Unión Europea-Mercosur: las claves para que el Consejo Europeo aprobara el acuerdo
El giro de Italia, concesiones agrícolas y el contexto geopolítico destrabaron un tratado histórico que ahora entra en su etapa de firma y ratificación.
La decisión fue adoptada pese a la oposición declarada de varios países europeos, incluido Francia, y representa un paso histórico hacia la creación de una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de personas entre Europa y Sudamérica.
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Qué se aprobó y cómo se implementará
El texto del acuerdo, consensuado en diciembre de 2024 tras más de dos décadas de negociaciones, elimina de manera progresiva los aranceles sobre una porción mayoritaria del comercio bilateral. La Unión Europea acordó suprimir gravámenes sobre el 92% de las importaciones provenientes del Mercosur, mientras que el bloque sudamericano hará lo propio con el 91% de los productos europeos, a través de un esquema escalonado con plazos diferenciados según sectores y bienes sensibles.
Más allá de la reducción arancelaria, el tratado incorpora capítulos sobre comercio de servicios, inversiones, compras públicas, reglas de origen y compromisos ambientales y laborales, además de disposiciones de cooperación política. En las etapas finales de la negociación se sumó un mecanismo de salvaguardas agrícolas para alivianar la presión del sector, que habilita a los Estados miembros de la UE a suspender temporalmente preferencias comerciales si un incremento de importaciones desde el Mercosur provoca daños graves en sus mercados internos.
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Un aspecto técnico clave que permitió destrabar la aprobación -señala el analista internacional Esteban Actis- fue la decisión de la Unión Europea de dividir el acuerdo en dos instrumentos distintos, de acuerdo con sus competencias internas. Por un lado, se avanzará con el Interim Trade Agreement (ITA), que contiene exclusivamente el pilar comercial (aranceles, acceso a mercados, reglas de origen y servicios) y que solo requiere la ratificación del Parlamento Europeo. Esa arquitectura jurídica habilita la aplicación provisional del capítulo comercial del acuerdo sin necesidad de esperar la aprobación de los parlamentos nacionales.
En paralelo, el EU–Mercosur Partnership Agreement (EMPA) reúne los capítulos políticos y de cooperación y sí deberá ser ratificado por los 27 Estados miembros de la UE. Una vez completado ese proceso, el EMPA reemplazará al ITA y dará vigencia plena al acuerdo. El punto gris es qué ocurriría si algún parlamento nacional, como el francés, rechaza el EMPA: no está claro si ese escenario podría afectar la vigencia del acuerdo comercial transitorio, una discusión abierta entre especialistas que anticipa tensiones en la etapa de ratificación.
Con la aprobación del Consejo Europeo, el próximo paso será la firma formal del acuerdo, prevista para los próximos días en Paraguay, con la presencia de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y los jefes de Estado del Mercosur. Luego comenzará el proceso legislativo de ratificación en los parlamentos europeos y sudamericanos, una instancia que suele extenderse en el tiempo y abrir debates internos sobre la implementación.
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Esa demora no es un dato menor para el Mercosur: el acuerdo establececuotas comercialesque comenzarán a agotarse una vez que entre en vigencia, lo que genera un fuerte incentivo para que los países sudamericanos aceleren su ratificación y no queden rezagados en el aprovechamiento de los beneficios comerciales.
El juego político detrás de la aprobación
El avance del acuerdo UE–Mercosur se explica por una combinación de factores coyunturales y estructurales. En el corto plazo, el cambio de posición de Italia fue decisivo para destrabar la votación en el Consejo Europeo. Tras semanas de resistencia, Roma habilitó su respaldo luego de recibir compromisos adicionales por parte de la Comisión Europea, entre ellos la ampliación de fondos comunitarios y ajustes específicos en las salvaguardias agrícolas, uno de los puntos más sensibles del debate interno. La maniobra consolidó una victoria política para la presidente de Consejo de Ministros, Giorgia Meloni, que supo capitalizar su poder para obtener concesiones en favor de su sector agroindustrial.
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Pero más allá del episodio italiano, el cierre del acuerdo respondió a un factor de fondo compartido por analistas y diplomáticos: el cambio del contexto geopolítico global. Durante años, la negociación estuvo paralizada por prioridades internas europeas (la crisis migratoria, el Brexit, la pandemia y la guerra en Ucrania) que relegaron al Mercosur a un segundo plano. Ese escenario se modificó con el avance del proteccionismo a nivel global y la necesidad de la Unión Europea de diversificar proveedores, reducir dependencias estratégicas y revitalizar su política comercial externa, aun a costa de enfrentar resistencias domésticas.
Aun así, la aprobación no fue unánime. Varios Estados miembros expresaron su rechazo formal al acuerdo. Francia, bajo el liderazgo de Emmanuel Macron, sostuvo que el texto no ofrece garantías suficientes para proteger a sus agricultores frente a la competencia sudamericana. A esa posición se sumaron Polonia, Hungría, Irlanda y Austria, mientras que Bélgica optó por la abstención. Todos compartieron objeciones vinculadas al impacto potencial del tratado sobre sectores agrícolas sensibles como el bovino, el avícola y el azucarero, además de los estándares ambientales que creen el Mercosur no puede cumplir.
Pese a conformar un bloque opositor relevante, estos países no lograron reunir una minoría capaz de bloquear la mayoría cualificada necesaria para frenar la decisión. El resultado dejó en evidencia una tensión creciente dentro de la Unión Europea entre los intereses nacionales y la estrategia comercial del bloque, una dinámica que probablemente reaparezca durante la etapa de ratificación parlamentaria.
La oposición al acuerdo no se limita a las instituciones. En varios países europeos, especialmente Francia, miles de agricultores protagonizaron protestas y bloqueos de rutas con tractores en múltiples ocasiones, denunciando que el tratado podría inundar sus mercados con productos importados a menor costo y deteriorar la rentabilidad de sus producciones. Estos movimientos sociales explican en parte las complejas negociaciones internas que debió afrontar la Comisión Europea para conseguir los apoyos necesarios, cuya presidente, Ursula von der Leyen, se jugaba todo su capital político en la aprobación del acuerdo.
Un tratado de alcance estratégico
Más allá de su impacto comercial directo, la aprobación del acuerdo UE–Mercosur representa un hito en la política comercial internacional. El tratado no sólo busca facilitar el intercambio de bienes y servicios entre Europa y Sudamérica, sino también responder a un entorno global marcado por la reconfiguración de cadenas de valor, la competencia estratégica entre grandes potencias y la creciente necesidad de espacios de cooperación ampliada.
Si logra completar todas sus etapas de ratificación, el acuerdo creará una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con potencial para dinamizar inversiones, diversificar mercados y consolidar la posición de ambos bloques en un orden económico internacional cada vez más competitivo y más proteccionista.