El Departamento de Estado de EEUU reafirmó esta semana en un video que América Latina es una esfera de influencia exclusiva de Washington y advirtió que “el dominio estadounidense en el Hemisferio Occidental nunca volverá a ser cuestionado”. Bajo esta estrategia de la administración Trump, tras alinear a Venezuela, forzar un cambio político y económico en Cuba sigue en la agenda.
El secretario de Estado, Marco Rubio, subrayó recientemente que la presión de Washington sobre la isla no es circunstancial y dijo confiar en que “cuando termine esta administración, Cuba estará, como mínimo, en una trayectoria irreversible hacia un futuro diferente”, porque el régimen ya no cuenta con dos apoyos históricos: “Un patrocinador externo y la falta de atención de Estados Unidos, que no la consideraba una prioridad absoluta”.
Después de la intervención militar del 3 de enero que capturó a Nicolás Maduro y lo trasladó a Nueva York para juzgarlo por narcotráfico, Cuba perdió el suministro de petróleo y la ayuda financiera de Venezuela, su principal aliado desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, cuando asumió el rol que hasta principios de los 90 había tenido la Unión Soviética para la isla.
Rubio fue enfático al señalar que La Habana “no va a conseguir un patrocinador en los próximos dos años y medio. Esa es la dinámica que ha cambiado. Esto los ha colocado en una situación muy difícil”.
Washington ha insistido en que Cuba atenta contra la seguridad de Estados Unidos. El 6 de agosto advirtió en un comunicado que no tolerará “un Estado rebelde que albergue operaciones militares, de inteligencia y terroristas hostiles a solo noventa millas del territorio estadounidense” y subrayó que la isla “sirve como plataforma para que otros adversarios de Estados Unidos —como Rusia, China e Irán— lleven a cabo operaciones contra nuestro país”.
Mike Waltz, embajador de EEUU ante las Naciones Unidas
EFE
Previamente, Mike Waltz, embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, había señalado respecto a Cuba que “el régimen conspira y colabora con enemigos y adversarios de la democracia. Ha apoyado la guerra de Rusia en Ucrania, incluso permitiendo que miles de mercenarios lucharan para el ejército ruso; alberga instalaciones de vigilancia chinas; brinda apoyo a organizaciones terroristas; y socava otras democracias en la región”.
“Se trata de un régimen hostil que exporta represión, apuntala a los adversarios de Estados Unidos y los invita a instalarse en nuestro hemisferio”, agregó.
Presión económica
El discurso de Estados Unidos ha venido acompañado de un endurecimiento sistemático de las sanciones económicas. La amenaza de imponer aranceles a los países que vendan petróleo a Cuba generó una severa escasez de combustible que incentivó el éxodo de empresas extranjeras en la isla.
En paralelo, Washington ha limitado con medidas específicas el margen de maniobra de Gaesa, el conglomerado militar que controla cerca del 40% del PIB y concentra las operaciones de importación y exportación. Las cadenas hoteleras españolas Meliá e Iberostar, vitales para el turismo, cesaron operaciones. Al mismo tiempo, aerolíneas como Air Canada y Air France suspendieron sus vuelos a La Habana, mientras Visa y Mastercard interrumpieron sus servicios en la isla.
En los primeros cinco meses de este año, según cifras oficiales, el número de visitantes a la isla cayó 58%, arrastrado sobre todo por la disminución de turistas de Canadá, Estados Unidos y Rusia.
Escasez de combustible en Cuba
AP
El rápido descenso en la llegada de turistas ha desencadenado una serie de efectos que profundizan la fragilidad de la economía: menor consumo en restaurantes, hoteles y paseos, caída en la actividad de agencias de viajes y, como consecuencia, un declive en un sector que en 2024 aportó 1.293 millones de dólares a Cuba.
Estados Unidos ha endurecido la presión sobre Cuba pero, en paralelo, abrió canales de ayuda directa bajo un programa humanitario administrado por la Iglesia y mediante ventas de combustible al sector privado. La lógica es clara: Washington busca controlar dónde entra el oxígeno y quién lo recibe, posicionándose en la válvula de recursos vitales para una economía debilitada por apagones y escasez.
La mano militar
En este escenario, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, introdujo la dimensión militar y recordó que la opción de fuerza no está descartada. Sus declaraciones reforzaron la idea de que Washington no necesariamente limitará su estrategia a sanciones.
Hegseth afirmó el pasado jueves desde Panamá, donde participó en ejercicios militares: “Como he dicho antes, y creo que ustedes han visto lo que ocurrió en otros casos, todas las opciones están sobre la mesa, incluidas las opciones militares. Cuba haría bien en prestar atención a la disposición del presidente Trump de afirmar las prerrogativas estratégicas de Estados Unidos, y ciertamente no hay rival para Estados Unidos de América”.
Subrayó que “la forma en que esos países se han acercado a Estados Unidos y a la Coalición contra los Cárteles de las Américas demuestra que entienden dónde reside el equilibrio de poder, especialmente en este hemisferio”. Concluyó su intervención con una advertencia directa: “Eso ciertamente aplica a Cuba. Así que vamos a tener muchas opciones allí, y lo esperamos con interés”.
La resistencia
El régimen cubano, hasta ahora, ha planteado reformas económicas, pero sin abrir la posibilidad de modificaciones en lo político.
En junio, el gobierno cubano aprobó un plan de 176 medidas “urgentes” para ampliar la presencia del capital privado y atraer inversión extranjera, en lo que se perfila como el mayor giro desde que la Revolución tomó el poder en los años 60.
Las reformas reducirían las áreas de la economía en las que se prohíbe la participación de empresas privadas, les permitirían importar y exportar con mayor libertad y atraer inversión extranjera. Por primera vez, los emprendedores podrían contratar a más de 100 empleados y ser propietarios de varias firmas.
No obstante, el presidente cubano, Miguel-Díaz Canel, aseguró después de anunciar el giro que en Estados Unidos “tienen que estar convencidos de que en Cuba hay una unidad ideológica, hay una unidad revolucionaria, hay una unidad de pensamiento y hay una unidad de acción”.
Agregó que “la revolución siempre ha demostrado capacidad para transformar, para avanzar, pero siempre con un objetivo bien definido: perfeccionar el proceso socialista”. Centró el mensaje en lo económico e indicó que, no obstante, “hay un espacio para que empresarios norteamericanos inviertan en temas comunes en materia de cooperación”.
Por ahora, el régimen de La Habana ha logrado resistir la presión de Estados Unidos evitando cualquier tipo de reforma en el sistema político. Pero la combinación de sanciones económicas, aislamiento internacional y la amenaza explícita de una acción militar coloca a Cuba frente a un escenario muy exigente, donde luce lejana la posibilidad de una flexibilización en la meta de cambio “irreversible” proclamada por la administración Trump.