18 de mayo 2024
26 de diciembre 2023 - 5:04hs

Nuestro país es un caso de estudio en el mundo por las crisis recurrentes en las que caemos de manera periódica. Cierto es que cada vez que caemos, nos levantamos. Pero es hora de que nos pongamos de acuerdo en algunas ideas comunes para no repetir errores, evitar tropezar siempre con las mismas piedras y poder sentar las bases para ordenar las cuentas de la administración pública y plantear una estrategia de desarrollo Argentina 2040

Gobernar es brindar prioridades dentro de un enfoque estratégico que le dé sentido de propósito a nuestra sociedad.  
El gobierno del presidente Milei ha encontrado el país en una situación crítica. Las diversas medidas puestas en marcha en estos últimos días son un paquete de urgencia que busca evitar la espiralización inflacionaria, con un horizonte que solo alcanza a doce meces vista. Era imprescindible hacerlo, pero no es suficiente. 

 Para generar las certezas que los argentinos necesitamos es preciso un enfoque superador mediante un programa de estabilización y crecimiento sustentado en leyes que perduren en el tiempo. La clave para generar un proceso de desarrollo que nos encamine hacia el futuro es tener un adecuado análisis de las tendencias y actores internacionales. De aquí surgen con mucha claridad las oportunidades que el nuevo paradigma mundial nos presenta. 
 
El intenso ajuste fiscal de 5,1 puntos del producto bruto interno (debido a una combinación 60% por el lado del gasto y 40% por el lado de los ingresos) así como también las medidas para apuntalar la caja en dólares del Banco Central tiene el foco en el corto plazo. Y no alcanza con podar un árbol, debemos podar el bosque para sanear las cuentas y que los tallos sanos de hoy sean el fruto del crecimiento de mañana. 

Los principales riesgos de no mirar el bosque del largo plazo son tres: 

  1. El efecto en la dinámica y la indexación de precios. 
  2. La velocidad de acumulación de reservas internacionales y sus efectos sobre la brecha cambiaria. 
  3. En un marco de caída de poder adquisitivo en los últimos seis años, la situación social marcará el pulso de los próximos meses.  

La evolución de estas tres variables será determinante para la suerte de dichas medidas. En particular, es preciso recalibrar la cantidad de pesos y dólares que circulan por nuestra economía. Un simple ejercicio de análisis dinámico del balance del Banco Central, nos muestra que la relación pasivos monetarios/reservas internacionales daba una brecha del 0% el 1/1/2020, cuando solo existía un único tipo de cambio. Hoy, esa ratio se encuentra en un 98%. Es decir que la tensión cambiaria sigue presente. 

En todo esto subyace la idea de pasar el verano con adelanto de exportaciones incentivadas por un tipo de cambio atractivo y con pagos de importaciones bajos en los primeros meses del año. Así, se busca alcanzar un superávit cambiario que permita recomponer las reservas internacionales netas, que se encuentran en niveles preocupantes: 11 mil millones de dólares negativos. 

En este contexto resulta muy positivo que nuestra sociedad ha ya internalizado que el concepto de equilibrio de las cuentas de la administración pública debe ser un medio, y no un fin, para un país que carece de crédito en todo sentido. A partir de aquí tenemos que ir por más. La política debe ordenar la economía, con acuerdos parlamentarios sólidos y una hoja de ruta previsible tanto para los inversores como para todos los argentinos. 

 Argentina necesita de manera imperiosa un enfoque estratégico de desarrollo individual y social sustentado en tres pilares fundamentales: un plan que enfoque todos los frentes al mismo tiempo, con un enfoque en la problemática económico-social, un equipo profesional e integrado, con capacidad de ejecución y una batería de leyes como las que se detallan a continuación: 
 
 En primer lugar, una ley de estabilización macroeconómica que desindexe todos los incisos del presupuesto nacional con un horizonte de cuatro años, reduciendo a la mitad la nominalidad de su crecimiento, en cada uno de los períodos parlamentarios, junto con rendición de cuentas trimestrales de cada ministerio a una comisión tricameral formada con la finalidad de realizar un firme control de gestión.  

En segundo lugar, una reforma de la Administración Pública que implique una revisión de cada repartición del Estado, tanto centralizada como descentralizada, con un criterio de “presupuestación base cero”, es decir, justificando cada uno de los gastos, sin tener en cuenta criterios históricos.  

En tercer lugar, una ley de Modernización Tributaria y Laboral que amplíe la base imponible, disminuya la informalidad, simplifique la multiplicidad de tributos, para bajar la carga impositiva.  

En cuarto lugar, una ley de desarrollo, que traiga consigo la eliminación de toda restricción o cupo a nuestras ventas externas. 

En quinto lugar, una ley nacional de infraestructura que establezca las obras necesarias para la integración productiva del país, a ser financiadas por organismos multilaterales de crédito durante el periodo 2024-2034.  

En sexto lugar, una ley de Energía y Minería, que aproveche dos megatendencias globales como son la transición y la seguridad energética, para establecer la libre disponibilidad de divisas aplicable a un porcentaje de las exportaciones de estos sectores. Si además estas inversiones se realizan en el marco de acuerdos país-país gozarán del mismo nivel jurídico de la Constitución Nacional.  

En séptimo lugar, una nueva Carta Orgánica del Banco Central que elimine el financiamiento al Gobierno y garantice la independencia de sus directores, a través de la obligatoriedad de estar aprobadas por el Senado de la Nación.  

Si nos animamos a más, y somos capaces de pensar en las generaciones venideras y no en el interés personal, también deberíamos establecer una ley de innovación productiva, una ley de empleo Pyme, un acuerdo federal de armonización impositiva, una política agresiva de apertura de nuevos mercados con acuerdos internacionales estratégicos, entre otras iniciativas imprescindibles. 

De eso se trata: de ser ambiciosos y creíbles. Ya está claro el diagnóstico, ahora hay que ponerse manos a la obra para sacar a nuestro país adelante sin más dilaciones. 

Debemos balizar el camino del progreso y del futuro, y empezar a desandarlo juntos, sabiendo que será difícil, pero posible con un enfoque sincrónico de estabilidad y desarrollo. 

Debemos entenderlo de una vez: no estamos condenados al éxito ni al fracaso. Estamos en un laberinto producto de años de estancamiento, despilfarro y falta de estrategia. Pero tenemos arreglo si esta vez decidimos hacer las cosas bien. No busquemos un salvador, busquemos soluciones. Argentina está primero.  
 
 
 
  
 

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