14 de junio 2024 - 12:02hs

La CGT volvió a quedar en el ojo de la tormenta. Los cuestionamientos sobre su exigua presencia en la movilización llegan desde los sindicatos clasistas, pero también retumban en los salones del histórico edificio de Azopardo.

En la profundización de la grieta interna hay cuestiones de forma y de fondo. La correlación de fuerzas favorece a los dialoguistas. “No creo que haya una ruptura, hay que dejar que pase el tiempo. La semana que viene ya estaremos en otra cosa”, asegura uno de los hombres que más transita los pasillos de la CGT ante la consulta de El Observador.

Ley bases: la previa y la marcha

Pese a la presión púbica de Pablo Moyano finalmente no hubo convocatoria formal de la CGT a movilizar el último miércoles. Y si bien muchos de los sindicatos confederados participaron de la marcha, la masividad que puede aportar la puesta en marcha de todo el aparato de la Central obrera estuvo ausente.

En ese marco, la división ente los gremios dialoguistas encabezados por Héctor Daer y los gremios combativos que se encolumnan tras Pablo Moyano quedó expuesta otra vez.

A las razones histórica de la división de la CGT se le suma la coyuntura. La apertura del diálogo por parte del Gobierno y a través del secretario de trabajo, Julio Cordero, con el ala menos beligerante de la CGT explica una parte de la profundización de la grieta, pero hay algo más. Los dialoguistas rechazan de plano todo lo que huela a kirchnerismo.

En ese marco, las conversaciones desde el entorno de CFK con dirigentes sindicales para que la CGT movilice terminó por dinamitar la posibilidad de tener una postura conjunta para la movilización del último miércoles.

La libertad de acción fue la herramienta utilizada para evitar la ruptura. Los gremios dialoguistas no querían una movilización orgánica. Sabían que la votación se perdía y olfateaban los disturbios. La opción fue no poner la cara. Además, no querían quedar pegados con el kirchnerismo.

Los cortocircuitos

La presión que intentó ejercer Pablo Moyano, no sólo no tuvo respuesta dentro de la CGT, sino que fortaleció la posición de los dialoguistas a no participar.

El líder camionero pidió el Salón Felipe Vallese del edificio de Azopardo para realizar “una reunión informativa con las regionales”. Sin embrago, ese encuentro se transformó en una convocatoria a la marcha frente al Congreso. El viraje no cayó bien en el Consejo Directivo.

Desde Europa, los popes dialoguistas que viajaron a la cumbre de la OIT y luego al Vaticano, ordenaron la libertad de acción y dejaron solo a Moyano. Por eso el camionero no pudo utilizar las instalaciones del edificio de Azopardo para realizar la conferencia de prensa que encabezó junto a las dos CTA y los organismos de Derechos Humanos y en la que se convocó formalmente a la marcha.

Deferencias de fondo

Héctor Daer y Gerardo Martínez, referentes del ala dialoguista de la CGT, coinciden en el diagnóstico: el proceso será largo. Los líderes sindicales creen que no sólo hay un respaldo grande de la sociedad a Javier Milei sino también a lo que representa.

En ese contexto apuntan a dar por terminada la etapa de liderazgo del kirchnerismo dentro del peronismo y rechazan cualquier idea que provenga del entorno de la expresidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

Del otro lado, los gremios más combativos, creen que el Gobierno de Javier Milei es débil y que la presión y la movilización callejera puede tener efectos concretos en la marcha del país.

Más allá de las diferencias de fondo, que son nítidas, por estas horas nadie habla de ruptura dentro de la central obrera. Más allá de que son conscientes de la apuesta que se hace desde la secretaria de trabajo para lograr dividir a la CGT.

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