Tres cuartas partes de las empresas latinoamericanas ahora identifican la gestión y el reporte del cambio climático como una prioridad estratégica, según la última encuesta ESG Landscape Latam de RSM, proveedor global líder de servicios de auditoría, impuestos y consultoría para empresas.
El estudio revela que el 82% de las empresas de la región declara que avanzar en la divulgación de su desempeño ESG es una prioridad y que se trata de un factor clave para el desarrollo de la competitividad de su negocio.
La investigación que toma datos de más de 250 organizaciones en 18 países confirma un cambio de paradigma: las empresas ya no sólo reportan, sino que comienzan a integrar la sostenibilidad en el centro de su estrategia y operación. Este avance responde tanto al fortalecimiento regulatorio como a la presión creciente del mercado. Los datos muestran una región que no solo responde a las nuevas normativas, sino que se posiciona estratégicamente para liderar y convertir los desafíos ESG en oportunidades de crecimiento.
El estudio sostiene que el fortalecimiento de la gobernanza es lo que permite conectar la sostenibilidad con la toma de decisiones y con la creación de resultados medibles y responsables.
Asimismo, el reporte afirma que la presión regulatoria regional ha demostrado ser un motor eficaz para la acción climática. Una consecuencia de esto es que la prioridad asignada al cambio climático y a las emisiones de Gases de Efecto Invernadero aumentó 16% respecto de 2024.
En este contexto, Paola Piña, Líder Regional de ESG de RSM conversó con Café y Negocios sobre los detalles que se desprenden del estudio y el impacto de la sostenibilidad en las empresas de toda escala a nivel local.
-¿Por qué las empresas comenzaron a incluir el ESG en su negocio en lugar de solo reportar? ¿Qué cambió?
Durante años muchas empresas en América Latina desarrollaron iniciativas de sostenibilidad valiosas, pero a menudo de manera aislada. Lo que está cambiando es que hoy reconocen que integrarlas y gestionarlas de forma estratégica tiene impacto directo en el negocio.
Las compañías están viendo que una buena gestión ESG puede facilitar el acceso a financiamiento —muchas veces en mejores condiciones—, fortalecer la relación con clientes que ya exigen información de sostenibilidad, y ayudar a atraer talento en un mercado laboral cada vez más competitivo. Al mismo tiempo, las prepara para un entorno regulatorio que claramente se está volviendo más exigente en la región.
Por eso el cambio no es solo reportar lo que se hace, sino gestionar ESG como parte de la estrategia del negocio.
-¿Tomar esta definición puede impactar positivamente en los resultados del negocio? ¿Lo visualizan en la práctica desde RSM?
Evidenciamos constantemente como puede impactar positivamente, pero depende mucho de cómo se implemente. Cuando ESG se queda solo en el reporte o en la comunicación, su efecto en los resultados suele ser limitado. En cambio, cuando se integra en la gestión del negocio —en riesgos, decisiones de inversión o eficiencia operativa— empieza a generar impactos concretos.
En el trabajo que hacemos con empresas de la región vemos distintos ejemplos. En cambio climático, por ejemplo, muchas compañías están migrando a fuentes de energía más limpias o revisando sus procesos productivos, y eso suele ir acompañado de eficiencias en costos. También aparecen oportunidades en innovación de productos con mayor valor percibido por el mercado o en cadenas de suministro más robustas, con proveedores mejor preparados.
Por eso ESG no es solo un tema de cumplimiento o reputación. Bien integrado, puede traducirse en eficiencias, nuevas oportunidades comerciales y decisiones de inversión más informadas. Ahora bien, en América Latina todavía estamos en una etapa de construcción de capacidades, por lo que el potencial de generación de valor aún tiene bastante espacio para desarrollarse.
El informe revela que las empresas cada vez consideran más el ESG como factor desequilibrante a la hora de contratar proveedores, ¿esto está logrando que las buenas prácticas permeen hacia empresas medianas y pequeñas?
Sí, y esto está transformando las cadenas de suministro en motores clave para la adopción de prácticas ESG. Las empresas ya no solo evalúan sus propios riesgos, sino también los de sus proveedores, impulsadas por regulaciones internacionales como la CSRD en Europa y por marcos de divulgación que comienzan a desarrollarse en América Latina.
Además, la medición de emisiones de alcance 3 y evaluaciones como el Dow Jones Sustainability Index están empujando a muchas compañías a exigir prácticas sostenibles a lo largo de su cadena de valor. Esto genera un efecto cascada: muchas pymes comienzan a adoptar medidas como trazabilidad, cumplimiento laboral o medición de emisiones, no por regulación directa, sino porque sus clientes lo demandan.
Aunque el proceso aún es incipiente, es claro que las cadenas de valor se están convirtiendo en uno de los principales mecanismos de difusión de estándares ESG en la región.