2 de julio 2026 - 20:07hs

Peter Lamelas no mintió cuando, al inicio de los festejos por los 250 años de la independencia de Estados Unidos, declaró ante los periodistas: "Es la primera vez en la historia que existe un alineamiento tan fuerte entre Estados Unidos y Argentina". Lo dijo exultante y también extrañado porque, en ese marco de "amistad" entre Donald Trump y Javier Milei, el presidente argentino visitó el Palacio Bosch, residencia del embajador norteamericano, en un acto inédito que nadie explicó.

Es que los presidentes no visitan las embajadas, mucho menos en los días de fiesta nacionales, porque quedarían mal con los demás países a donde no se asistió. Pero a Milei se le escapa que está en territorio extranjero. Tanto es así, que hasta le pidió a Lamelas que su cantante favorita, Fátima Florez, cantase el himno de los Estados Unidos. ¿Se lo habrá pedido la artista al presidente? Logró, apenas, que imitara a Liza Minelli, quizás una excusa para verla sin que pueda evitar su presencia Karina Milei, que la desprecia especialmente.

"Estamos celebrando nuestro aniversario en el Palacio Bosch. Este año la fiesta es más grande que nunca", dijo Lamelas. Y ante la pregunta de si hablaría el Presidente, contestó sin dudarlo que "él me va a tener que escuchar a mí". Es que no es de carrera diplomática, pero sabe que la presencia de Milei en la embajada fue estrambótica.

Más noticias

La relación de los presidentes de la democracia

Desde 1983, como con casi todos los asuntos, la Argentina fue de un péndulo a otro en el vínculo con los Estados Unidos. Raúl Alfonsín dio un discurso crítico a la poca ayuda que obtuvo en la refinanciación de la deuda. Lo hizo en una conferencia de prensa en los jardines de la Casa Blanca, acompañado por Ronald Reagan, quien antes había increpado a "los que ayudan a nuestros enemigos son nuestros enemigos", en referencia a la ayuda que Argentina le daba por entonces a Nicaragua.

Después vino Carlos Saúl Menem, que encaró la política de "relaciones carnales", un concepto que surgió de la imaginación del canciller Guido Di Tella, que acompañó su gestión con los ositos de Winnie the Pooh, un gesto que intentaba ser empático con los malvinenses. Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde, con menos efusividad, siguieron esa política, aunque con magros resultados. Néstor Kirchner puso el péndulo hacia la izquierda, aunque sin pelearse nunca del todo. La tensión alcanzó un pico con Cristina Fernández de Kirchner.

Luego vino Mauricio Macri y encaró una relación especial, sobre todo, con los demócratas. Cuando Trump ganó las elecciones, el presidente argentino aprovechó una relación previa con el empresario de la construcción y obtuvo mucha ayuda, sobre todo en el FMI. Alberto Fernández buscó hacer equilibrio entre China, que era la vocación de buena parte del kirchnerismo, y los Estados Unidos. El consejo se lo dio quien fue embajador por esos años en Washington, Jorge Argüello.

Como sea, el vínculo entre ambas naciones fue dilatando las tensiones, el péndulo siguió buscando los opuestos pero se movió con menos distancia. La desconfianza siguió, pero en líneas generales el vínculo fue distante por decisión —sobre todo— de la diplomacia norteamericana.

Hasta que llegó Milei

El presidente argentino se comporta extraño con su par norteamericano. Lo hacía, incluso, antes de que Trump ganara las elecciones. Por eso no puede decirse que se tratara de interés personal, ni siquiera por el país. Lo veía y se excitaba como un niño, lo abrazaba, le daba besos. A Trump mucho no le gustaba, pero terminó acostumbrándose a este personaje nacido en Sudamérica. Sobre todo, por su incondicionalidad, a prueba del rechazo que tiene en el escenario internacional y aún en su propio país, donde es duramente criticado aun entre los propios.

La vida de Milei transcurre entre Estados Unidos y Argentina. Milei estuvo en el Palacio Bosch y viajó 17 veces a los Estados Unidos, país donde se siente más cómodo que en el suyo propio, a juzgar por el placer con que se lo ve caminar por las calles de la capital norteamericana o New York City. Tanto, que superó el desprecio que tiene por las Naciones Unidas para asistir año a año a la Asamblea General, que se realiza en NYC. De paso, visita —casi religiosamente— al Rebe de Lubavitch, que descansa en el Ohel Chabad-Lubavitch.

Todo es así. A la Fragata Libertad no la visitó nunca cuando estuvo en el Puerto de Buenos Aires, pero está en el puerto neoyorquino y pensaba hacerlo, como confirmaron fuentes de la Armada, que contaron a El Observador que Milei tenía pensado hacer triplete: frente a la Estatua de la Libertad, visitar la Fragata Libertad en ocasión de los 250 años de la independencia de los Estados Unidos.

Al final no viajó. No se sabe si porque no tenía invitación, o porque su hermana le pidió que se quede para dar reinicio a una nueva etapa del Gobierno, luego de la crisis generada por el ex jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Igual, la visita al Palacio Bosch ya estaba confirmada. Iba a ir a la embajada y también a la Casa Blanca.

Los liberales y Perón

"Sea la América para la humanidad" dijo Roque Sáenz Peña al cerrar su discurso en la Conferencia Panamericana a la que convocaron los Estados Unidos en 1899, en plena gestión de Julio Argentino Roca. Para sorpresa de los norteamericanos, Argentina jugó fuerte en contra de la propuesta de unión aduanera que USA sintetizó como "Sea la América para los americanos", además de criticar duramente a la Doctrina Monroe.

Es cuanto menos curioso que un gobierno de neto corte liberal como el de Roca, que avaló que Sáenz Peña declarara en Washington que "empiezo por declarar que no conozco la llave de los mercados argentinos, tal vez porque no tienen ninguna, porque carecen de todo instrumento de clausura, de todo engranaje monopolizador o prohibitivo", y otro nacionalista, como el de Juan Domingo Perón, que hizo campaña a la presidencia con la consigna (Spruille) Braden o Perón, tuvieran la misma desconfianza con los Estados Unidos.

Es verdad que el presidente Perón cambió su actitud con los Estados Unidos en los últimos años de su segundo mandato. No solo aceptó firmar los contratos con la Standard Oil, sino que recibió con grandes fastos al hermano del presidente Dwight Eisenhower, que vino a recomponer relaciones. Pero solo lo hizo cuando comprendió que YPF podía ser muy nacional, pero la Argentina no tenía por entonces capacidad técnica ni financiera para abrir los pozos de petróleo.

Milei tiene una relación con Trump y los Estados Unidos que supera largamente los intereses. Casi como si quisiera ser norteamericano. Él dio a entender que tuvo el respaldo financiero en 2025 por su amistad con Trump y sus continuos viajes, pero quienes conocen esa relación no están seguros de que así sea. "Como Macri, lo hubiera logrado haciendo un viaje por año", explicó un experto desde una sede oficial en Washington.

Todo es materia opinable. Pero que Milei encara esta relación de un modo poco comprensible, es innegable.

Temas

presidente Karina Milei Peter Lamelas Donald Trump Raúl Alfonsín Juan Domingo Perón

Seguí leyendo

Más noticias

Te puede interesar

Más noticias de Uruguay

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos