31 de julio 2024 - 18:15hs

La huella de carbono se ha convertido en un indicador clave para evaluar el impacto ambiental de diversas actividades humanas: mide la cantidad total de emisiones de gases efecto invernadero (GEI) que son producidas directa o indirectamente por una actividad, individuo, organización o país. Estos gases incluyen el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, entre otros.

En Argentina, la preocupación por la huella de carbono ha crecido en los últimos años debido a la urgencia de abordar el cambio climático y sus efectos. Las principales fuentes de emisiones de gases efecto invernadero en nuestro país provienen de la energía, la agricultura, los residuos y la industria.

El sector energético es responsable de aproximadamente el 52% de las emisiones de GEI en el país. Esto incluye la producción de electricidad a partir de combustibles fósiles, el consumo de energía en el transporte y el uso de combustibles fósiles, el consumo de energía en el transporte y el uso de combustibles en la industria y los hogares.

El sector agrícola-ganadero contribuye con alrededor del 39% de las emisiones totales, principalmente debido a la fermentación entérica en el ganado, el manejo del estiércol, el cultivo de arroz y la quema de residuos agrícolas.

La gestión de residuos sólidos y aguas residuales representa aproximadamente el 4% de las emisiones. Esto incluye las emisiones de metano de los rellenos sanitarios y las plantas de tratamiento de aguas residuales. Las emisiones industriales, que comprenden procesos como la producción de cemento y acero, representan alrededor del 5% del total de emisiones.

El aumento de la huella de carbono tiene múltiples efectos negativos: las emisiones de GEI son el principal impulsor del cambio climático, que se manifiesta en el aumento de temperaturas o el aumento del nivel del mar; puede tener efectos adversos en la biodiversidad, alterando los ecosistemas; y puede provocar una mayor frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos como los que Argentina ha experimentado, como inundaciones y sequías, que afectan la agricultura, la infraestructura y las comunidades.

Hacia la disminución de la huella de carbono

Argentina ha implementado diversas estrategias y políticas para reducir su huella de carbono y mitigar los efectos del cambio climático, entre las cuales se incluyen la promoción de las energías renovables como la solar, eólica y la biomasa (la ley 27.191 de Energías Renovables establece que para 2025, el 20% del consumo de electricidad debe provenir de fuentes renovables). También se han desarrollado programas de promoción de tecnologías más eficientes y fomento de prácticas de ahorro para mejorar la eficiencia energética en la industria, el transporte y los edificios. La implementación del manejo sostenible de residuos mediante políticas de gestión integral, incluyendo el reciclaje, la reducción en la generación de residuos y el tratamiento adecuado de los desechos, contribuye a disminuir las emisiones de metano y otros GEI. El sector agrícola, que ha adoptado prácticas de agricultura sustentable, como la rotación de cultivos, la agricultura de conservación y la gestión adecuada del estiércol. También los programas de reforestación y conservación de bosques nativos, como el Plan Nacional de Reforestación Forestal, ayudan a capturar CO2 y mejorar la biodiversidad. Por último, los compromisos Internacionales que Argentina ha asumido con la firma del Acuerdo de París, la obligan a reducir sus emisiones de GEI en un 15% para 2030 respecto a los niveles de 2005, con una meta más ambiciosa de reducción del 30% condicionada a la recepción de financiamiento y apoyo internacional.

Casos de éxito y desafíos que persisten

Entre las medidas que la Argentina implementó algunas se han revelado como especialmente exitosas. El Proyecto GENREN ha facilitado la instalación de parques eólicos y solares en varias provincias, aumentando significativamente la capacidad de generación de energía renovable. También la producción de biogás en establecimientos agropecuarios, convirtiendo los residuos orgánicos en energía, reducen las emisiones de metano y proporcionan una fuente de energía limpia. Por último, la promoción del uso de bicicletas y la mejora del transporte público en ciudades como Buenos Aires han contribuido a reducir las emisiones de CO2 derivadas del transporte.

A pesar de los avances, nuestro país enfrenta algunos desafíos, como la histórica dependencia de combustibles fósiles que habrá que superar en una transición hacia una matriz energética más limpia. El acceso a financiamiento y tecnologías avanzadas es crucial para implementar proyectos de gran escala y sostenibilidad a largo plazo. Por último, fomentar una mayor conciencia y educación ambiental entre la población y las empresas es esencial para lograr un cambio de comportamiento y apoyar políticas sostenibles.

Un llamado a la acción

Reducir la huella de carbono en Argentina es un desafío complejo que requiere un enfoque multifacético y la cooperación de todos los sectores de la sociedad. Las políticas gubernamentales, los avances tecnológicos y la conciencia pública juegan roles cruciales en la mitigación de las emisiones de GEI. A través de esfuerzos continuos y sostenidos, Argentina puede avanzar hacia un futuro más sustentable y resiliente, protegiendo su medio ambiente y contribuyendo a la lucha global contra el cambio climático.

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