Una inteligencia artificial que sabe cuándo vas a morir con sólo analizar tu sueño de una noche
Investigadores de Stanford desarrollaron un modelo que anticipa 130 enfermedades años antes de los síntomas y calcula riesgo de mortalidad.
16 de enero 2026 - 17:53hs
¿Puede una inteligencia artificial saber cuándo vas a morir? Investigadores de la Universidad de Stanford demostraron que sí, al menos en términos de probabilidad. Desarrollaron un sistema que, analizando únicamente una noche de sueño, predice correctamente quién morirá primero entre dos personas en 84 de cada 100 casos. No se trata de una fecha exacta en el calendario ni de ciencia ficción: el modelo identifica patrones invisibles en tus ondas cerebrales, tu respiración y tus latidos nocturnos que revelan riesgos de salud años antes de cualquier síntoma.
El sistema se llama SleepFM y representa un salto cuantitativo en el uso de inteligencia artificial para medicina preventiva. Entrenado con 585.000 horas de estudios del sueño de aproximadamente 65.000 personas, el modelo no solo predice mortalidad: anticipa 130 enfermedades diferentes con precisiones que van del 78% al 89% según la condición. Demencia, Parkinson, infartos, insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares figuran entre las patologías que el sistema detecta años antes de que aparezcan los primeros síntomas clínicos.
El estudio, publicado en Nature Medicine, demostró precisiones del 85% para demencia, 89% para enfermedad de Parkinson, 80% para insuficiencia cardíaca, 81% para infarto de miocardio y 78% para accidente cerebrovascular. La magnitud del conjunto de datos utilizado —el más grande jamás empleado para este tipo de análisis— y la consistencia de los resultados en poblaciones independientes sugieren que el sueño contiene información predictiva mucho más rica de lo que la medicina tradicional había reconocido.
SleepFM no predice una fecha exacta de muerte ni funciona como una bola de cristal médica. Lo que hace es comparar el riesgo relativo entre personas: en 84 de cada 100 casos, el sistema identifica correctamente cuál de dos individuos tiene mayor probabilidad de morir primero. Esta capacidad de estratificación de riesgo resulta fundamental para la medicina preventiva, ya que permite focalizar intervenciones en quienes más las necesitan.
El modelo analiza simultáneamente cuatro tipos de señales fisiológicas durante el sueño: actividad cerebral mediante electroencefalograma y electrooculograma, actividad cardíaca a través de electrocardiografía, actividad muscular con electromiografía y señales respiratorias. Cada grabación se segmenta en ventanas de cinco segundos, que el sistema procesa utilizando una arquitectura de redes neuronales convolucionales y transformadores para extraer patrones temporales y multimodales.
La arquitectura del modelo incorpora un mecanismo de aprendizaje contrastivo denominado LOO-CL (leave-one-out contrastive learning), que permite alinear información entre diferentes modalidades de señales mientras mantiene resistencia ante la ausencia o heterogeneidad de canales durante la inferencia. Esta característica resulta crucial porque distintos centros médicos utilizan configuraciones variables de equipos de polisomnografía, con diferente número y tipo de sensores.
Diferentes señales para diferentes enfermedades
Uno de los hallazgos más significativos del estudio es que distintas modalidades de señales predicen distintos tipos de patologías. Las ondas cerebrales demostraron ser los mejores predictores de trastornos neurológicos y mentales, las señales respiratorias resultaron más efectivas para condiciones metabólicas y respiratorias, mientras que los datos electrocardiográficos mostraron mayor capacidad predictiva para enfermedades circulatorias.
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Sin embargo, los mejores resultados se obtuvieron combinando todas las señales. Cuando el modelo analiza ondas cerebrales, respiración y latidos simultáneamente, su capacidad para ordenar pacientes según riesgo alcanza el 83% para insuficiencia cardíaca, 82% para enfermedad renal crónica, 81% para accidente cerebrovascular y 87% para demencia. Estos porcentajes indican en cuántos casos el sistema identifica correctamente quién está en mayor peligro.
El sistema identificó patrones específicos que los médicos humanos no pueden detectar a simple vista. Por ejemplo, ciertas combinaciones de ondas lentas, fragmentación del sueño REM y microdespertares predicen demencia con seis años de anticipación al diagnóstico clínico. Estos patrones no fueron programados explícitamente: el modelo los descubrió de forma autónoma durante el entrenamiento no supervisado.
La eficiencia del modelo también sorprendió a los propios investigadores. Con apenas el 10% de los datos de entrenamiento, SleepFM superó a otros modelos entrenados con cinco veces más información. Además, funciona con equipos de diferentes fabricantes y configuraciones sin necesidad de recalibración, una característica que facilita enormemente su implementación clínica.
Los investigadores compararon SleepFM contra dos modelos de referencia: uno basado únicamente en datos demográficos (edad, sexo, índice de masa corporal y etnia) y otro que procesaba directamente señales polisomnográficas sin preentrenamiento. SleepFM superó consistentemente a ambos, con mejoras en el área bajo la curva ROC que oscilaron entre 5% y 17% según la categoría de enfermedad. Las ganancias más pronunciadas se observaron en condiciones neurológicas y hematopoyéticas.
Limitaciones y camino hacia la implementación
El estudio presenta sin embargo limitaciones importantes que los propios autores reconocen. La población de entrenamiento consistió principalmente en pacientes referidos a clínicas de sueño por sospecha de trastornos, lo que introduce un sesgo de selección. No está claro si el modelo funcionaría igual de bien en población general sin síntomas. Adicionalmente, el rendimiento mostró cierta degradación en datos posteriores a 2020, lo que sugiere que prácticas clínicas cambiantes pueden afectar las predicciones.
Como ocurre con modelos complejos de aprendizaje profundo, SleepFM opera parcialmente como una "caja negra". Los investigadores pueden determinar qué modalidades son importantes para cada enfermedad y verificar que el sistema funciona, pero no siempre pueden explicar exactamente por qué detecta lo que detecta en cada caso específico. Esta falta de interpretabilidad completa representa un desafío para la adopción clínica.
La tecnología ya existe y dispositivos como smartwatches y anillos inteligentes recolectan muchas de las señales necesarias: frecuencia cardíaca, oxígeno en sangre y patrones de sueño. La brecha actual no es tanto de hardware sino de software: hace falta integrar modelos como SleepFM en plataformas comerciales y validarlos prospectivamente en estudios clínicos que demuestren no solo precisión predictiva sino también beneficio real en términos de salud.
Los investigadores de Stanford publicaron el código fuente de SleepFM como software abierto, una decisión que acelerará la investigación y permitirá que otros grupos validen y extiendan el trabajo. El objetivo declarado no es predecir enfermedades para generar ansiedad sino prevenirlas mediante detección temprana, cuando las intervenciones resultan más efectivas y las opciones terapéuticas más numerosas.