Google y Meta ya comprometieron para este año más de 650.000 millones de dólares en infraestructura de inteligencia artificial, un monto que hasta ahora no fue revisado a la baja pese a los atrasos en la construcción.