El avance de la inteligencia artificial está alcanzando niveles impensados. En 2025, los modelos capaces de crear contenido audiovisual marcan un antes y un después en la industria tecnológica.
En febrero, OpenAI sorprendió al público con Sora, el primer modelo que generaba videos. Su debut fue limitado: las creaciones no tenían sonido. Poco después aparecieron competidores, pero Google dio el golpe de efecto con Veo2 y, más tarde, con Veo3, que integró imagen y video con un realismo inédito.
La verdadera disrupción, sin embargo, llegó ahora con Sora 2, acompañado del lanzamiento de una aplicación social para iOS que permite no solo generar videos, sino también remezclarlos y compartirlos con otros usuarios.
Uno de los elementos más llamativos es la función Cameos: cualquiera puede cargar su propia imagen y aparecer en escenas creadas con Sora 2. OpenAI promete que los usuarios tienen “control total” sobre su identidad digital y que pueden “revocar el acceso o eliminar cualquier video en cualquier momento”, según publicó en su blog oficial.
Cómo representa a Uruguay
Las primeras pruebas evidencian los sesgos de estas tecnologías. Sora y otros modelos logran reproducir símbolos como el Palacio Salvo o la Torre de Antel, pero con deformaciones o asimetrías notorias. Lo mismo ocurre al intentar recrear escenas culturales locales, como un murguista o un partido de fútbol uruguayo.
La explicación es sencilla: la IA no dispone de suficiente material de entrenamiento sobre Uruguay. Sin imágenes de calidad, el resultado se resiente.
Entre la creatividad y la polémica
Los ejemplos difundidos hasta ahora muestran trailers ficticios —como uno titulado Miedo en París, con un asesino encapuchado recorriendo la ciudad— y videos de tono humorístico o experimental. En la práctica, la mayoría de los usuarios aprovechan la herramienta para producir contenidos virales o de entretenimiento, con escaso valor educativo.
Pero la expansión de estas plataformas no está exenta de debate. Tras episodios de adolescentes que se suicidaron en contextos asociados al uso de IA, las empresas del sector enfrentan crecientes cuestionamientos.
Algunas ya implementan controles parentales para limitar el acceso de menores a ciertas funciones, como la generación de imágenes. Aun así, persiste la percepción de que la seguridad no es la prioridad.
“El problema es que si tenés un modelo muy poderoso, no lo retenés hasta asegurarte de que sea seguro: lo lanzás igual porque no querés quedar atrás. El tema de safety queda de lado”, afirmó Federico Pascual, especialista que advirtió en 2014 sobre los riesgos de la IA.
Sam Altman, CEO de OpenAI, reconoció la ambivalencia: “Esto se siente como el ChatGPT de la creatividad: algo divertido y novedoso. Hay algo valioso en facilitar el paso de la idea al resultado. Pero también somos conscientes de lo adictivo que puede volverse un servicio así, y de los riesgos de acoso o daño”.
Críticas desde la divulgación
El divulgador de IA Jon Hernández, uno de los más populares en habla hispana, fue contundente: “Cada GPU usada para esto es un desperdicio. Hay demasiado bien por hacer con la IA como para malgastarlo. No necesitamos diversión: necesitamos mejor educación, más productividad y mejor atención médica. Y debemos pensar en cómo gestionar el desempleo que esto conlleva”.
También surgen interrogantes legales: abundan videos que recrean escenas de dibujos animados o personajes con riesgo de violar derechos de autor, lo que preocupa a creadores y estudios.
La batalla por la atención
Más allá de la innovación técnica, lo que está en juego es la industria de la atención, dominada hoy por Meta (Facebook e Instagram), X y TikTok. OpenAI se suma ahora a esa competencia.
Estas plataformas saben cómo funciona el cerebro humano al escrollear, cómo se libera dopamina y cómo sostener la adicción al feed. Altman lo tiene claro: “En una era de contenido infinito, la atención humana es una de las pocas cosas finitas. Intentarán capturar la mayor cantidad posible”.
La pregunta es hasta dónde llega la creatividad… y hasta dónde estamos dispuestos a entregar nuestra atención.