La doctora en Psicología Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI —el Fondo para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia, un centro médico argentino especializado en neurología, neurocirugía y rehabilitación—, dialogó con Luis Majul en El Observador 107.9 vía Zoom desde Londres, adonde viajó para presentar ante la comunidad científica internacional los resultados de una investigación que ella misma coordinó y que fue publicada en la revista The Lancet. La especialista se encontraba en la capital británica para exponer el estudio en la Alzheimer's Association International Conference (AAIC) 2026, uno de los encuentros más importantes del mundo sobre la enfermedad de Alzheimer y otras demencias.
Qué es la neuropsicología y de qué trata el estudio
Antes de entrar en los detalles del trabajo, Crivelli explicó en qué consiste su especialidad. "Cuando sos psicólogo, después te podés especializar. Yo me especialicé en neuropsicología, hice mi doctorado en neurociencias", contó, y precisó que los neuropsicólogos "estudiamos las consecuencias de los procesos en el cerebro, en la conducta". Es decir, analizan qué ocurre con las emociones, los pensamientos, la atención y la memoria de una persona cuando su cerebro se ve alterado por una enfermedad neurológica —como el Alzheimer, un ACV, un tumor, el Parkinson, la epilepsia o la esclerosis múltiple—, pero también estudian el funcionamiento del cerebro sano y el envejecimiento saludable.
Fue en ese marco que la especialista presentó el estudio que motivó la entrevista, denominado LatAm-FINGERS, publicado el mismo día en The Lancet. Según remarcó Crivelli, se trata de una investigación de particular relevancia por el rigor del medio que la publicó: "entrar en ese journal es muy difícil", señaló, ya que se trata de la revista científica con mayor factor de impacto del mundo.
El nombre del estudio remite a su antecedente directo, el ensayo finlandés FINGER (por sus siglas en inglés, Finnish Geriatric Intervention Study to Prevent Cognitive Impairment and Disability), considerado el primer gran trabajo en demostrar que una intervención sobre varios hábitos de vida a la vez podía mejorar el rendimiento cognitivo en personas con riesgo de deterioro. LatAm-FINGERS retomó ese modelo, pero no se limitó a replicarlo: lo adaptó a las particularidades sociales, culturales y sanitarias de América Latina, una región que hasta ahora no contaba con ensayos clínicos de esta escala realizados sobre su propia población, pese a que se proyecta como una de las que más va a incrementar sus casos de demencia en las próximas décadas.
El trabajo reunió a investigadores de 11 países de América Latina —coordinados por Crivelli desde la Argentina, con el apoyo de FLENI y el financiamiento de la Alzheimer's Association, una ONG de Estados Unidos— y realizó un seguimiento durante dos años a 1.065 personas de entre 60 y 77 años, con mayor riesgo de desarrollar demencia y un rendimiento cognitivo inferior al esperado para su edad, aunque sin diagnóstico de la enfermedad. El objetivo era probar si una intervención sistemática y multidominio sobre el estilo de vida, sin fármacos, podía producir una mejora cognitiva en esa población.
Un efecto sinérgico y la puerta a políticas públicas
Los participantes fueron divididos al azar en dos grupos de 500 personas cada uno: uno recibió, durante dos años, una intervención intensiva, estructurada y supervisada sobre cinco componentes —ejercicio físico, nutrición, estimulación de la memoria, control de los factores de riesgo cardiovasculares y socialización—, mientras que el otro se limitó a recibir consejo médico general y periódico, similar al que suele brindarse en la práctica clínica habitual. El resultado fue contundente: el grupo que atravesó la intervención mejoró un 55% más que el que solo recibió recomendaciones.
"El todo es más que la suma de las partes", resumió la neuropsicóloga, y aclaró que si bien ya existía evidencia de que el ejercicio físico, la buena nutrición o la vida social activa eran, por separado, beneficiosos para el cerebro, "hacer las cinco cosas juntas tiene un efecto sinérgico que es mucho más que hacer cada cosita por separado".
Uno de los hallazgos que más le interesaron a la investigadora fue que ambos grupos mejoraron, aunque en distinta magnitud. "¿Qué nos indica esto? Que incluso solamente informando, la gente puede mejorar; que incluso solamente educando, comunicando y sabiendo sobre estas cinco cosas, la gente puede prevenir", explicó Crivelli, quien remarcó que ese gradiente entre la intervención completa y la mera comunicación abre una puerta concreta para trabajar en políticas públicas de prevención.
Según precisó la nota que acompaña la publicación del estudio, los beneficios no se limitaron a la cognición global: también se observaron mejoras en la memoria episódica, la atención y las funciones ejecutivas, capacidades vinculadas a la planificación y la toma de decisiones cotidianas. Además, la investigación demostró la viabilidad de implementar este tipo de programas a gran escala en la región: el 82,3% de los participantes completó los dos años de seguimiento, con una adherencia promedio del 71,6% al programa estructurado.
"LatAm-FINGERS demuestra que la prevención del deterioro cognitivo en América Latina no solo es posible, sino que también puede construirse a partir de evidencia generada en nuestra propia región", afirmó Crivelli en declaraciones que acompañaron la publicación. Los investigadores aclaran, de todos modos, que los resultados no implican que la demencia pueda prevenirse por completo ni que exista una garantía individual de protección. El seguimiento a los participantes continuará durante cuatro años más para evaluar si los beneficios cognitivos se sostienen en el tiempo.
El futuro: fármacos y hábitos combinados
Consultada sobre las nuevas drogas que se están desarrollando contra el Alzheimer, Crivelli confirmó la existencia de los anticuerpos monoclonales, fármacos de desarrollo novedoso que ya se utilizan en la población general de Estados Unidos y que en la Argentina se aprueban caso por caso. Se trata de drogas que combaten dos proteínas cerebrales, la beta amiloide y la tau, y que logran modificar la imagen del cerebro, aunque sin un efecto muy grande sobre la conducta.
"Las intervenciones no farmacológicas han logrado tener un efecto mucho más grande en los síntomas", sostuvo la neuropsicóloga, quien anticipó que el futuro de la investigación sobre el Alzheimer estará en la combinación de ambos abordajes. En ese sentido, reveló que en la misma conferencia de la Alzheimer's Association se anunció una nueva línea de trabajo que combina el modelo no farmacológico de LatAm-FINGERS con drogas GLP-1, los conocidos fármacos antidiabéticos —popularizados por marcas como Ozempic—, que ya mostraron efectos positivos sobre el cerebro, aunque no sobre la memoria. "Si las combinamos con un estilo de vida saludable, van a además producir un efecto muy positivo sobre la memoria", concluyó Crivelli.