Autonomía, en robótica, significa que la máquina decide sola parte de lo que hace: mira el entorno, entiende dónde está la pista y corrige el rumbo sin que alguien la maneje. Lo contrario es el control remoto, donde una persona aprieta los botones y el robot solo ejecuta.
Pechiar explica que el desarrollo va por capas, una arriba de la otra. La primera es la que más se ve en redes: robots que bailan, patean y pelean. Ahí funcionan modelos pre-entrenados, movimientos ensayados miles de veces antes hasta que salen bien, que después se disparan cuando alguien los pide.
La técnica que se usa para ese entrenamiento se llama aprendizaje por refuerzo: el robot prueba, se cae, corrige y repite hasta que le sale. "Una persona con un control remoto aprieta botón de patada, y el robot da patada, sin caerse", graficó Pechiar. Es impresionante de ver, pero ahí no hay ninguna decisión propia.
La segunda capa es la autonomía: percibir el ambiente, saber para dónde ir, no chocarse. Y arriba de todo están los modelos de mundo, que es lo más difícil: que el robot entienda qué hay que hacer y cómo hacerlo con lo que está viendo en ese momento, sin un libreto previo. "Ahí aparecen Boston Dynamics, Figure. Para los robots que bailan están los chinos", dijo.
"Todas las capas son muy difíciles, y vienen avanzando cada uno a su velocidad", agregó. Eso se vio en la pista: varios robots no lograban frenar, chocaban contra las protecciones, caían o incluso despedían chispas. Tiangong Ultra, antes del 8,64, había marcado 9,39 y luego 8,86 segundos.
"Incluso estos robots que corren en la olimpíada, si no se rompen en el camino, se hacen paté en la llegada tratando de frenar. Algo que a las personas no les pasa tanto", dijo Pechiar. Aclaró que no investigó a fondo esta edición y que su lectura se apoya en videos en redes y discusiones en foros.
Cuánto de lo que se vio ya viene de fábrica
Ricardo Grando, docente de robótica en la Especialización en Robótica e Inteligencia Artificial y en la Ingeniería en Control y Automática de UTEC, aportó una lectura sobre quién construye esas máquinas. "China es la principal potencia en el área de robótica humanoide. Tiene varias startups y empresas que desarrollan robots humanoides", dijo.
Esa industria explica, para él, que sea China la que organice un mundial con este impacto. Y también explica el punto de partida de los equipos: muchos de los robots que compiten "ya tienen muchas habilidades por default, ya vienen por estándar". Es decir, salen de fábrica sabiendo caminar y agarrar objetos.
Lo que hacen los competidores es tomar esa base y adaptarla a la tarea de cada categoría: una carrera, o la manipulación de un objeto puntual. "Hay avances como contribuciones para la parte de robótica, inteligencia artificial, visión computacional", señaló Grando.
La visión computacional es la parte que le permite al robot "ver": una cámara toma la imagen y un programa interpreta qué hay ahí, si es una pelota, una pared o una persona. Sin eso, la máquina se mueve a ciegas.
Aun así, Grando marcó el límite: "Muchos de esos robots ya tienen cosas hechas por default, desde su construcción". Su conclusión sobre el nivel técnico exhibido es directa: "Es una adaptación de lo que ya existe para esas competencias".
También relativizó la escala del evento. Los Juegos empezaron el año pasado y siguen "muy localizados en China", sin la estructura de RoboCup o FIRA, dos mundiales de robótica más viejos que ya se organizaron en varios países. Aun así, para él la competencia "es algo muy bueno" porque permite a mucha gente exponer sus avances.
Y explicó por qué el formato pega tan fuerte con el público: la robótica humanoide "llama bastante la atención" justamente porque simula lo que hacen los seres humanos. Un brazo robótico en una fábrica no emociona a nadie; una máquina que corre los 100 metros, sí.
Cómo derrama el conocimiento de la competencia
Para Grando, lo importante no queda en el podio sino en el código que se escribe para llegar ahí. Los equipos programan una solución para un problema puntual, pero al hacerlo "va a generar nuevas aplicaciones que pueden ser utilizadas en otras áreas del conocimiento humano".
Puso un ejemplo concreto. Alguien desarrolla un algoritmo —una serie de instrucciones que le dice al robot cómo resolver algo— para agarrar un objeto más rápido y con menos errores. Terminada la competencia, puede publicarlo o liberarlo en código abierto.
Código abierto, u open source, significa que el programa queda disponible para que cualquiera lo use, lo copie y lo mejore. Según Grando, así ese avance puede llegar a la industria y servir para optimizar, por ejemplo, la fabricación de equipamientos.
Cuánto falta para que un humanoide llegue a una casa
Grando recordó una previsión que circuló en el sector: 1.000 millones de robots humanoides hacia 2030, casi uno cada ocho personas en el mundo. "Yo soy un poco crítico en relación a eso, no sé si llegamos a eso", dijo.
Lo que sí dio por descontado es la entrada gradual en los próximos años: robots humanoides en comercios y, posiblemente, en industrias. "Quizás acá en Uruguay, en América del Sur no tan rápidamente, pero seguramente en países más avanzados eso va a ocurrir. En China seguramente ya existe", agregó.
El freno hoy es el precio. Los modelos con capacidades avanzadas de manipulación e interacción con personas están arriba de los US$ 10.000, según Grando: "No va a encontrar robots más baratos que eso. Para una persona normal, comprar estos robots no es algo tan viable aún".
Su proyección es que el costo baje a medida que se fabriquen más unidades y se sumen soluciones de software, algo que ya pasó con otros productos tecnológicos. "Va a haber bastantes robots humanoides, eso sí seguro", afirmó, aunque evitó poner un número.
Qué hace Uruguay: Urubots, RoboCup y FIRA
UTEC trabaja con competencias de robótica desde 2022 y ya participó en mundiales de alto nivel, incluso con robots humanoides. Grando es uno de los docentes fundadores de Urubots, el equipo de robótica de la institución.
En el mundial de Pekín no compitieron. Sí lo hicieron este año en RoboCup, en Corea del Sur, y en FIRA, en Canadá, dos competencias con varias categorías, entre ellas la de robótica humanoide.
El argumento de Grando para sostener esa participación es formativo. "Yo como docente hago mucho esfuerzo para que los estudiantes participen", dijo, porque en esos mundiales conocen robots de altísimo nivel, se cruzan con la gente que los desarrolla y ponen en práctica lo que aprendieron en la carrera.