7 de agosto 2025 - 15:20hs

Esta semana causó cierto impacto un clip del programa de María O'Donnell en Radio con Vos en donde admitía que se había equivocado al criticar a Milei por decir que Axel Kicillof había dejado de medir la pobreza cuando era ministro de Economía. María sencillamente no recordaba el tema, lo cual sorprendió a muchos y despertó la sospecha de varios.

La conozco a María desde hace un par de décadas, trabajando en la revista TXT primero y como columnistas ambos de Magdalena Ruiz Guiñazú en 2010-2011 después. En primer lugar creo que tanto su preparación como su honestidad están más allá de toda discusión. Hay pocos periodistas más informados y responsables que ella y su formación está por arriba de la media de la profesión. Mucha gente decía en redes que era imposible que María se hubiera olvidado de ese dato. Para mí es evidente que ella no recordaba esa acción de gestión de Kicillof: de hecho, el episodio era fácilmente chequeable y la constatación de su error la iba a dejar en un lugar incómodo. De hecho, nos enteramos a través de ella misma. Además de todo eso, María no miente, punto. Por otro lado, me resulta mucho más interesante y revelador que efectivamente haya eliminado ese dato de sus recuerdos de manera inconsciente.

El episodio sirve para dos cosas. En primer lugar, recordar lo que pasó con la pobreza cuando el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires era ministro y, por otro lado, reexaminar el tema del sesgo en la labor periodística.

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Kicillof y la medición de la pobreza

Axel Kicillof asumió como ministro de economía del segundo gobierno de Cristina Kirchner en noviembre de 2013. Su antecesor fue Hernán Lorenzino, famoso por querer abandonar la entrevista de una periodista holandesa porque le preguntaba por la inflación, ocultada por el gobierno desde enero de 2007. "Me quiero ir" es su frase más famosa. Kicillof heredó el problema que agobió a Lorenzino. Casi siete años de mentir en la inflación —la adulteración había comenzado en enero de 2007— había distorsionado las cifras de pobreza de una manera escandalosa. Era la época en la que la presidenta decía convencida que teníamos menos pobres que Alemania.

Si la estrategia del kirchnerismo había sido falsear los índices y fingir demencia, ¿qué necesidad tuvo entonces Kicillof de discontinuar la medición de pobreza? Lo primero que el actual gobernador de la PBA pretendió hacer al asumir como ministro fue corregir un poco el IPC, hacer una medición nueva que reconociera algo de la inflación acumulada y que había quedado largamente evidenciada. En enero y febrero de 2014, con un índice nuevo, con algunas modificaciones cosméticas, ese reconocimiento superó el 3% mensual. Sin embargo, esa pequeña admisión de inflación abría la Caja de Pandora. Señalé en ese momento (perdón el autobombo) que ese sinceramiento le generaba al gobierno un nuevo problema: los índices de pobreza iban a subir y el relato de la Arcadia kirchnerista se iba a resquebrajar. Había toda una dirigencia y militancia convencidos de que el país estaba floreciente y que la pobreza era marginal y decreciente.

Embed - Kicillof: "El índice de pobreza es una medida bastante estigmatizante"

Kicillof, finalmente, resolvió el problema de una manera brutal: decidió que no haya más informes sobre pobreza. A lo largo del año fue demorando el informe semestral de EPH y finalmente, aduciendo "problemas de empalme", decidió discontinuar esa medición. Sus legendarios balbuceos a la hora de declarar lo llevaron a decir que ese índice "estigmatizaba" y otras tonterías. Lo cierto es que el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires y figura central del peronismo/kirchnerismo decidió dejar de calcular cuántos pobres había en Argentina, una medida que dejaba al país sin un parámetro fundamental. Sin embargo, los costos políticos que tuvo que pagar por semejante acción de gobierno han sido muy marginales. Es un político que pretende candidatearse a presidente por el peronismo y, por ahora, su figura más rendidora. Sin dudas, el silencio de buena parte del periodismo debe ser responsable de esa falta de accountability.

Por mi parte, como lo demuestran estos tuits de 2014, yo me volví loco tratando de alertar sobre lo que estaba haciendo Kicillof. No tuve suerte:

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La excusa del "empalme" era particularmente falsa y deshonesta. Cuando una medición estadística cambia su metodología, los protocolos indican que la anterior medición se sigue haciendo junto con la nueva de manera de "empalmar" ambos índices, el nuevo y el viejo, y poder armar una curva con puntos en común, que permita la comparabilidad. Kicillof, en su estilo desprolijo para declarar, dijo que se discontinuaba la medición de la pobreza "por problemas de empalme". Un disparate sin sentido.

Esta buena nota de Infobae, firmada por Carlos Arbia, relata muy bien todo el derrotero de la decisión de discontinuar la medición de pobreza. Me interesa no sólo señalar la relevancia mediática del tema sino esta anécdota que allí se relata:

El 22 de abril de 2014, el entonces viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, había recibido por la tarde en su oficina del quinto piso del Palacio de Hacienda a los directores del INDEC, Ana María Edwin y Norberto Itzcovich. En su calidad de encargado de la reestructuración del organismo oficial de estadística, el segundo de Kicillof les comunicó la decisión de no cumplir con el cronograma de difusión del indicador de pobreza e indigencia. La orden de no dar a conocer los datos habría surgido del más alto rango del Gobierno para evitar una nueva polémica con las estadísticas. El 22 de abril de 2014, el entonces viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, había recibido por la tarde en su oficina del quinto piso del Palacio de Hacienda a los directores del INDEC, Ana María Edwin y Norberto Itzcovich. En su calidad de encargado de la reestructuración del organismo oficial de estadística, el segundo de Kicillof les comunicó la decisión de no cumplir con el cronograma de difusión del indicador de pobreza e indigencia. La orden de no dar a conocer los datos habría surgido del más alto rango del Gobierno para evitar una nueva polémica con las estadísticas.

Lo resalto porque Emmanuel Álvarez Agis es un invitado privilegiado de periodistas como María y Ernesto Tenembaum, quienes le permiten jugar el rol del economista progresista moderado y racional. No tengo registro, quizás se me escape, de que alguna vez se le haya cuestionado su responsabilidad en el tema del abandono de la medición de pobreza.

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La recuperación del INDEC vino recién con la derrota del kirchnerismo en 2015 y el triunfo de Mauricio Macri. Fue finalmente un gobierno de "derecha" el que puso orden en el Instituto de Estadísticas, repuso a los profesionales desplazados y reconstruyó los indicadores. Es más, el presidente Macri, al retomar los cálculos de IPC y pobreza, dijo cuando salió el primer índice: "Quiero que me evalúen por este número". Dio así una medida objetiva para que en 2019 se supiera sin demasiadas dudas que la gestión económica de Juntos por el Cambio había fracasado. En su virtud, se reveló su condena.

La labor de Jorge Todesca, designado por Macri en el INDEC, trabajo al que le dedicó, enfermo, los últimos años de su vida, fue tan sólida y eficiente que trascendió incluso su gestión. El INDEC hoy —desde la presidencia de Alberto Fernández, conducido por Marco Lavagna— puede trabajar mejor o peor, como cualquier dependencia del Estado, pero es claro que cuenta con buenos profesionales y la mejor de las intenciones.

El olvido

Ahora bien, evidentemente se trata de una noticia relevante, que tuvo repercusión mediática en su momento y que fue protagonizada por una de las principales personalidades políticas de la actualidad. Lo que me llama la atención del olvido de María es que no fue un olvido superficial, sino profundo. No se trataba de algo que uno sabe y tiene arrinconado en el disco duro de la memoria, sin haber accedido al dato durante mucho tiempo, pero que ante la primera mención vuelve a activarse. Alguien —en este caso Milei— trajo el hecho al presente mencionándolo, cosa que debería despertar en un periodista de primer nivel el recuerdo inmediato. Sin embargo, María no despertó de su ensoñación, sino que se permitió corregirlo públicamente, tan segura estaba de que el episodio nunca había ocurrido.

Errores cometemos todos los que estamos frente a un micrófono, algunos (yo) más que otros (María), sin ningún tipo de dudas. El asombro no es porque se haya equivocado sino por la magnitud del olvido. A eso me refiero cuando hablo de sesgo. Se trata de un elemento psicológico no consciente que nos impulsa a sentirnos más cómodos con algunas noticias (las "noticias deseadas") que con otras. Todos tenemos nuestros sesgos y todos estamos convencidos de que nuestros juicios son transparentes y basados en la razón. Pero para olvidarse de que Kicillof dejó de medir la pobreza incluso cuando te lo están recordando hay que tener una predisposición muy especial. No es un contrafáctico tirado de los pelos pensar que si los gobiernos de Macri o de Milei hubieran discontinuado la medición de pobreza, habría sido un escándalo generalizado y María no habría olvidado el episodio.

El inevitable sesgo pone en cuestión, además, esa posición del periodismo que se reclama "neutral" y "objetiva", porque critica a uno y a otro lado de la grieta, el conocido como "Corea del Centro". La metáfora coreana aludía a esa tendencia a igualar todo, como si la equidistancia fuera per se el lugar más justo. Como remarca muy bien la metáfora original, no existe un país llamado Corea del Centro, imaginarse en la equidistancia entre una de las dictaduras más autoritarias del mundo y una democracia, solo puede lavar la imagen de la dictadura. Si a la falacia de pensar el lugar intermedio como el lugar a pararse siempre (entre el cazador y el ciervo, entre los demócratas y los autoritarios) le sumamos que todos llevamos implícito un sesgo que no podemos registrar ni controlar, lo mejor sería abandonar esa falsa neutralidad y dedicarse a darle a cada episodio el peso que le corresponde, sin la necesidad de buscar otro para equilibrar la balanza.

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