El próximo 26 de octubre está marcado en rojo en el calendario del oficialismo desde principio de año. La Libertad Avanza (LLA), en general, y la conducción de Javier Milei se someterán a su primer test electoral desde el desembarco libertario en la Casa Rosada. Está claro que los comicios del próximo domingo no determinarán un cambio en el Ejecutivo, pero sí trazan el escenario legislativo de la segunda mitad del mandato. Históricamente, ningún oficialismo salió indemne desde 1985.
El análisis sobre la interpretación de los datos está en el centro de la escena. ¿Con qué porcentaje se puede considerar ganador al oficialismo más allá de lo que marque la distribución de bancas? Una de las variantes para contestar la pregunta tiene que ver con la historia reciente, que ofrece parámetros definidos para medir el éxito de LLA.
Las claves para festejar una victoria oficialista
El desafío del oficialismo está claro. Conseguir el tercio en ambas cámaras para poder resistir la insistencia de los vetos y tener la potencia parlamentaria suficiente para poder avanzar con la agenda propia. En ese marco la primera mirada está centrada en el porcentaje nacional de cara a la conformación de la Cámara de Diputados.
En busca del 35%
Lo primero que deberá tener en cuenta el oficialismo a la hora de mirar los números el domingo por la noche debe ser el acompañamiento a nivel nacional, específicamente para la categoría de Diputados. El promedio histórico de los oficialismos nacionales es del 35%.
Para que LLA obtenga un resultado considerado sólido, debe superar o igualar este 35% de los votos a nivel nacional agregado. Históricamente, solo cuatro oficialismos igualaron o superaron el 40% en una legislativa intermedia (la UCR en 1985, el PJ en 1991 y 1993, y Cambiemos en 2017). Además, la mitad de los gobiernos de turno se ubicaron históricamente por debajo del promedio.
La cosecha en Diputados: sumar 50 bancas
El segundo hito esencial se mide en la cantidad de escaños que el oficialismo logra en la Cámara de Diputados. El promedio histórico de bancas ganadas por oficialismos es de 50 bancas.
LLA debe analizar si gana más o menos de 50 bancas en la Cámara de Diputados para medir su éxito. Los oficialismos solo cosecharon más de 60 en 5 elecciones intermedias. Claro que la conformación de alianzas y la sumatoria en particular del PRO dentro de las listas del Gobierno pone un asterisco en este análisis.
Más allá de este número, la reflexión histórica advierte una dificultad: los oficialismos nacionales suelen perder bancas en elecciones intermedias versus la legislativa inmediatamente anterior. Son pocas las excepciones que lograron ampliar su fuerza legislativa, incluyendo a la UCR en 1985, el PJ en 1993, el FPV en 2005, y Cambiemos en 2017. Cambiemos, de hecho, fue el único que logró el crecimiento en ambas cámaras del recinto en 2017.
En busca del tercio puro
Finalmente, los resultados definirán cuán grande queda el bloque oficialista de cara a los dos años siguientes. LLA debe evaluar si alcanza el tercio propio puro en ambas cámaras o si, por el contrario, necesitará irremediablemente de aliados para lograr sus objetivos.
En promedio, los oficialismos salen de la elección intermedia con entre el 42% y el 50% de la Cámara de Diputados. Es un escenario raro que logren conservar la mayoría absoluta (solo pasó con UCR en 1985, y con el PJ/FPV en 1991, 1993 y 2013). Cambiemos, tras una excelente elección nacional en 2017, consolidó el 42% de la cámara.
En el Senado, el escenario es complejo. Históricamente, la cámara alta ha sido más favorable a los oficialismos peronistas. Por ejemplo, Cambiemos solo alcanzó un tercio en 2017. Lograr el tercio puro en ambas cámaras resulta un punto comparativo vital para el análisis de la fuerza legislativa de LLA.
El escenario postelectoral
Las elecciones intermedias reconfiguran el tablero político-institucional. La profundidad de los movimientos dependerá de los resultados. La historia indica que en 40 años ningún oficialismo logró ampliar sustancialmente su fuerza legislativa a la mitad del mandato presidencial.
Si LLA no logra superar los umbrales históricos, el camino es claro: la mayoría de los oficialismos debieron recalibrar su agenda y mejorar el vínculo con la oposición. El objetivo dependerá del número y puede alternar entre la búsqueda de mejorar la gobernabilidad, el inicio del camino a la reelección, o simplemente el deseo de sobrevivir el resto del mandato. Lo cierto es que casi ningún gobierno ha salido fortalecido desde 1985.