La competencia entre China y Occidente en inteligencia artificial (IA) no es una carrera pareja, ni es una competencia abierta. Es una carrera que ya terminó, y China la perdió. No hay "por ahora", no hay "todavía puede", no hay "si hace tal cosa". Perdió. Y las razones son prácticas, estructurales, económicas y tecnológicas, de manera que no pueden revertirse en el corto ni en el largo plazo.
Primero, China no tiene acceso al hardware de vanguardia. Los chips más avanzados del mundo —los que hacen posible entrenar y ejecutar modelos de IA con eficiencia real, se diseñan en Estados Unidos y se fabrican en Taiwán. China depende de sus propios chips, fabricados con tecnología atrasada, como los de 7 nanómetros, mientras que Occidente opera con 3 y pronto 2 nanómetros. Eso significa que para cada dólar invertido en cómputo, los centros de datos chinos obtienen menos resultados: menos tokens generados, más consumo energético, más calor, menos rendimiento. Esto no se compensa con software: es una limitación física.
Segundo, el sistema económico chino está en crisis estructural. Su deuda, su burbuja inmobiliaria, la caída del consumo interno, la desconfianza de los capitales extranjeros, todo eso limita la inversión sostenida en investigación y desarrollo. Mientras tanto, en Occidente, los gigantes de la IA (como Nvidia, Microsoft, OpenAI, Google, Meta) se financian con flujos privados gigantescos y con acceso a los mejores talentos del mundo.
Tercero, la fuga de cerebros es constante. Muchos de los mejores científicos e ingenieros chinos viven y trabajan fuera de China. Porque un sistema autoritario castiga el error. Un paper con resultados que no gustan puede significar el final de una carrera. Una hipótesis fallida no es un paso hacia el descubrimiento, sino una mancha. La innovación no nace de la obediencia, y el miedo paraliza cualquier avance. Nadie innova con una espada sobre la cabeza.
Cuarto, China no tiene una cultura de desarrollo de software libre, ni de colaboración abierta. Lo que no puede construir, lo copia o lo roba. Pero en IA eso ya no alcanza. Los modelos abiertos, como Llama, se desarrollan y mejoran en redes globales donde China no participa. Las grandes innovaciones se distribuyen por GitHub, en papers, en foros. China llega tarde y aislada.
Quinto, ni siquiera puede competir en precio. Durante un tiempo bajaron los precios artificialmente con subsidios estatales. Ofrecían modelos baratos si se usaban dentro de China. Pero eso no escala. Nadie quiere depender de servidores en suelo chino. Y cuando los subsidios se acaben, los costos reales saldrán a la luz: más caros, más lentos, más riesgosos.
Por lo tanto, no importa cuántos modelos nuevos saque China. Si se ejecutan con chips lentos, en centros de datos subsidiados, con talento reprimido y sin integración internacional, el resultado está cantado. Occidente lidera porque tiene una estructura entera que lo respalda. China no la tiene. Y no puede improvisarla. La competencia terminó.
Las cosas como son
Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.