20 de mayo 2026 - 18:28hs

Los inmigrantes argentinos en Estados Unidos son los latinos con mayor ingreso por hogar, con una mediana que supera los 100.000 dólares anuales. La conclusión surge de datos del censo estadounidense procesados por el sitio de análisis de datos Latinometrics. Eso no sólo los ubica por encima de cualquier otro grupo latinoamericano en ese país sino también por encima de la mediana del hogar estadounidense en general, que ronda los 80.000 dólares.

Este dato es parte además de un fenómeno de escala mucho mayor. Los latinos que viven en Estados Unidos —unos 65 millones de personas— generan ya un PBI equivalente a la quinta economía del planeta, por delante de India, Francia, el Reino Unido y Brasil, según el mismo relevamiento. Dentro de ese bloque enorme y heterogéneo, el mayor nivel educativo explica en buena medida la situación privilegiada de la comunidad de emigrantes argentinos.

La educación como denominador común

En efecto, casi el 40% de los argentino-estadounidenses posee título universitario, de posgrado o profesional, frente al 27,5% de la población general de Estados Unidos. Entre las mujeres, la brecha es todavía más pronunciada: 40,2% contra 26,7%. Son cifras del propio Censo estadounidense que convierten a esta comunidad en la latinoamericana con mayor nivel de formación académica del país.

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Eso se traduce directamente en el tipo de trabajo que consiguen. El relevamiento de Latinometrics que compara la distribución laboral de las distintas comunidades hispanas muestra a los argentinos en el extremo superior: la mayor proporción de su población empleada trabaja en puestos de gestión y sectores profesionales, junto a chilenos, panameños y españoles, todos bastante por encima del promedio hispano y cerca del grupo asiático no hispano, que registra el mejor desempeño general.

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La contracara es igualmente reveladora. Guatemaltecos y hondureños, que en el mismo gráfico aparecen en el extremo opuesto, concentran una fracción mucho mayor de su fuerza laboral en construcción y mantenimiento. No por una cuestión de capacidades, sino porque las razones que los empujaron a emigrar fueron radicalmente distintas: no una crisis económica recurrente ni la búsqueda de mejores condiciones profesionales, sino en muchos casos una situación de emergencia directa. El origen de cada migración moldea su destino laboral.

Crisis y emigración calificada

La historia migratoria argentina hacia Estados Unidos es, en buena medida, la historia de sus propias crisis. La comunidad argentina en ese país se estima hoy en unos 119.000 ciudadanos, con un pico cercano a los 150.000 registrado tras el colapso de 2001, cuando el país entró en default y sufrió una enorme confiscación y devaluación de sus ahorros bancarios, situación que llevó a miles de profesionales a probar suerte afuera.

Esa tendencia nunca se detuvo del todo y en los últimos años se intensificó. La emigración de profesionales de tecnología creció un 30% en 2022 respecto al año anterior, según la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI), y los registros de 2024 confirman que la corriente continuó. A eso se suma la caída sostenida de los salarios reales en los últimos años, que convirtió a investigadores y académicos argentinos en algunos de los peores pagos de la región. El resultado es un flujo migratorio que, a diferencia de otros, llega a destino con credenciales consolidadas.

Ingenieros, médicos, científicos, programadores, analistas financieros: el perfil típico del argentino que emigra a Estados Unidos es el de un profesional de entre 30 y 45 años, con título universitario y experiencia en sectores de alta demanda global. Es capital humano que Argentina formó durante años y que termina aportando su productividad a otra economía.

La "quinta economía" del mundo

El dato sobre los argentinos cobra aún más peso cuando se lo ubica en el contexto más amplio de la economía latina en Estados Unidos. El informe anual más reciente, elaborado por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles y la Universidad Cal Lutheran, actualiza la cifra a 4,4 billones de dólares en 2024 —es decir, 4,4 millones de millones—, lo que ubica a esta "economía imaginaria" como la cuarta del mundo, detrás de Estados Unidos, China y Alemania, y por delante de Japón.

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Para dimensionarlo: el PBI de los latinos en EE.UU. es hoy casi un 9% más grande que toda la economía japonesa. Entre 2015 y 2023, el PBI latino creció más del doble de rápido que el resto de la economía estadounidense, con una tasa de crecimiento anual promedio del 4,6%, superada sólo por China entre las diez mayores economías del mundo.

Los números del mercado laboral son igualmente contundentes. Se calcula que para el año 2030 los latinos conformarán el 22,4% de la fuerza laboral total del país.

Empresas, empleos y una expansión sin pausa

El impacto no se limita a los trabajadores en relación de dependencia. Latinometrics cruzó datos del censo estadounidense para el período 2018-2023 y encontró que el número de empresas hispanas empleadoras creció un 54%, frente al 3,3% de crecimiento del total de firmas del país en ese mismo lapso. En el sector inmobiliario, la expansión fue del 85%; en construcción, del 80%. En el mismo período, las empresas de propietarios blancos no hispanos crecieron entre el 1% y el 6% en esos mismos rubros.

En términos de empleo neto generado, las empresas de propietarios hispanos crearon 851.000 nuevos puestos entre 2018 y 2023, más que cualquier otro grupo racial o étnico en el país: superaron a las firmas de propietarios blancos no hispanos (692.000), negras (627.000) y asiáticas (458.000). Sus ingresos pasaron de 423.000 a 730.000 millones de dólares en el mismo período.

Son cifras que muestran algo que los datos demográficos por sí solos raramente transmiten con esta claridad: dentro de la economía más grande del mundo, la comunidad latina —heterogénea, con historias migratorias muy distintas y perfiles que van del ingeniero de software porteño al trabajador rural centroamericano— funciona como uno de sus motores de crecimiento más dinámicos.

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