Trump, Vaca Muerta y Latinoamérica: la agenda externa argentina en 2026
El país entra al año que viene con una agenda externa cargada: más acercamiento con Occidente, redefinición regional y presión por financiamiento y litigios.
Sin lugar a dudas, la agenda externa de la Argentina fue uno de los ejes más relevantes para el Gobierno a lo largo de este año. Durante la primera mitad, Javier Milei realizó múltiples viajes al exterior, principalmente a Estados Unidos, en una estrategia de fuerte exposición internacional. Pasado el primer semestre, el Presidente debió concentrarse más en la agenda doméstica —marcada por escándalos y resultados electorales—, aunque sin abandonar el frente externo ni el vínculo con los principales actores globales.
De cara al año entrante, todo indica que la gestión libertaria profundizará algunos de los lineamientos que ya vienen teniendo prioridad, como la relación con Estados Unidos y los eventuales acuerdos comerciales que podrían desprenderse del marco de cooperación anunciado en noviembre. Al mismo tiempo, otros factores comenzaron a ganar peso durante 2025, especialmente en los últimos meses, como el avance de fuerzas políticas de derecha en América Latina, un fenómeno que abre la puerta a nuevas formas de articulación regional.
¿Qué puede esperarse en 2026? Desde la relación con potencias y bloques internacionales, pasando por el aprovechamiento de los recursos naturales, hasta los compromisos financieros y litigios pendientes, el próximo año aparece como una instancia clave para la Argentina y para la forma en que, según el Gobierno, el país busca reinsertarse y ganar protagonismo en un mundo atravesado por tensiones, demandas energéticas y reconfiguraciones geopolíticas.
Estados Unidos volverá a ocupar un lugar central en la agenda internacional argentina en 2026, tanto por razones políticas como económicas. El vínculo bilateral se encuadra hoy en un alineamiento explícito del gobierno de Javier Milei con Washington, que se tradujo en gestos diplomáticos, coincidencias discursivas y señales de respaldo financiero.
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Uno de los principales condicionantes será el escenario político estadounidense, que el año próximo atravesará elecciones de medio término, una prueba clave para la administración republicana, que hoy controla ambas cámaras del Congreso. En ese contexto, la Argentina buscará sostener una relación fluida con la Casa Blanca, luego de haber anunciado un nuevo marco de cooperación bilateral orientado a avanzar en acuerdos comerciales y a profundizar la agenda económica común.
Más allá del plano político, el vínculo con Estados Unidos será determinante por su peso en los organismos multilaterales de crédito, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el BID, en un año en el que la Argentina deberá administrar vencimientos de deuda relevantes y sostener el acceso al financiamiento externo. A la vez, el alineamiento se proyecta sobre áreas estratégicas como energía, defensa, minerales críticos y tecnología, donde Washington busca consolidar socios confiables en América Latina frente al avance de China.
No solo Donald Trump aparece como un aliado clave para el Gobierno en materia comercial, sino también en ejes sensibles como financiamiento y recursos estratégicos. “Menor dependencia de China, mayor acercamiento a Estados Unidos” es el lema bajo el cual la gestión de Javier Milei prioriza su vínculo con el país norteamericano y, en términos más amplios, con Occidente.
Acuerdo UE-Mercosur: ¿se firmará?
La relación entre la Argentina y la Unión Europea en 2026 estará inevitablemente marcada por el derrotero del acuerdo UE–Mercosur, que llega al próximo año sin firma definitiva y con un escenario más político que técnico. Tras más de dos décadas de negociación, el tratado quedó atrapado en resistencias internas dentro del bloque europeo, con Francia e Italia como actores centrales del freno, principalmente por la presión de sus sectores agrícolas.
Luego del intento fallido de cerrar el acuerdo antes de la cumbre de jefes de Estado del Mercosur del 20 de diciembre pasado, todo indica que el proceso podría reactivarse en los primeros meses de 2026. Aunque no existe una fecha confirmada, en Bruselas admiten que el acuerdo sigue sobre la mesa y que su aprobación podría darse en enero.
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Para la Argentina, el tratado continúa siendo una herramienta estratégica de inserción internacional, no tanto por su impacto inmediato en el comercio cotidiano, sino por el valor político, normativo y reputacional que implicaría. Sin embargo, la Unión Europea enfrenta fragmentaciones internas, con gobiernos condicionados por agendas domésticas, protestas rurales y un clima adverso a la apertura comercial.
El "giro a la derecha" en Latinoamérica: ¿una oportunidad?
El año 2026 encontrará a la Argentina operando en una América Latina atravesada por un corrimiento hacia la derecha, un fenómeno que redefine alianzas, discursos y prioridades en política exterior. Lejos de un bloque homogéneo, la región muestra gobiernos con agendas pro-mercado, énfasis en el orden fiscal y distanciamiento de los esquemas de integración ideologizados que dominaron décadas pasadas.
Los triunfos electorales de José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz Pereira en Bolivia y Nasry “Tito” Asfura en Honduras aparecen como una oportunidad para la gestión de Javier Milei, que se percibe a sí misma como parte de ese giro regional. Sin embargo, el nuevo mapa político está lejos de ser estable: muchas de estas administraciones enfrentan fragilidad interna, lo que condiciona su capacidad de sostener reformas profundas o compromisos de largo plazo.
En este escenario, la política exterior argentina deberá moverse con pragmatismo: capitalizar coincidencias en comercio, energía y seguridad, sin asumir que el corrimiento ideológico garantiza estabilidad ni apoyos automáticos. El péndulo latinoamericano sigue plenamente vigente.
Deuda externa, un viejo conocido
Como es habitual en la historia económica argentina, uno de los desafíos más relevantes de 2026 será el frente de los vencimientos de deuda, un factor que condicionará buena parte de la política internacional del Gobierno en el tramo siguiente de su mandato. El volumen de compromisos vuelve a colocar en el centro de la escena la relación con acreedores, organismos multilaterales y mercados, en un contexto de margen financiero acotado.
Las estimaciones privadas ubican los vencimientos de deuda para 2026 entre US$17.000 y US$19.000 millones, según los instrumentos considerados. La magnitud del desafío es significativa: esos compromisos representan más del 40% de las reservas brutas del Banco Central, que en los últimos días superaron los US$43.000 millones.
Este escenario obliga al Gobierno a sostener una estrategia financiera internacional pragmática, con foco en la negociación de plazos, el acceso al crédito y la construcción de confianza externa. En ese sentido, la reciente colocación de deuda por US$1.000 millones y la aprobación del Presupuesto funcionan como señales clave para los mercados, que el Ejecutivo necesitará replicar a lo largo de 2026.
La batalla en los juzgados internacionales: ¿qué puede ocurrir con YPF?
La Argentina llegará al año que viene con un frente judicial externo complejo y de alto impacto fiscal. Entre demandas en tribunales de Estados Unidos y el Reino Unido, además de arbitrajes ante el CIADI, el stock de litigios y sentencias adversas supera los US$30.000 millones. En varios casos, se trata de procesos que ya no admiten apelaciones ordinarias y que condicionan la estrategia financiera y diplomática del Gobierno.
El expediente más relevante sigue siendo el de la expropiación de YPF. Tras el fallo de primera instancia dictado en septiembre de 2023 por la Justicia de Nueva York, que fijó una condena por US$16.100 millones, el caso ingresó en etapa de apelación. La resolución del tribunal podría conocerse en cualquier momento, con altas probabilidades de que ocurra en los primeros meses de 2026. Cualquiera sea el resultado, todo indica que el litigio terminará en la Corte Suprema de los Estados Unidos, extendiendo la definición final al menos un año más.
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De cara al año próximo, este entramado judicial no será un capítulo aislado, sino un condicionante central de la estrategia internacional argentina, con impacto directo en la relación con Estados Unidos, Europa y los organismos multilaterales, así como en el acceso al financiamiento y la llegada de inversiones.
Vaca Muerta: la gran apuesta internacional del Gobierno
En 2026, Vaca Muerta seguirá siendo uno de los principales activos estratégicos de la Argentina en su vínculo con el mundo. El desarrollo del shale oil y shale gas no solo incide en la agenda económica interna, sino que también atraviesa la política exterior, la relación con los mercados financieros y el posicionamiento del país como proveedor energético confiable en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y el debate sobre la transición energética.
El Gobierno apuesta a que el aumento sostenido de la producción consolide un perfil exportador, especialmente en gas natural licuado (GNL) y petróleo, con impacto directo en la balanza comercial y en la generación de divisas. En ese marco, los proyectos de infraestructura asociados —oleoductos, plantas de licuefacción, ampliación de puertos y redes de transporte— serán determinantes para transformar el potencial en ingresos efectivos.
Un hito central en esa estrategia fue el acuerdo firmado entre YPF y la italianaENI para avanzar en un megaproyecto de producción y exportación de GNL desde la Argentina. El entendimiento prevé el desarrollo de una cadena integrada que permitiría duplicar la capacidad de producción de gas licuado de Vaca Muerta. Para el Gobierno, este tipo de asociaciones con empresas energéticas de primera línea funcionan como una señal política y económica hacia el exterior.
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A nivel internacional, los recursos naturales colocan a la Argentina en una posición de interés creciente para Europa y Estados Unidos, que buscan diversificar proveedores y reducir dependencias estratégicas. Al mismo tiempo, Vaca Muerta se inserta en una agenda más amplia que incluye minerales críticos —como el litio en el norte del país y el cobre y el oro en Cuyo—, ampliando el peso de los recursos naturales en la estrategia internacional argentina de cara a 2026.