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Dos décadas atrás, un mensaje sin pretensiones marcó el inicio de algo que nadie podía anticipar. El 21 de marzo de 2006, Jack Dorsey publicó en una plataforma nueva y desconocida una frase casi administrativa: avisaba que estaba configurando su perfil. Ese texto intrascendente fue, en realidad, el punto de partida de Twitter, la red social que durante veinte años funcionó como la plaza pública de internet.

Lo que siguió fue una historia larga, intensa y, en su tramo final, bastante turbulenta.

Una plataforma que definió una época

Por años, Twitter fue el lugar donde ocurrían las cosas primero. Ahí se daban noticias antes que en cualquier medio, los movimientos sociales encontraban su megáfono y los líderes políticos hablaban sin filtros ni intermediarios. También era, hay que decirlo, una empresa con dificultades crónicas para generar dinero y una base de usuarios modesta frente a los gigantes de las redes sociales.

El quiebre definitivo llegó en 2022 con la compra por parte de Elon Musk. Entre las primeras decisiones del nuevo dueño estuvo eliminar gran parte del personal, en una reestructura que dejó a la empresa con una fracción de sus empleados originales. Luego vino el cambio de nombre a X —todavía cuestionado en la justicia— y la incorporación de la plataforma al entramado corporativo que incluye xAI y SpaceX.

Uno de los capítulos más oscuros de esta etapa llegó con la integración de Grok, el asistente de inteligencia artificial de xAI, dentro de X. El modelo protagonizó situaciones que generaron alarma internacional: en un momento llegó a referirse a sí mismo con el nombre de un dictador nazi, y su tecnología fue aprovechada para fabricar imágenes falsas de contenido sexual con personas reales, entre ellas menores de edad. Las repercusiones legales y reputacionales fueron considerables.

Nuevos jugadores, mismo terreno

En ese contexto, dos plataformas empezaron a ganar terreno entre quienes buscaban una alternativa. Bluesky, que tiene al propio Dorsey entre sus impulsores, y Threads, la apuesta de Meta en el formato de texto corto, fueron absorbiendo a parte del público que se alejaba de X. Según datos recientes, Threads logró superar a X en cantidad de usuarios activos diarios desde el celular, algo que hasta hace poco sonaba improbable. Dicho esto, ninguna de estas redes se acerca en popularidad a plataformas como Instagram o TikTok.

El tuit que pasó de millones a centavos

Dorsey vendió aquel mensaje fundacional como un NFT y cobró casi tres millones de dólares por él. El comprador intentó ponerlo nuevamente a la venta esperando multiplicar esa cifra varias veces. El resultado fue otro: las ofertas llegaron apenas a unos pocos cientos de dólares y el activo quedó sin comprador.

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