El reloj empieza a correr, el silencio se apodera de la sala, y empieza el desafío. En apenas tres minutos, años de investigación científica o desarrollo tecnológico deben condensarse en un discurso capaz de convencer a jurados y cautivar la atención del público. En Porto Alegre, Brasil, cuatro startups uruguayas fueron protagonistas de esta experiencia en las últimas horas, en el marco de la Startup Competition del South Summit, un mundial de empresas que premia la innovación.
En este encuentro —coorganizado por IE University y el Gobierno del Estado de Río Grande do Sul— las firmas uruguayas fueron seleccionadas entre más de 2.000 postulaciones y compitieron con más de 50 emprendimientos de países como Argentina, Chile, Estados Unidos, Brasil, España, Francia, Turquía, Israel, Canadá e India. Tras esta primera instancia, y mientras aguardan por la decisión del jurado, compartieron en diálogo con Café y Negocios, sus fortalezas para competir, el momento actual de sus negocios y los planes que proyectan a futuro.
Ante cientos de espectadores, Deborah Durlacher, COO de Kinzbio y la primera uruguaya a la que le tocó subrise al gran escenario en esta edición, proyecta la imagen de un paciente antes de utilizar su tecnología y relata cómo esa condición impactaba en su vida cotidiana.
Durante la presentación, pone foco en que el emprendimiento es pionero en la región en el uso de bacteriófagos, “virus buenos” con los que se trata a pacientes con graves infecciones resistentes a antibióticos. Todo esto en un contexto de crisis global de resistencia antimicrobiana (RAM), en la que infecciones bacterianas comunes están volviéndose intratables con los antibióticos estándar, lo que provoca millones de muertes y genera costos de cientos de millones cada año.
En este escenario, Kinzbio, fundada por los científicos uruguayos Gregorio Iraola y Josefina Puig, ofrece la primera plataforma de terapia con fagos personalizada aprobada por reguladores. Esta tecnología aprovecha los fagos —virus específicos que eliminan bacterias resistentes a los medicamentos—, ofreciendo un tratamiento seguro y eficaz donde los antibióticos han fallado, y creando una defensa sostenible contra las superbacterias.
Luego de su presentación, Durlacher instintivamente responde en inglés. Su mente, dice mientras se ríe, sigue seteada en ese idioma en el que tuvo que realizar la presentación (pitch).
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“Nosotros estamos aprobados en Uruguay para realizar tratamientos, y hemos empezado a tratar pacientes a mediados de 2024. En este momento nos encontramos expandiendo la operación a otros países de América Latina, como Chile y Argentina, y tenemos un acuerdo con un distribuidor farmacéutico muy importante, que estamos muy confiados que va a potenciar la llegada de la fagoterapia en la región”, cuenta la COO sobre la actualidad del negocio.
Además, adelanta que la startup está trabajando muy de cerca con el Ministerio de Salud Pública y con la Secretaría General de la Salud para que la fagoterapia sea accesible a todos los uruguayos.
“Somos la única compañía en América Latina con habilitación para realizar fagoterapia en humanos. Uruguay quiere ser un país faro en lo que es la lucha contra la resistencia antibiótica, y ser los primeros en llevar esta solución a América Latina y al mundo”, dice sobre su estrategia para destacar en la competencia y sus objetivos.
Más tarde, lejos de la salud y la biotecnología, el foco pasa a la industria. En la pantalla, la startup uruguaya-canadiense UBI Meat expone números concretos: cuánto pierden los frigoríficos por decisiones basadas en el ojo humano. El uruguayo Sebastián Victorica lleva esa experiencia al escenario. De familia de rematadores y tras años trabajando en trading y brokerage en la industria, gestó desde Canadá, junto con Martín Roja y un socio local, esta solución que busca resolver un problema que conoció desde adentro: la falta de objetividad y trazabilidad en la calidad de la carne.
Su pitch se apoya en una premisa simple pero potente: digitalizar lo que hasta ahora dependía del criterio humano. A través de inteligencia artificial, la plataforma permite a los frigoríficos analizar cortes y recortes con solo una foto tomada desde el celular, determinando con alta precisión el porcentaje de carne y grasa. La propuesta apunta así a evitar pérdidas invisibles, desde vender como estándar un corte premium hasta enviar, sin saberlo, un porcentaje mayor de carne del pactado. El proyecto, que comenzó en 2015 como un servicio de control de calidad, pivoteó durante la pandemia hacia una solución tecnológica escalable y hoy tiene presencia en varios países de la región —Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile, entre otros— y busca integrar datos de toda la cadena, desde el feedlot hasta el frigorífico, para mejorar la eficiencia y la transparencia del sistema.
“Nuestra plataforma de IA vincula los datos de animales vivos con análisis objetivos de las canales para reducir el desperdicio, mejorar la eficiencia alimentaria, disminuir las emisiones de metano y permitir la toma de decisiones transparentes y basadas en datos en toda la cadena de suministro de carne”, sostuvo el fundador.
Tras el pitch, llegan las preguntas del jurado. Victorica responde con soltura y, antes de bajar del escenario, cierra con un “suerte en el mundial” dirigido a los jurados brasileños, que arranca risas en la sala. Su participación, cuenta después, apunta más a ganar visibilidad, validar la tecnología y generar contactos que al premio en sí: “Tenemos que romper el paradigma de que esto no se puede medir con una foto. Estar acá también es una forma de demostrar que algo estamos haciendo bien”.
En la categoría enterprise, el primero en subirse al escenario es el uruguayo Víctor Sabbia, CEO de Brokerware. En los escasos 180 segundos con los que cuenta busca diferenciar su solución desde la experiencia y la oportunidad de negocio. La fintech uruguaya está especializada en mercados de valores y su portafolio de clientes está compuesto por corredores de bolsa, bancos y entidades financieras.
Más tarde, en la sala de prensa y con algunos minutos más de tiempo disponible, el CEO repasa una historia que se remonta mucho antes del boom actual. Su relación con el sector data de comienzos de los 2000, cuando aún internet daba sus primeros pasos. Y aunque la compañía como tal nació en 2010, repasa, siempre ha mantenido la lógica de “estar en el edge” y anticiparse a los cambios en un mercado tan regulado como el financiero.
Su solución tecnológica cubre todo el proceso de inversión, desde que un cliente ingresa una orden hasta la contabilidad final, conectando brokers, bancos y bolsas internacionales. Hoy, con presencia en varios mercados y un crecimiento fuerte —en Paraguay, por ejemplo, alcanzaron cerca del 50% del mercado en tres años—, la apuesta pasa por una transformación más profunda: reconstruir el sistema con un enfoque “AI first”.
El pitch, cuenta, estuvo centrado en esa oportunidad: un negocio “enorme y desabastecido”, donde muchas instituciones aún operan con sistemas obsoletos y enfrentan la presión de modernizarse. Su participación en la competencia apunta a reforzar ese lugar: ganar visibilidad, especialmente en Brasil, y abrir, por primera vez, conversaciones con potenciales inversores que les permitan acelerar la expansión en la región.
Entre pasillos repletos de emprendedores y el lago de fondo, la conversación con Emiliano Trias CSO de Xeptiva se da en movimiento. El emprendedor camina mientras repasa el momento que viven y cuenta que el pitch, que tuvo hace menos de una hora, ya abrió puertas y derivó en “tres o cuatro conversaciones relevantes” con actores del ecosistema. La escena resume bien el espíritu del evento: exposición inmediata y networking en tiempo real. A diferencia de otras startups de base científica, y por la categoría en la que compitió (digital) Xeptiva eligió no centrarse en la complejidad biotecnológica, sino en la magnitud de la oportunidad.
El foco estuvo en el crecimiento del mercado de mascotas, la falta de soluciones accesibles y un negocio que mueve miles de millones a nivel global. La empresa atraviesa un momento bisagra. Este año culmina procesos clínicos en tratamientos para dolor crónico y dermatitis en perros, y ya se encamina hacia la producción a escala industrial y las fases regulatorias, con Uruguay como punto de partida y expansión prevista en América Latina, especialmente en mercados como Argentina y Brasil. En paralelo, buscan un socio estratégico global también proyectan una nueva ronda de inversión para 2027, con la mirada puesta en seguir ampliando su pipeline de productos.
Esta tarde se conocerán los ganadores de la competencia, pero más allá del resultado final, las cuatro compañías coinciden en un mismo objetivo: validar sus propuestas, ganar visibilidad y abrir puertas en mercados cada vez más competitivos. Entre cronómetros que apuran discursos y pasillos que multiplican conversaciones, la experiencia en South Summit Brazil deja algo más que una competencia para las startups uruguayas, funciona como un termómetro del momento que atraviesa el ecosistema y una vidriera para proyectarse al mundo.