Fernando Ariel Sabag Montiel declaró al inicio del juicio oral por el intento de homicidio de la ex presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, que su intención era claramente matarla y que su ex pareja, Brenda Uliarte, también deseaba que esto ocurriera. "Yo la quería matar y ella quería que muera", afirmó Sabag Montiel durante su testimonio.
Cuando la fiscal Gabriela Baigún le preguntó sobre la naturaleza del atentado, Sabag Montiel respondió: "Es claro, se contesta sola la pregunta: matar a Cristina". La fiscal insistió en preguntar sobre el rol de Uliarte, a lo que él reiteró: "Yo la quería matar y ella quería que muera. Si bien en los chats decía que quería hacerlo, yo nunca le dije o le ordené que lo haga. Nunca le di el arma para que lo haga. Ella quería ser más una espectadora del momento que una participante".
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Los motivos de Sabag Montiel para atentar contra la vida de Cristina Kirchner
Sabag Montiel explicó sus motivos para atentar contra la entonces vicepresidenta el 1 de septiembre de 2022, diciendo que lo consideraba "un acto de justicia" y que no buscaba un beneficio económico. "Tiene una connotación más profunda, más ética, y más comprometida con el bien social que otra cosa", comentó.
Por primera vez, Sabag Montiel dio detalles sobre el atentado, relatando que le apuntó a la cara de la vicepresidenta desde una distancia de 30 centímetros. "Gatillé una vez, no dos veces como se dijo. Y no le volví a dar recarga al arma porque fui interceptado. No tuve momento de salida o escape del plan. La distancia fue prudencial para tener un marco de poder llegar", dijo ante el Tribunal Oral Federal 6 de Comodoro Py. "Solo era yo el que portaba el arma en el bolsillo de reverso de la campera. Una parte estaba en un bolsillo y el cargador lo tenía en otro. Brenda no tenía armas", recordó.
Sobre su detención, Sabag Montiel dijo no recordar mucho porque todo pasó muy rápido. "Esa iba a ser la primera vez que iba a matar a una persona. Todo pasa muy rápido, debe ser como un reflejo del cerebro que se desconecta. Cuando me agarran los manifestantes, los que me sacan son la gente de seguridad de Cristina. Uno me propina un golpe que casi me saca el ojo. Y les decía 'yo soy de ustedes', lo dije para que no me peguen", relató.
El juicio por el delito de tentativa de homicidio
Sabag Montiel, Uliarte y Nicolás Carrizo son los tres acusados del intento de homicidio de Cristina Kirchner, y comenzaron a ser juzgados por el delito de tentativa de homicidio doblemente calificado por alevosía y el concurso premeditado de dos o más personas agravado por el uso de arma de fuego. El proceso se inició con la lectura de la acusación, seguida de distintos planteos de las partes, y luego las indagatorias. Sabag Montiel fue el primero en declarar, sentado en el mismo asiento que ocupó Cristina Kirchner cuando declaró como acusada en el juicio por la obra pública en Santa Cruz.
En su declaración, Sabag Montiel explicó que los motivos de su atentado no estaban relacionados con una oposición política al kirchnerismo. "Las bases o el incentivo por las cuales cometí el atentado no es para tener una posición en las antípodas del kirchnerismo o de estar en un sector contrario. Los fines tienen más un tinte personal que un fin que pueda beneficiar a algún sector político", dijo, y se definió como "apolítico", mientras que describió a Uliarte como libertaria. Contó que se conocían desde hacía siete años y que un mes antes del atentado tenían una relación de "amigos con derechos".
Explicó que sus motivos eran personales, relacionados con su descontento con lo establecido. "Respecto de la persona de Fernández de Kirchner no me gusta, es corrupta, roba, hace daños a la sociedad y demás cuestiones que ya son sabidas. No es necesario que sean aclaradas por mí porque cualquier persona siente lo mismo que yo, o la mayoría", dijo, y responsabilizó a la ex mandataria por la inflación: "Me sentí humillado de tener un buen pasar a ser vendedor de copitos".
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"Se me tildó de sicario, psicópata, de estar relacionado con el grupo Revolución Federal a quien no conozco, o que yo recibí dinero y de no tener en cuenta de una motivación personal y no de interés. Por intereses y no por valores me parece desestimarme o poner en un lugar a una persona en el cual no la tiene. Creo que es un acto de justicia y no fue un acto en el que traté de favorecerme económicamente. Tiene una connotación más profunda, más ética, y más comprometida con el bien social que otra cosa", sostuvo sobre por qué quiso matar a Cristina Kirchner.
En cuanto al rol de Uliarte en el atentado, ante la pregunta del abogado de la acusada, Alejandro Cippola, Sabag Montiel contestó: "Ella me escuchó, mis ideas, lo que quería hacer y a dónde quería llegar. Y compartió conmigo pero ella no estaba tan segura de lo que yo podría hacer. Capaz que ella lo tomó como un juego de niños o una muestra de valentía para tratar de quedar bien con la gente y no como algo serio, algo profundo. Si bien eso la complicó de cierta manera, tampoco hubo un freno para decir no hagamos esto porque podemos caer presos". Luego dijo que su rol fue "acompañarme, nada más" y que lo motivaba a cometer el crimen. De hecho, la noche del atentado Uliarte fue con Sabag Montiel a la casa de Cristina Kirchner.
Alrededor de 300 testigos del intento de homicidio
Por los tribunales federales pasarán alrededor de 300 testigos, una cifra considerable. El intento de magnicidio ocurrió en medio de una multitud que, hace casi dos años, se reunía diariamente frente a la casa de Cristina Kirchner en Recoleta, un barrio acomodado de la capital argentina. Esta concentración manifestaba su apoyo a la expresidenta en la etapa final de un caso de corrupción en el que finalmente sería condenada.
Sabag Montiel fue capturado por los seguidores de la expresidenta y su intento de magnicidio quedó registrado por las cámaras de televisión. Esas mismas cámaras mostraron cómo Brenda Uliarte se alejaba del lugar con disimulo. El análisis de los teléfonos móviles de los acusados condujo rápidamente a Carrizo, el tercer acusado. Carrizo era jefe de la pareja en un proyecto de venta callejera de copos de azúcar. En su primera declaración, afirmó que no tenía idea de lo que planeaban sus empleados, pero los chats demostraron que el plan de magnicidio llevaba al menos dos meses de preparación y había habido incluso un par de intentos fallidos.
“Voy a ir a la casa de Cristina y le voy a pegar un corchazo (un tiro). Si no soy yo será otro enfermito”, le dijo Montiel a su novia en un mensaje por WhatsApp. Ella no se quedaba atrás. “Hoy me convierto en San Martín, voy a mandar a matar a Cristina. Mandé un tipo a matar a Cristina, no le pagué, él también está recaliente con ella”, le escribió a una amiga, refiriéndose a su novio.
Las conversaciones formaron parte de la lectura de los argumentos que la querella y la fiscalía presentaron para elevar la causa a juicio. Los acusados escuchaban en la misma sala enchapada en madera donde se juzgó el atentado terrorista que en 1984 destruyó la mutual judía AMIA en Buenos Aires. Sabag Montiel, con barba larga, cabello desalineado y un abrigo rojo, mostró un papel a los fotógrafos donde había escrito “me tienen secuestrado”. El autor del disparo fallido se sentó lejos de sus abogados, solo, a unos cinco metros de Brenda Uliarte, su exnovia.
Vestida con un abrigo de motivos escoceses, Uliarte se mantuvo petrificada durante la audiencia, sin prestar atención a su defensor. Se puso de pie durante un cuarto intermedio para que le colocaran las esposas. Giró la cabeza y clavó la mirada perdida en los periodistas que seguían el juicio detrás de un vidrio de protección. Lo de Carrizo fue diferente: vestido con saco azul y camisa blanca, hablaba todo el tiempo con su abogado y no paraba de moverse. Está acusado de ser partícipe secundario del atentado, una especie de instigador de poca monta líder de “Los Copitos”, como los llamó la prensa por vivir de la venta de copos de azúcar en plazas y parques.
El juicio contará con un largo desfile de testigos. El momento estelar será la presencia de Cristina Kirchner, prevista para después del invierno. Este miércoles estuvo representada por sus abogados, quienes insistieron en avanzar en la identificación de los autores intelectuales del fallido magnicidio. “La jueza dividió la causa en dos y preservó todo lo relacionado con la posible existencia de una línea política o económica detrás del atentado”, se queja Marcos Aldazabal, de la querella. “Lo que ha quedado afuera tiene que ver con distintas pruebas que fueron surgiendo a lo largo de estos casi dos años que podrían vincular a personas del ámbito político. El primer día de investigación se borró el teléfono del principal imputado en circunstancias que se desconocen. Hoy tenemos a tres personas visiblemente involucradas, pero no al contexto general”, dice.
El teléfono borrado está en la raíz de las sospechas de la querella. Los chats difundidos este miércoles muestran conversaciones entre Brenda Uliarte y Nicolás Carrizo, tanto entre ellos como con terceros, pero nada de Sabag Montiel, el responsable de apretar el gatillo.