El dato que importa no es el promedio: la advertencia de Baethgen sobre el clima uruguayo

La lluvia de verano en el departamento de Treinta y Tres aumentó 80% su promedio en los últimos 90 años. Pero para un experto uruguayo ese no es el número que hay que mirar. "Se hizo más variable, y al hacerse más variable hay más eventos extremos, y eso es lo que importa", dijo.

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El experto en cuestión es el ingeniero uruguayo Walter Baethgen, profesor emérito de la Universidad de Columbia, donde trabaja desde 2004, y fue autor de tres informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), además de integrar el grupo del panel que recibió el Nobel de la Paz en 2007. Entre 2020 y 2025 fue vicepresidente de la junta directiva del INIA.

El ingeniero, que expuso en un coloquio de la Academia Nacional de Medicina sobre cambio climático y salud, dividió el análisis de Treinta y Tres en dos mitades de 45 años. "En la segunda mitad hubo nueve casos en los cuales la lluvia estuvo más del doble de lo esperado. En la primera mitad, solo dos", detalló.

La conclusión, sin embargo, no es que el clima se volvió más húmedo. En esa primera mitad hubo la misma cantidad de años con lluvias tres veces menores a lo esperado. Lo que se modificó, en concreto, es el rango entre un extremo y el otro.

"No importa si la temperatura está subiendo 0,5 grados cada 70 años", planteó. "Importa mucho más si hay más frecuentes y más intensos eventos extremos, tipo inundaciones, grandes tormentas, sequías, olas de calor".

Según mostró, ya hay zonas del mundo con evidencia estadística de aumento de eventos extremos. Entre ellas, "toda nuestra zona", además de una región amplia de África y del sudeste asiático.

El costo en salud y por qué las proyecciones a 2100 no sirven

Baethgen trabajó 20 años en un instituto que conectaba clima con salud pública, producción agropecuaria y manejo de agua. Desde ahí enumeró las amenazas concretas: calor extremo, enfermedades transmitidas por vectores que "entran a zonas donde antes la enfermedad no era endémica", seguridad alimentaria y calidad del agua.

A eso sumó la calidad del aire. "Hay mayores frecuencias de incendios de montes y eso agrava enfermedades respiratorias tipo EPOC y el asma", dijo, con los casos recientes de España y Canadá. Y advirtió sobre los desplazamientos de población y el colapso de los sistemas de salud a escala local tras un desastre.

Sobre las olas de calor citó un trabajo reciente que midió cómo cambió el riesgo de mortalidad. "En el 2000, esto pasaba una vez cada 100 años. Ya 20 años más tarde, eso mismo pasó una vez cada 15 años", dijo. Y si la temperatura subiera dos grados, "eso que antes pasaba cada 100 años pasaría a pasar cada 3 años".

"Manejar riesgos en vez de manejar crisis"

Su propuesta es invertir el orden: "empezar por mejorar la adaptación al clima de hoy". Es decir, manejar riesgos en vez de manejar crisis, con información histórica, monitoreo, pronósticos estacionales, diversificación, intervenciones y transferencia de los riesgos que no se pueden controlar.

Describió un protocolo que sintetizó como "pronto, listo, ya": si es año de El Niño, con mayor probabilidad de lluvia en primavera, identificar las zonas de Uruguay más vulnerables a inundaciones y empezar a movilizar recursos. Cuando el pronóstico anticipa una gran tormenta a cinco o seis días, tener todo dispuesto.

"En estos casos de desastres la velocidad de respuesta es fundamental", planteó. Para eso la información tiene que cumplir dos condiciones: "no solo que sea interesante, que sea accionable", y que llegue a tiempo.

También trasladó dos preguntas a los médicos. En el agro, el riesgo se diversifica con distintos cultivos y épocas de siembra, y lo que no se puede controlar se transfiere con seguros. "¿Qué es lo equivalente en medicina?", consultó.

Detrás hay un problema más general: la brecha entre lo que produce la ciencia y lo que llega a las políticas públicas. La especialización creciente, dijo, genera "islas de conocimiento en un mar de ignorancia", porque falta integrar esa información de una manera que efectivamente informe decisiones.

Las causas: dónde mirar y dónde no

Baethgen pidió no perder de vista el origen. Con datos de 2023, desglosó las emisiones globales de gases de efecto invernadero: energía 77%, agropecuario 12%, procesos industriales 5%, residuos 4% y cambios en el uso de la tierra 1%.

"Más de las tres cuartas partes de los gases de efecto invernadero vienen de la quema de combustibles fósiles", insistió, y recordó que "el 80% de la matriz energética del mundo" sigue dependiendo de ellos.

Para dimensionar el resto puso un ejemplo. Las pérdidas fugitivas de metano en la industria fósil —ventilación de minas, apertura de pozos, fugas en cañerías— equivalen al 6,8% de las emisiones mundiales. "Y toda la ganadería del mundo emite menos que eso".

A eso se suma la inercia: una tonelada de dióxido de carbono emitida hoy permanece unos 1.000 años en la atmósfera. Aunque se frenaran todas las emisiones, el clima seguiría cambiando.

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