3 de agosto 2026 - 17:12hs

Hernán Lacunza quiere ser presidente. Lo dijo sin demasiadas vueltas, aunque rodeó la definición con las precauciones habituales de quien lanza una candidatura y, al mismo tiempo, pretende que nadie pueda acusarlo todavía de haberse lanzado.

"Me gustaría", reconoció. Después, en distintas entrevistas, aclaró que faltan dieciocho meses, que la decisión no depende solamente de él y que todavía es prematuro hablar de nombres. También sostuvo que el PRO debería ofrecer en 2027 una alternativa independiente de La Libertad Avanza, aunque mantenga coincidencias con el Gobierno en materia económica.

La postulación quedó flotando en el aire. No hubo acto, equipo, documento programático ni respaldo orgánico. Sólo una expresión de deseo. Tampoco apareció Mauricio Macri, el jefe de su espacio político, para bendecirla. Por su parte, María Eugenia Vidal, a la que Lacunza referencia como parte de la mesa chica del PRO, por ahora parece estar más ocupada en buscar trabajo en el sector privado a través de las redes sociales que en buscar candidato a presidente.

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Hernán Lacunza, pese a todo, dice que busca la Presidencia de la Nación, pero su ambición choca contra una realidad estadística abrumadora: su paso por la gestión pública no registra éxitos, sino una colección de indicadores en rojo y causas judiciales en trámite. El exministro pretende liderar una campaña presidencial sin votos propios, sin estructura territorial y con un currículum que lo define, en el mejor de los casos, como un administrador de una crisis que solo profundizó el daño estructural.

El arquitecto del "default selectivo" y el regreso del cepo

Lacunza suele presentarse como un economista moderado, profesional y previsible. Su discurso transmite sensatez técnica. Habla sin estridencias, evita las provocaciones y se mueve con comodidad entre números, consultoras, bancos y programas televisivos. Pero está claro que una candidatura presidencial no puede evaluarse por la serenidad del tono. Debe medirse por los resultados obtenidos cuando el candidato tuvo responsabilidades concretas.

Lacunza fue ministro de Economía de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires entre 2015 y agosto de 2019. Después, Mauricio Macri lo convocó para ocupar el Ministerio de Hacienda de la Nación tras la derrota oficialista en las elecciones primarias de 2019 y la salida de Nicolás Dujovne.

Llegó al Palacio de Hacienda cuando el gobierno de Cambiemos ya estaba políticamente derrotado y la economía atravesaba una nueva corrida. Esa circunstancia debe incluirse en cualquier balance honesto: Lacunza no diseñó desde el comienzo el programa económico de Macri ni fue el principal responsable del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Recibió una administración en emergencia.

Más allá de eso, la gestión nacional de Lacunza en 2019, que duró apenas meses, dejó una marca indeleble en la historia económica: el primer default de títulos en moneda local.

Bajo el eufemismo de "reperfilamiento", el ministro postergó unilateralmente el pago de letras del Tesoro, lo que llevó a las calificadoras de riesgo a declarar al país en estado de "default selectivo".

La justificación de Lacunza fue que las medidas se tomaban para evitar daños mayores. Sin embargo, el resultado de su paso por la gestión fue una inflación que a fines de 2019 trepó al 53,8%, la cifra más alta en tres décadas. En ese mismo lapso llevó la pobreza al 35,5%.

Durante ese breve período, Lacunza, además, reinstauró el cepo cambiario que su propio espacio político había eliminado. Su gestión no estabilizó una economía en crisis, sino que terminó por administrar un derrumbe que dejó a 3,7 millones de personas de clase media bajo la línea de pobreza.

Los antecedentes bonaerenses

Antes de su salto a la Nación, Lacunza manejó las finanzas bonaerenses bajo la gobernación de María Eugenia Vidal. Sus defensores pregonan una supuesta disciplina fiscal, pero los datos oficiales desmienten el relato. Durante su mandato, la deuda pública provincial se multiplicó un 287% en pesos y la participación de la deuda en moneda extranjera creció de forma alarmante.

Según datos de la consultora BLOOMBERG, la provincia tomó en ese período más deuda que la India. En ese contexto, y ante los niveles de endeudamiento, el costo social de su política económica resultó devastador. El nivel de actividad cayó un 6,1%, la industria retrocedió un 14% y se perdieron más de 50.000 empleos registrados.

Mientras los recursos destinados al pago de intereses de deuda crecieron un 100%, el presupuesto para salud sufrió un recorte de 16.200 millones de pesos.

Lacunza se retiró de la provincia tras imponer un "reperfilamiento compulsivo" de la deuda interna, el mismo esquema que luego trasladaría al ámbito nacional.

Un liderazgo vacío y sin respaldo político

En el marco de la especulación política y el juego de los consultores, en algún laboratorio electoral alguien imaginó que el intento de Lacunza por proyectarse como un referente "profesional y moderado" frente al estilo de Javier Milei podría funcionar. Pero la realidad comienza a mostrar que hace falta bastante más que una personalidad opuesta para tener chances de competir contra la reelección de Javier Milei. Más teniendo en cuenta que dentro del mismo espacio hay hombres y mujeres con peso para dar la talla para la disputa, como Jorge Macri, Rogelio Frigerio o Nacho Torres.

Lacunza, por ahora, no logró sumar ni el respaldo de sus antiguos jefes. Mauricio Macri y María Eugenia Vidal mantienen una distancia prudente.

Además de la complejidad de encarar una campaña sin éxitos de gestión para mostrar a nivel público, Lacunza suma el lastre de su incursión en el mundo del fútbol. El ex ministro de Hacienda es el actual vicepresidente de Racing Club.

La campaña de Racing no es buena. El club de Avellaneda acumula fracasos y tanto hinchas como socios apuntan a la gestión que encabeza Diego Milito y acompaña Hernán Lacunza. Es que hace tan sólo dos años la Academia peleaba el campeonato y se hacía fuerte en torneos internacionales. El contraste tras el cambio de gestión es notable. El malestar se hace sentir en el Cilindro jornada tras jornada.

En definitiva, los pergaminos que ostenta Lacunza para anotarse en la carrera electoral rumbo a la presidencia son pobres. En política, la moderación no reemplaza la falta de resultados. En ese marco, el ex funcionario deberá ser consciente de que a la hora de pedir el voto también tendrá que dar explicaciones de su fracaso en gestión pública.

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