La decisión se tomó en las últimas horas en una reunión reservada entre Milei, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el asesor presidencial Santiago Caputo. El diagnóstico compartido fue que, en el primer semestre, no hay margen político para dispersarse: la prioridad absoluta será la reforma laboral y todo lo demás quedará en pausa, al menos hasta que el oficialismo ordene los votos y la negociación con los bloques dialoguistas.
El Código Penal quedó postergado hasta marzo, al menos
En la Casa Rosada sostienen que abrir simultáneamente el debate penal y el judicial corría el riesgo de generar un “combo” imposible de administrar. Por un lado, el Código Penal demanda una discusión técnica extensa y, a la vez, inevitablemente política; por el otro, la Corte Suprema es una negociación de alta tensión que requiere acuerdos transversales y, en los hechos, algún puente con sectores del peronismo. Nada de eso está hoy al alcance del oficialismo, que llega al Senado con números ajustados y con una agenda que busca disciplinar.
Karina Milei, además, aprovechó el nuevo esquema para cajonear cualquier negociación con el kirchnerismo u otros bloques peronistas vinculada a la conformación de la Corte. La Corte tiene dos vacantes y el Gobierno intentó cubrirlas con nombramientos en comisión: el del juez federal Ariel Lijo y el del académico Manuel García Mansilla. La jugada, que buscaba resolver el problema por la vía rápida, no llegó a buen puerto: el oficialismo no reunió los apoyos necesarios para sostener políticamente esa estrategia y, en paralelo, el Senado no mostró disposición a convalidar el esquema sin un acuerdo amplio. El resultado fue un impasse que ahora la Casa Rosada convierte en pausa formal.
Milei Bullrich
Javier Milei pospone el debate del nuevo Código Penal en el Congreso y congela completar la Corte Suprema.
Javier Milei quiere un Gobierno concentrado en la reforma laboral
El repliegue también alcanza al nuevo Código Penal, una iniciativa con la que el Gobierno buscaba mostrar capacidad de reforma estructural en seguridad y justicia. La lectura interna, sin embargo, es que impulsarlo sin votos y sin una mesa de acuerdos clara en la Cámara alta implicaba exponerse a un desgaste que Milei no quiere asumir en la primera mitad del año legislativo.
Esa decisión de postergar el Código Penal se suma, además, a otras dos reformas que el Gobierno ya decidió patear para adelante: la fiscal y la previsional. En Balcarce 50 admiten que la lógica es la misma: no quitarle el foco de atención a la reforma laboral, el proyecto que Milei considera decisivo para ordenar expectativas económicas y enviar una señal de “cambio” hacia el mercado y hacia los aliados externos.
Sin cambios en la Corte Suprema, al menos por ahora
El oficialismo cree que la reforma laboral funciona, también, como una prueba política. No solo por el contenido, sino por el método: si Milei logra una media sanción con cambios pactados, ganará aire para abrir otras discusiones en el segundo semestre. Si se empantana, en cambio, el Gobierno corre el riesgo de entrar en una dinámica de bloqueo en la Cámara alta justo cuando pretende acelerar el resto de su agenda.
Javier Milei pospone el debate del nuevo Código Penal en el Congreso y congela completar la Corte Suprema.
En el entorno presidencial sostienen que, sin una reforma laboral aprobada o encaminada, el resto de los proyectos de alto voltaje —desde la discusión penal hasta la Corte— no solo se complican: se vuelven imposibles. Por eso Milei decidió concentrar capital político en un solo objetivo, aun cuando implique archivar por meses debates que el propio Gobierno había prometido impulsar.
La apuesta es, en síntesis, evitar que el Senado se transforme en un campo de batalla múltiple. El Ejecutivo prefiere elegir su pelea, administrar tiempos y negociar desde una posición más sólida. Y en esa estrategia, la reforma laboral es el único expediente que no admite postergación.